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Madre denuncia que su hija fue violada por un compañero del colegio San Bonifacio

Este es el desgarrador relato que la mujer publicó en el sitio web Volcánicas.
Justicia
Autor: Redacción Ibagué
Autor:
Redacción Ibagué
Madre denuncia que su hija fue violada por un compañero del colegio San Bonifacio
Foto: EL OLFATO

“Tengo una hija de 16 que, hasta hace unos años, cuando tenía 10, exploraba su creatividad, grabando videos tutoriales de maquillaje para Instagram y YouTube. Pero esa niña desapareció, la aniquilaron el 31 de agosto de 2021”.

Así comenzó el relato de María, una madre que denunció que su hija fue víctima de abuso sexual y que su vida fue destruida por parte de un estudiante del colegio San Bonifacio de las Lanzas.

“Ese día, a sus 13 años de edad, fue víctima de violencia sexual por parte de Carlos Andrés González Valderrama, hoy mayor de edad, hijo del reconocido cirujano maxilofacial Carlos Hernando González y la odontóloga Ana Irma Valderrama”, agregó.

Su testimonio fue publicado en el medio de comunicación Volcánicas y allí reveló que el presunto abusador era dos años mayor que su hija, que ambos asistían al mismo colegio y que él la habría llevado hasta su casa para cometer la violación. (Ver: Denuncia de www.volcanicas.com)

“El 31 de agosto, ella me llamó a la salida de clases, a las 3:00 de la tarde, y me pidió permiso para ir a comer helado con Carlos a una plazoleta del barrio. Yo no le vi nada de malo y le di permiso de ir. Antes de las 4:00 me llamó de nuevo y me dijo que Carlos estaba castigado y que debía regresar a su casa, que si podía ir con él y un grupo de amigos y que estaría de vuelta antes de las 6:00. Yo, de nuevo, le di permiso; llevábamos tanto tiempo encerrados (por la pandemia) que pensé que un poco de socialización le haría bastante bien. Hoy debo confesar que es la decisión de la que más me arrepiento de toda mi vida”, lamentó la madre.

Ella cuenta que a partir de esa noche su hija cambió para siempre. Lloraba, no quería regresar al colegio y se negaba a hablar. Supo además que dejó de verse con sus compañeros de colegio y que habían creado grupos de WhatsApp para humillarla.

“Lo único que logré saber en medio de una conversación fue que Carlos y sus amigos habían hecho un sticker de WhatsApp con la foto de ella en el que le decían ‘El Juguete’ y lo tenían circulando entre sus compañeros de colegio. Decían que ella era una ‘perra’, y tenían un grupo de WhatsApp nombrado con el apellido de mi hija en el que se dedicaban a burlarse de ella”, dijo.

En su relato aseguró que le pidió a su hija una y mil veces dejarla intervenir en el colegio para frenar el matoneo, pero ella le respondía que no lo hiciera porque todo empeoraría.

“Fue hasta el año pasado (2023) que mi hija empezó a tener episodios de ansiedad y a romper en llanto de la nada sin ser capaz de explicar lo que le pasaba. Por esa razón decidimos que iniciara terapia con una psicóloga clínica. Varias sesiones después, me llamó a su cuarto y quiso contarme lo que realmente había sucedido esa tarde del 31 de agosto de 2021”, relató.

Ahí aseguró que ese día en la que su hija fue a la casa de Carlos González, iban con otro estudiante más, llamado Santiago. Todos, según su relato, entraron al cuarto, pero Santiago salió al cabo de unos minutos con una excusa y los dejó solos a ambos.

“Ella recuerda que él empezó a darle besos y poco después la violó, a pesar de que ella le decía que no en repetidas ocasiones. Mi hija, como muchas otras víctimas, quedó paralizada. Él solo se detuvo cuando escuchó un ruido afuera y pensó que era su mamá que había llegado de trabajar”, sostuvo.

Y agregó: “en ese momento mi hija temblaba, estaba llena de sangre y él, de manera despectiva, le reclamó por haberle manchado las sábanas y la mandó al baño a limpiarse. Ella, sintiéndose avergonzada y sucia por lo que acababa de pasar y con sus piernas aun temblando, se paró al baño. Lo que pasó esa tarde le cambiaría la vida para siempre”.

La madre contó que Carlos se encargó de esparcir entre los estudiantes el rumor de la violación y que, a partir de ahí, comenzaron a mirar, señalar y burlarse de su hija. Además, enfrentó un ciclo de bullying y revictimización durante el cual crearon apodos y acabaron con su reputación.

“Algunos de sus amigos se acercaban a preguntarle si era cierto lo que Carlos González decía de ella, e incluso le repetían detalles como el de la sangre en la cama. Mi hija pasó por este infierno sola y eso es lo que más me duele”, dijo.

Asimismo, añadió que Carlos González no volvió a acercarse a su hija, salvo por una vez en la cual le pidió que por favor no le contara a nadie lo sucedido, que podrían meterlo en la cárcel por eso. Pero la historia no acaba ahí.

“Un día, en junio de 2023, mi hija volvió del colegio a almorzar y nos contó que Carlos, quien ya estaba en grado 11, estaba metido en un gran problema en el colegio porque al parecer había estado teniendo relaciones sexuales con una niña de grado octavo y durante esos encuentros, que supuestamente se daban a la hora del almuerzo en el colegio, él había tomado fotos y las estaba compartiendo con otras personas. Esa información llegó a oídos de los papás de la niña, quienes fueron a reportarlo al colegio y decían que lo iban a denunciar ante la Fiscalía”, señaló.

Fue ahí cuando la mamá dijo que no podían esperar más y tenían que denunciar de una vez por todas a esta persona que estaría lastimando a más mujeres.

“Desafortunadamente, los papás de la niña de las fotos no llegaron a la Fiscalía. Cuando intenté hablar con ellos me respondieron que la niña había estado autolesionándose y que no querían revictimizarla más. Además, les preocupaban las repercusiones que esto podría causar en su vida profesional y social. Oímos también de otros casos de niñas que habían sido novias de Carlos y, al parecer, habían experimentado violencia física y psicológica, pero tampoco quisieron involucrarse”.

La mamá aseguró que de todas formas se armó de valor y decidió denunciar los hechos ante la Fiscalía y el colegio San Bonifacio, que decidió expulsar a Carlos González. Sin embargo, lamentó que los únicos resultados hasta ahora hayan sido señalamientos hacia su hija, amenazas a testigos, una imparcialidad dolorosa de parte del colegio y más garantías para el joven.

“Empezaron a surgir toda clase de comentarios ofensivos en contra de mi hija. Decían que era mentira, que era una niña de dudosa reputación. Algunos amigos de mi hija a los que llamamos para testificar nos hablaron de amenazas que rondaban por ahí entre los adolescentes para quien se atreviera a hablar del tema y cuando llamamos a ‘amigos’ nuestros, que tenían sus hijos en el mismo colegio y sabían que podían ayudarnos con su testimonio, dijeron que no querían involucrarse en temas legales”, dijo.

Luego agregó: “A Carlos, que estaba en 11, lo recibieron sin ningún problema en el colegio Samanes, otra prestigiosa institución de la ciudad, en donde se dedicó a seguir dando su versión de los hechos, hablando de manera muy negativa de mi hija”.

La depresión fue cada vez más profunda, su hija sufría terrores nocturnos, no comía y tampoco salía de casa. Tanto fue así que tuvo que terminar el año escolar de manera remota y virtual. Además, han tenido que aumentar la dosis de los antidepresivos mientras que su peso ha bajado considerablemente, por lo que podría ser hospitalizada.

“Alguien a quien creía cercano, miembro del consejo directivo como representante de los padres de familia, me dijo que nunca me llamó a preguntar por mi hija porque como representante de los padres debía ser imparcial en el tema. En cambio, uno de los comentarios que más he oído por parte de las familias del colegio sobre el proceso penal es: qué pesar dañarle la vida al pobre muchacho”, lamentó.

También aclaró que el proceso ha sido lento y que se han sentido olvidadas por la institución que debería estar para protegerlas: la Fiscalía General de la Nación.

“Nos asusta porque la familia de Carlos tiene mucho dinero y sabemos que en Colombia este tipo de casos se entierran con plata con mucha facilidad. Hemos tenido que pagar abogados defensores para que el proceso no se hundiera sin siquiera empezar, investigadores que se encarguen de ayudarnos a recopilar todos los testimonios porque a cargo de la Fiscalía no avanzábamos y contratar una psicóloga forense que respalde la palabra de mi hija desde el ámbito psicológico. Todo esto ha costado millones”, indicó.

“Carlos hoy ya es mayor de edad (por eso menciono su nombre) y su vida va muy bien. Está muy próximo a entrar a la universidad y mantiene todas sus amistades y reputación intactas”, agregó.

La mujer concluyó diciendo que, en medio de tanta soledad, decidió acudir a lo único que le quedaba: su testimonio, la palabra puesta sobre el papel y en internet con la esperanza de que las mamás y las niñas que están atravesando episodios similares sepan que no están solas.

La redacción de EL OLFATO intentó comunicarse con el gerente del colegio San Bonifacio de las Lanzas, Andrés Mauricio Andrade, para conocer su versión de los hechos, pero no contestó las llamadas. Lo mismo hizo con la rectora de la institución, María Paula Valencia, pero tampoco fue posible contactarla.

El cirujano maxilofacial Carlos Hernando González, padre del joven señalado, también fue consultado, pero su secretaria aseguró que estaba atendiendo pacientes y que devolvería la llamada posteriormente.

No obstante, esta redacción supo que la familia González contrató abogados en Bogotá y analiza si emite un pronunciamiento oficial frente al caso que fue hecho público por la madre de la menor de edad.

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