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‘Por amor a ti’: la fundación que alimenta a más de 200 niños de Ibagué

También brindan ayuda a adultos mayores y a cerca de 120 familias ibaguereñas.
Historias
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
Foto: Suministrada

Para ser solidarios no hace falta tener millones, porque hasta las más grandes edificaciones se construyen a partir de un granito de arena.

Esa es la misión de Rosalba y Reinerio Horta, madre e hijo que dedican su vida a ayudar a la comunidad a través de la ‘Fundación por amor a ti’, la cual, con bases sólidas en el sentimiento que indica su nombre, ha ayudado a cientos de niños, jóvenes y adultos mayores.

Historia

Todo comenzó en el 2003, es decir hace 17 años, cuando Reinerio Horta volvió a Ibagué luego de trabajar durante un tiempo con los niños indígenas que habitaban las calles de Ecuador.

“Llegué un diciembre a pasar Navidad aquí en Ibagué, y supe de varias necesidades que había alrededor de mi casa en ese momento, y de ahí surgió la idea de iniciar esa labor social”, contó.

Con las ganas y el sentimiento que tenía por ayudar en la comunidad, le propuso a su madre, Rosalba Horta, iniciar esta misión, y “ella aceptó y comenzamos a trabajar”.

En un principio entregaron desayunos a algunos niños del barrio, y “nosotros estábamos en una casa con patio y mi mamá organizaba una hornilla en leña y barro, porque ella es del campo, y ahí se empezó a cocinar”.

Una vez iniciaron, convocaron a amigos para que apoyaran en las donaciones. Como la unión hace la fuerza, “varias personas se anexaron a la causa en ese momento. Hubo gente que nos donó unas mesas, sillas, una estufa, y más cosas”.

Así pues, después de un año de afianzar su labor, comenzaron a recibir comentarios por parte de allegados para que se consolidaran como fundación, y, a partir de allí, empezaron su proceso de organización de la ‘Fundación por amor a ti’.

Desde entonces y hasta ahora, le han brindado atención a niños, jóvenes y adultos mayores, en cuanto a acompañamiento psicosocial y psicopedagógico, comedor infantil, charlas de promoción, prevención y sensibilización, entre otros tres servicios más.

“Nuestro proyecto se mantiene por aportes, donaciones y por apadrinamientos. Nosotros tenemos muchos niños que tienen cobertura de padrinos, más o menos un 80% de los 205 niños que manejamos”, puntualizó.

Cada padrino aporta $30.000 mensuales y eso le da derecho al niño a ser beneficiario de los servicios de la Fundación en cualquiera de sus dos sedes: una en el barrio Yuldaima y otra en el barrio Santofimio.

Asimismo, les brindan apoyo a 120 familias, a las cuales ayudan en la compra de mercados y regalos para los niños por Navidad.

“También recibimos donaciones de personas que tengan en sus casas elementos que ya no usen como: ropa, electrodomésticos y otras cosas. Nosotros lo tomamos y le damos un nuevo uso arreglándolos y vendiéndolos a precios muy bajos en una venta de garaje; y esto nos genera un recurso para la fundación”, expresó.

Uno de los propósitos de esta organización sin ánimo de lucro es dar acceso a la educación a los niños y jóvenes que hacen parte de esta, ya que consideran que esta es el eje del desarrollo, “y más para las poblaciones vulnerables donde la facilidad de acceso a la educación se complica”.

Por otra parte, la Fundación cuenta con 12 voluntarios, quienes también reciben apoyo para llevar a cabo sus emprendimientos.

Por ejemplo, mi mamá. Ella trabaja de lunes a viernes cocinando para 105 niños, y cuando termina la labor inicia el proceso de la fabricación de sus achiras, almojábanas, pandeyuca, y otras cosas de la gastronomía huilense, porque ella es de allá: Reinerio Horta.  

Todo este proceso de solidaridad los ha llevado a tener gran reconocimiento en la comunidad, para lo cual el director considera que la transparencia y la honestidad les ha aportado el valor en esta “maravillosa experiencia de poder trabajar con y por la comunidad”.

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