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Nos acorraló la delincuencia, y la respuesta institucional: ¡Bien, gracias!

Editorial EL OLFATO

La pandemia del COVID-19 dispararía la delincuencia. Era un escenario previsible y parece que a las instituciones locales (Alcaldía de Ibagué, Gobernación del Tolima, Policía, Ejército, Fiscalía y Rama Judicial) las tomó por sorpresa. 

Los asaltantes salen en las noches con la tranquilidad suficiente para hurtar a sus anchas. Saben que la presencia policial es insuficiente, que las autoridades civiles están más interesadas en grabar videos y tomarse selfis para las redes sociales, y que los jueces son tan garantistas que prefieren dejarlos en libertad o con detención domiciliaria. Tienen el escenario perfecto. 

Por eso atracan La Crepería –en plena carrera Quinta con calle 35–, los restaurantes de Prados del Norte y La Pola. Es una ciudad sin doliente y la ciudadanía está desprotegida. (Ver: Testigos narraron los momentos de pánico que vivieron durante el asalto a La Crepería, en el barrio Cádiz)

Tan oscuro es el panorama en Ibagué que dos jóvenes, de apenas 16 y 20 años, se atrevieron a asesinar dos policías en el sector de El Salado. Es un mensaje claro: la institucionalidad perdió terreno y los delincuentes lo saben. (Ver: Dos jóvenes, de 16 y 20 años, serían los autores del asesinato de dos policías en Ibagué)

Varios ciudadanos, atemorizados por la situación, han advertido que no volverán a frecuentar los restaurantes ante el temor de encontrarse con un asalto armado. Y esa reacción ya se siente en el sector gastronómico local. Propietarios de establecimientos consultados por EL OLFATO sostienen que los pocos clientes que asistieron esta semana lo hicieron temprano. A las 9:00 de la noche los locales ya estaban vacíos

No es un asunto de percepción. La delincuencia nos tiene acorralados. 

Y si eso pasa en el casco urbano, en las zonas rurales la situación no es distinta. Las fincas de recreo también son blanco de los asaltantes y el robo de ganado tiene angustiados a los empresarios del campo. 

Por esa razón, se equivocan el alcalde Andrés Hurtado y su secretario de Gobierno, Óscar Berbeo, creyendo que con videos y selfis se espanta a los bandidos.

Aquí se necesita una reunión de alto nivel, a la que sean convocados los representantes de todas las instituciones, quienes deben responder con contundencia, agilidad y efectividad. Ibagué no puede doblegarse ante la delincuencia

Si es necesario, hay que mantener la militarización de manera permanente, por lo menos durante estos dos meses en las zonas más vulnerables: La Pola, La Macarena, Cádiz, Prados del Norte y El Salado. Y la Policía debe aumentar el pie de fuerza. O al menos responder los llamados que hacen los ciudadanos a través de los teléfonos de los cuadrantes. Porque ni eso. 

El gobernador Ricardo Orozco también debe intervenir, pues la seguridad fue una de sus promesas de campaña no solo para el Tolima sino para Ibagué. Él conoce bien del asunto y no puede quedarse viendo la crisis desde el piso 10 de la Gobernación del Tolima. Hay que aumentar el número de cámaras de seguridad, fortalecer la policía judicial y mejorar la inteligencia.

Y los jueces, entiendan que el problema también es con ustedes, con sus familias, con sus esposas, con sus hijos. Ustedes viven aquí, mercan aquí y cenan en los restaurantes de aquí, que no se les olvide

Los ciudadanos esperamos que estén a la altura de sus cargos, que hagan sus reuniones y definan planes de acción serios y articulados. No es cuestión de protagonismos, ruedas de prensa estériles, videos o selfis. Reclamamos más seguridad, menos pantalla.   

 

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