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La historia de los Juegos Nacionales de 2015 no se puede repetir

Editorial EL OLFATO

El desfalco de los Juegos Deportivos Nacionales del 2015 ha sido una herida difícil de sanar. La ciudad completó cinco años sin escenarios y las autoridades no han judicializado a todos los responsables de esa millonaria defraudación

Las capturas y las condenas se quedaron en algunos mandos medios. La única cabeza visible del proceso es la del exalcalde Luis H. Rodríguez, pero, lo es, no por su capacidad delictiva o intelectual, sino por el cargo que ostentaba. 

Para nadie es un secreto que Luis H. fue el idiota útil de muchos jefes políticos. Ellos lo apoyaron, lo utilizaron, sacaron provecho de su nefasto gobierno y después lo abandonaron. 

Rodríguez completará -el mes entrante- tres años en la cárcel y aún no se sabe cuántos más pagará de prisión.

Mientras tanto, sus antiguos aliados, los que comieron parte del pastel, siguen disfrutando del poder electoral y burocrático.

Ahora, la ciudad recibe de nuevo más de $120 mil millones para terminar esas obras que tanta vergüenza han generado.

Hace cinco años fueron pocos los que advirtieron el desastre, entre ellos EL OLFATO. Se hicieron las denuncias, se advirtió que eran contratos ‘chaleco’, se dieron a conocer los movimientos sospechosos de los contratistas, pero los órganos de control llegaron tarde, cuando el robo ya estaba consumado 

Entonces hay que actuar diferente. La vigilancia de esos procesos de contratación no debe ser una tarea exclusiva de los medios de comunicación o de los opositores políticos de las administraciones de turno. No podemos seguir divididos ni indiferentes.

Las universidades de la región, los abogados, los financieros, los ingenieros, los arquitectos y todos los profesionales que quieran aportar deberían unirse en una veeduría ciudadana independiente, crítica, respetuosa y propositiva para que los dineros no se vuelvan a perder.

Necesitamos una sociedad activa y participativa. Basta de reacciones de indignación en las redes sociales. Hay que leer, debatir y construir desde el conocimiento, para que los políticos entiendan que la Ibagué dormida del gobierno de Luis H. Rodríguez despertó. 

La inferencia ciudadana ha sido nuestra principal debilidad y eso tiene que cambiar. 

Estas licitaciones que anunció esta semana el alcalde Andrés Hurtado tienen que tener todos los ojos encima, hay que revisar las hojas de vida de los proponentes y alertar todo lo que no huela bien.

Hurtado y sus funcionarios -muchos de ellos, antiguos aliados y exfuncionarios de Luis H.- deben saber que si se les hace alguna crítica no es por intereses políticos o enemistades personales, como argumentaron hace cinco años.

Luis H. Rodríguez y Guillermo Alfonso Jaramillo usaron siempre el discurso de las víctimas, dijeron que se sentían perseguidos -por EL OLFATO- y desatendieron las advertencias que se hicieron. Los enemigos no son los medios críticos.

Por eso, alcalde Hurtado: cuidado con lo que hace, con la gente que le habla al oído, con los amigos del poder y con lo que firma. Que su sueño de ser alcalde no termine en una pesadilla. Por el bien de la ciudad, por el bien suyo y, sobre todo, el de su familia. 

 

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