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Los inconformes

“….Nuestro reto es entregar, en cuatro años, la mejor ciudad de Colombia. Por lo tanto, no es el tiempo de las excusas. Es el tiempo de las promesas cumplidas”. Estas son las palabras finales del discurso de posesión Luis H. Rodríguez como Alcalde de Ibagué, 31 diciembre de 2011.
 
El trasegar de Luis H. Rodriguez en la Alcaldía no resultó el camino de rosas que el mandatario idealizó. Se encontró que  para liderar  efectivamente los muchos frentes de la ciudad se necesitan especiales competencias, sobradas aptitudes e irrefutables actitudes, requisitos que no ha sabido exhibir el  mandatario para ser un Alcalde aceptado y reconocido por los gobernados y mucho menos destacado en el contexto nacional.
 
Una connotación especial de este mandato es la injerencia de los asesores en las decisiones más importantes para la capital tolimense. En muchas tormentas y turbulencias, éstos salen a ponerle el pecho a la brisa. Como quien dice, son los primeros en conocer y reconocer las carencias estratégicas, gerenciales y políticas de su jefe.
 
Sin embargo, la Administración local, permanentemente entrega balances e  informes de gestión que según ésta, demostrarían  que el Plan trazado para gobernar la ciudad, se está cumpliendo cabalmente y por eso se buscan en las estrategias de comunicación y en los graduados  de  “enemigos” los pésimos  resultados en las mediciones de percepción a nivel local y las encuestas de Alcaldes a nivel nacional.
 
Pero el alcalde ha olvidado una franja de ibaguereños muy importante, los inconformes. Esos que transitan diariamente por la ciudad y padecen el deterioro de  la malla vial, en muchos de los sectores donde aún no se recupera.  Los inconformes con el  permanente corte   del  suministro de agua.  Los inconformes que no soportan que la empresa de aseo de la ciudad no cumpla cabalmente con la recolección de las basuras.
 
Los inconformes que padecen la proliferación de  motos y carros que inundan sus pocas vías con que cuenta Ibagué,  generando  total caos vial, sin que en el futuro cercano se vislumbre solución definitiva.
 
Los inconformes con los posibles contratos de foto multas,  el nuevo contrato con Presea, los altísimos costos de los diseños de escenarios Juegos Nacionales, valores adicionales a estudios y diseños acueducto alterno.
 
Esos inconformes que hubieran preferido que no se hicieran los juegos nacionales en Ibagué y la gestión de recursos ante el alto gobierno tuvieran destinación para solucionar los  temas prioritarios de la capital tolimense.
 
Si el alcalde reflexiona e interioriza de otra manera los resultados de las encuestas, se dará cuenta que debe modificar sus estrategias de comunicación y de gestión, para  dirigir sus informes y balances hacía esa población que aún no recibe los beneficios de una administración que camina hacia la seguridad humana.
 
¿Qué tal si la gestión de Luís H. Rodríguez,  comienza  solucionando como Dios manda los principales problemas de la ciudad? Otra cosa estaríamos ahora registrando. Bien dicen que lo complejo se inicia con lo elemental. Todavía no sabemos si estos tres años de planeación que pregonó el Alcalde, vayan a mostrar un 2015 de ejecuciones.
 
Quedan solo 14 meses de trabajo para esta administración y por lo que se ve,  no clasificaremos  como ciudad motor de desarrollo en el contexto nacional. No  seremos la mejor ciudad del país. Seguiremos con  altos índices de desempleo. Ni mencionar los índices de inseguridad, en los que si clasificamos para las estrategias de choque a nivel nacional.
 
Como se avizoran las cosas no tendremos solucionado el suministro de agua potable, vital para la proyección y el crecimiento urbano, arquitectónico, cultural y empresarial de una ciudad intermedia.
 
Tampoco  se nos dio la secretaria del medio ambiente, Ibagué verde. No avanzamos  con sistema integral de transporte. Ni seguir con el rosario de promesas incumplidas.
Definitivamente no tendremos la ciudad soñada, porque para eso necesitamos 5 billones de pesos, conforme noticia del señor alcalde como regalo a la ciudad.
 
Aclaro. No soy enemiga del primer mandatario,  pero sí estoy en la franja de los miles de inconformes que tiene la ciudad, que  esperaban  una   mejor gestión en su  gobierno.

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