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Cuando los ecocidios son graves

“El neologismo ecocidio, según la definición de Wikipedia, hace referencia a cualquier daño masivo o destrucción ambiental de un territorio determinado de tal magnitud que ponga en peligro la supervivencia de los habitantes de dicho territorio (…) El ecocidio puede ser también el resultado de contaminación masiva tal como el vertido de desechos de industrias o contaminación por pesticidas que destruyan extensivamente la fauna y flora local.”
 
Los medios de comunicación y los políticos han usado la expresión ecocidio para referirse a los derrames de crudo provocados por las Farc en distintos puntos de la geografía nacional, que están generando graves daños ambientales, y que dejaron sin agua potable a importantes porciones de la población.
 
También han hablado de <<seguridad alimentaria>> para significar que, derivado de estos ataques, la supervivencia de los pobladores rurales que dependen directamente de estos ecosistemas, se encuentra en peligro.
 
Esta columna también habría podido intitularse, <<cuando la seguridad alimentaria importa>> o, de otra manera: <<cuando los ecocidios y la seguridad alimentaria existen para el gobierno y los medios de comunicación>>, etc., porque es claro que, desde el punto de vista oficial - en el que están inscritos tanto los grandes medios, como el gobierno y los gremios - hay ecocidios que importan, y hay ciertos contextos en los que la seguridad alimentaria se vuelve un problema de primer orden, sobre todo si uno y otra se pueden usar para hacer política.
 
Me explico: la muerte de más de 6000 chigüiros en Paz de Ariporo, Casanare, por la sequía que afecta tanto a animales y pobladores debido a la actividad de Pacific Rubiales, o la muerte de los niños de La Guajira por escasez de agua y las afecciones pulmonares de los pobladores del Cesar provocadas por la explotación carbonífera.
 
También, la contaminación de la bahía de Santa Marta por absoluta responsabilidad de la Drumond, o la tala sistemática de miles de hectáreas de bosques nativos en el departamento del Chocó para sembrar caña de azúcar, o las extrañas enfermedades de los pobladores que viven en cercanías a “Cerro matoso” en Córdoba.
 
Sin olvidar, el desplazamiento a que han sido forzados los campesinos y pescadores por parte de Egemsa y su megaproyecto de “El Quimbo” en el Huila, ¿Acaso no son ecocidios y no atentan contra le seguridad alimentaria? Todavía no conozco una campaña nacional de repudio por parte de la gran prensa en contra de ninguno, ¿Por qué?
 
Tan perversa como la táctica de guerra de las Farc y sus efectos, es la táctica política y discursiva del gobierno y su acumulado:
 
Al orquestar toda una estrategia mediática de odio contra esa guerrilla, por sus “atentados contra el medio ambiente”, por una parte, aleja la posibilidad de un cese bilateral de fuegos, que es lo único que podría detener el desastre de esta guerra; y por otra, oculta el trato que el gobierno mismo que le da a los temas ambientales.
 
El biólogo de la Universidad Nacional y autor de diferentes artículos científicos sobre la relación entre conflicto armado y medio ambiente, Germán Márquez (citado por El Espectador), cree que el Gobierno “muestra su rabo de paja” con estas posturas, porque “insiste en el tema de cuidar el medio ambiente, pero sus mayores esfuerzos están volcados a procesos extractivistas de petróleo y carbón, por lo que les hace falta coherencia entre lo que se quiere lo que se hace al seguir pensando que desarrollo es sinónimo de extractivismo”.
 
La senda del desarrollo y el progreso no es menos violenta y salvaje que la vía político-militar que ha escogido la guerrilla para presionar al gobierno en la mesa. Si por sus movidas políticas Juan Manuel Santos no es capaz de llegar a acuerdos en La Habana, la ciudadanía debería obligarlo. No por otra cosa votamos por él.
 
Por último, el problema de la responsabilidad de los grandes medios de comunicación en el conflicto político militar colombiano, tiene que ser abordado con mucha seriedad. Cada vez es más evidente que su función ha sido la defensa de una causa política.

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