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Puebla, el restaurante mexicano de Ibagué

Ibagué
Autor: ElOlfato
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ElOlfato

De nuestras abuelas aprendimos que la comida es la puerta al alma. Es la mejor manera de demostrarle a quienes queremos todo nuestro amor. Esto es precisamente lo que busca María Mercedes Charry con Puebla, su restaurante mexicano.

Este rinconcito de México en Ibagué es joven, nació el 15 de febrero de 2018, pero trae consigo toda una historia y experiencia. Las quesadillas, los tacos, las enchiladas, las sopas y demás preparaciones son tan fieles a esa receta original de la abuela que, quienes pasan por allí y han tenido la experiencia de estar en México, no pueden evitar recordar este país.

Todo empezó cuando María, como le gusta que la llamen, era muy niña y descubrió su pasión por la cocina. Heredó de su madre y su abuela la buena sazón y fue contra viento y marea para prepararse cada vez más y gozar del reconocimiento que tiene hoy.

Los primeros pasos fueron difíciles, pues, por recomendación de su familia, estudió Administración de Empresas en la Universidad de Cundinamarca. Pero, en cuanto pudo, inició sus estudios de Cocina en el Sena, se fue a estudiar a Bogotá y allí se especializó en Pastelería e incursionó en el barismo y la cata de vinos.

Poco a poco, y de manera empírica, fue dándose a conocer y en esas vueltas de la vida se encontró con Santiago, un decorador de interiores con quien hizo una excelente amistad y quien era amante de la cultura centroamericana. Fue él quien la llevó por un camino de curiosidad que culminó en un gran amor por México.

A partir de ese momento, empezó a estudiar la cultura mexicana, a leer sobre su cocina, sus ingredientes y así, poco a poco, fue enamorándose cada vez más. Conoció varias líneas, como la Tex-mex, pero se decidió por los sabores ancestrales. Todo por respeto a esa sabiduría a la que le rinde un homenaje con cada preparación.

Los tacos, su primera preparación mexicana

La primera vez que cocinó un plato mexicano se decidió por los tacos. Un plato que considera sencillo pero que tiene su misterio.

“Preparé unos tacos que son un plato más bien sencillo, depende de unas buenas tortillas, que son infaltables en la cocina mexicana. Los hice respetando mucho la cultura, me gusta mucho la cocina ancestral, respetar sus procesos y, por eso, a partir de esa ocasión, utilizo siempre como base materias primas de excelente calidad”, cuenta María.

Añade que ese día supo que, para posicionar su comida y luego su restaurante mexicano, debía ofrecer los mejores insumos. Por eso, los cuatro tipos de chile que utiliza en Puebla son importados directamente desde allá, al igual que la materia prima para preparar las tortillas.

“Si tú quieres ofrecer una buena comida, las materias primas son fundamentales, nosotros importamos los chiles de México. Yo aquí en Puebla manejo cuatro tipos de chiles. Además, la salsa roja y verde que son tan emblemáticas y las tortillas de maíz que se hacen aquí”, agrega.

De hecho, la persona que le provee en algunas ocasiones las tortillas es un mexicano ‘mero mero’ que vino a Ibagué a hacer su propio negocio sin abandonar sus raíces.

¿Se ha preguntado usted por qué las tortillas mexicanas que hacen en casa no quedan tan ricas? No lo va a poder creer. María revela que, aunque son consideradas una preparación sencilla, esto no es del todo cierto.

“Prepararlas lleva su tiempo. Requieren de un buen maíz amarillo que se prepara a través de un proceso especial que incluye ceniza, además del comal, que es donde se cocinan, lo que también es muy importante, son elementos infaltables”, precisa la chef.

Su vocación es servir, no solo comida, sino amor

Además de su pasión por la cocina, María descubrió a muy temprana edad que su vocación de servir era inmensa. Siempre quería ayudar y nunca desdibujaba de su rostro esa particular sonrisa que la caracteriza.

Un par de años después descubrió la manera perfecta de mezclar esa vocación y esa pasión. “Lo que más me llena a mí es ver a una familia o un grupo de amigos reunidos en una mesa que yo pueda servir, porque eso hace parte de mí, es algo que me sale del corazón, así suene romántico”, indica María.

Añade además que no hay nada que le llene más el alma que esa frase del cliente: “Uy, qué rico le quedó todo, muchas gracias”. “Ese es el cheque más grande, me alimenta mucho y de ahí viene mi inspiración”, expresa.

Inspiraciones que abren la puerta a nuevas creaciones

En medio de una inspiración, a María se le ocurrió preparar un rizoto mexicano. Aprovechó que una de sus clientas le pidió hacer algo novedoso para una cena con amigos y puso a prueba este novedoso plato. “Mi clienta me dijo que no se imaginaba este plato, pero le dije que confiara en mí y ella aceptó. Gracias a Dios me quedó muy bien, funcionó y ahora es una preparación que me piden mucho”, señala.

Aunque esta no fue la primera vez que preparó el rizoto mexicano. Su prueba de fuego fue con su familia. Pues su esposo Javier y sus hijos Sara, Daniela y Martín son sus principales críticos y jueces.

“Fue una inspiración muy bonita. Mis hijas son mis mayores críticas, sobre todo Sara, quien me da palo y por eso confío mucho en ella. Un día le dije vamos a hacer un rizoto mexicano y lo vamos a hacer en Puebla, nosotros solos en familia y así lo hicimos. Tuvo la aprobación unánime de todos, algunas recomendaciones, y así nació”.

La familia Puebla

Hablando de familia, ese es precisamente uno de los toques mágicos de Puebla, ese calor humano, de hogar, que ofrecen María y su esposo Javier, así como sus tres hijos, quienes cuando pueden van a trabajar en su negocio. A quien se suma Alejandra, una exalumna de María, quien la acompaña en esta aventura.

María recuerda que Puebla llegó a sus vidas en un momento de crisis, de esos que tienen todas las familias. Crisis laborales que nunca faltan, pero precisa que ese fue el empuje que le hacía falta a su familia. Por eso, no dudó en proponerle a su esposo darle rienda suelta a este negocio que desde hace mucho rondaba en su cabeza. Ambos tomaron la decisión de no dejarse derrumbar y hoy agradecen ese difícil momento.

De esta familia, Javier, un hombre de aproximadamente 50 años, con canas en su cabeza y una sonrisa permanente en su rostro, sobresale en este rinconcito mexicano. Su esposa reconoce que él no tiene la mínima idea de cocinar – es odontólogo –, pero ese amor y esa entrega hacen que ese pequeñito detalle pase desapercibido.

Lo que sí es imposible pasar por alto es ese calor de hogar que él y su esposa le imprimen a este restaurante que, más que eso, es un lugar en donde la alcahuetería está incluida en el servicio. “¿Más picante o suavecito?, ¿más guacamole?, ¿pico de gallo o quesito? ¿Así está bien la limonada?”, así consienten a los clientes en Puebla.

Venga y déjese seducir

La invitación de María es a acercarse y dejarse sorprender por una linda experiencia, por un plato hecho con amor y también a que disfruten de un pedacito de México en Ibagué. Así le ha pasado prácticamente al 100 % de las personas que visitan el restaurante. Quien va una vez, hace un compromiso tácito de regresar varias veces al mes. Su paladar los obliga a volver.

También, están aquellos que como no son de aquí se quedan con la melancolía de no poder seguir probando tan deliciosos platos. Aunque ellos también han hecho la promesa de regresar. Es el caso de un señor que vino para el Día de la Madre, desde Bogotá, a visitar a su mamá y a sus hermanas. Pasó por Puebla y quiso parar a tomarse un jugo, vio los pasteles que también se ofrecen allí y, entre una mirada y otra, decidió pedir unas chalupas. Las probó, analizó y guardó en su corazón. Le dijo a María que lamentaba haber hecho una reservación en otro restaurante para festejar ese día. “¡Yo no pensé que usted cocinara tan rico!”, le comentó.

A María le dio risa y le dijo que tranquilo, que cuando quisiera regresar ahí iba a estar. Pero ella no pensó que el encuentro fuera tan pronto, muy a las 9:00 de la noche regresó con toda su familia y juntos disfrutaron de una hermosa velada. “Fue muy bonito para mí que él regresara y trajera a su familia”, dice con emoción.

Otra visita que recuerda mucho es la de una pareja que venía de viaje desde Puebla, México. Entraron atraídos por ver en Ibagué, Colombia, un aviso iluminado con lucecitas que decía “Puebla”. Experiencia que culminó en un lindo mensaje: “Como cuando uno se encuentra un rinconcito de casa en otras partes del mundo, y tiene además la oportunidad de compartirlo con otras personas”, publicó en sus redes Dann Montiel.

Puebla está ubicado en la carrera Segunda #7-90, enseguida de La Gogo.