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La realidad de muchas familias

¿Es real que el amor todo lo puede? Por amor al otro, perdonamos, nos sacrificamos, nos entregamos, nos volvemos humildes, sencillos y hasta lo entregamos todo.

Convivir con tantas personas y tan diferentes en la familia, no es fácil; es aquí precisamente donde se dan más dificultades, sinsabores desacuerdos y hasta rivalidades, el llevar la sangre del ser querido no garantiza una convivencia sana, amorosa y tranquila.

La armonía, no es tarea fácil, solo se logra a través del amor, la paciencia, el respeto, la comprensión, viendo en el otro los ojos de Dios.

Hay que tener en cuenta que una buena convivencia familiar es necesaria e indispensable para el buen desarrollo psicológico y emocional de todos los miembros que la conforman, como también una buena convivencia familiar positiva está llena de tranquilidad, aprendizajes y éxitos que se obtienen junto a las personas más importantes en nuestras vidas: la familia.

Son muchas las consultas que atiendo donde se presentan casos de intolerancia entre los miembros de la familia, rivalidades duras entre hermanos, padres e hijos, esposos y otros miembros de la familia como abuelos, suegras/os cuñados, etc, que se presentan por falta de aceptación, envidias, celos causados por profesiones, dinero, estudios, amores, belleza; sin que ninguno ceda, pensando siempre en primera persona.

Renunciar por amor al otro ante ciertas situaciones, en muchas ocasiones vale la pena, especialmente por buscar la paz y la tranquilidad de la familia.

Los noticieros diariamente nos inundan de noticias crueles y dolorosas de tragedias que se presentan en las familias por diversas situaciones, tanto por motivo material como de índole afectiva y amorosa. Las familias debemos ser un referente de paz y amor ante la sociedad, familias que brillen y  dejen huella.

Los padres de familia tenemos el deber y la responsabilidad  en primera instancia de ser ejemplo y formar desde pequeños a los hijos a que se respete, se acepten tal cual como son, con sus diferencias, que se amen incondicionalmente como la fuerza más poderosa del universo, que se defiendan y estrechen lazos de amor para que cuando lleguen a la edad adulta, se busquen, se acojan y continúen con esta fraternidad.

¿Y cómo podemos lograrlo?

Definitivamente tenemos que volvernos expertos en aprender amar y perdonar, en la medida en que esto se logre, toda persona y toda relación será diferente y mejor.

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