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Es muy triste ver que un trabajador de la salud no vale nada para una empresa: auxiliar de enfermería de Ibagué

El hombre trabaja en la Unidad de Cuidados Intensivos de una reconocida clínica de la ciudad, la cual, presuntamente, nunca le brindó atención.
Salud
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
Foto: EL OLFATO

A pesar de que los trabajadores de la salud han dedicado su vida para salvar a los pacientes contagiados por COVID-19, muchos de ellos no sienten que se les dé la misma importancia cuando se convierten en los afectados. Ese es el caso de un auxiliar de enfermería que trabaja en una importante clínica de Ibagué.

Juan Pérez, como será llamado el protagonista de esta historia, trabaja en una Unidad de Cuidados Intensivos atendiendo pacientes con el virus, pero esta vez, él es uno de ellos.

“El 20 de diciembre yo me sentí ‘maluco’, estuve con escalofríos y mucho malestar general. Entonces, el 21 de diciembre llamé a la Coordinadora, que es mi jefe, y le comenté que me sentía muy mal, y ella me dijo: quizás debe ser una virosis, y yo le dije: jefe qué pena, pero usted sabe que desde que empezó la pandemia manejamos pacientes de COVID en la UCI”, contó.

Según lo que relató, a él y a sus compañeros sospechosos del virus nunca se le han hecho un chequeo médico por parte de la clínica, ni se les ha practicado la prueba aún cuando se sienten mal.

“Entonces ella me dijo: vaya por la ARL al laboratorio Analicemos que queda en el barrio Cádiz, para que le tomen la prueba porque tiene síntomas del virus”, señaló.

Al siguiente día se dirigió al lugar donde se iba a hacer la prueba PCR. Y, al salir, “llamé a la jefe y le dije: listo, ya me la tomaron y me dijeron que debo aislarme, y ella me dijo: no, mañana 22 de diciembre debe hacer su turno y ahí miramos cómo sigue. Yo insistí en que me sentía muy mal, y me dijo que fuera a hacer el turno y si me sentía peor me fuera para urgencias”, expresó.

Así pues, fue a la mañana siguiente para laborar como todos los días, pero no con la misma energía de siempre, se sentía ahogado, con fatiga, tos, y con malestar general.

Pasada la mañana, a la 1:30 de la tarde, se sentó a almorzar, cuando de repente “empecé a ver nublado, a ponerme pálido, ojeroso, y alcancé a hacerle una llamada a una compañera y le dije: venga que me siento muy mal y me voy a desmayar. Y ahí quedé”, narró.

Cuando su compañera llegó donde estaba Pérez lo encontró desmayado, pálido y con los labios y uñas moradas. Entonces, “como pudo me acomodó en una silla y me daba cachetadas para que reaccionara. Poco a poco fui volviendo y me dijo: tuvo como un paro respiratorio pero lo importante es que no se quedó sin pulso”, explicó.

Seguidamente, sus compañeros en estado de alarma por lo ocurrido, le practicaron unos exámenes y se dirigieron hacia la Coordinadora para comentarle lo que había pasado, a lo que, según el auxiliar, ella respondió que se fuera para un servicio de urgencias, aún teniendo uno en el lugar a 10 metros.

“De ahí ya empecé a volver, me tomaron la temperatura y estaba en 39 grados. Llamaron a mi esposa, y le dijeron que si ella me podía llevar a urgencias. Ella llegó, y yo como pude bajé al primer piso y nos fuimos para la UCI del Federico Lleras”, precisó.

“Allá me atendieron por la EPS Medimás, y me aislaron en una sala que se llama COVID. Pero antes se enferma uno más allá, de ver un poco de pacientes tosiendo, se quitan el tapabocas y la gente desesperada ahogándose. Me pusieron unos líquidos, y solamente me dieron unos medicamentos y algunos exámenes”, añadió.

Estuvo allí del 22 al 23 de diciembre por la mañana, y “eso usted queda ahí en manos de Dios, porque ellos entran una sola vez, le toman lo que le van a tomar, le ponen los líquidos y chao. En toda la noche no hubo personal que lo atienda a uno, había una señora en una camilla ahogándose, se le cayó la máscara de oxígeno y nadie está pendiente, y me tocó a mi como pude ir a auxiliarla porque se estaba poniendo más morada”, aseguró.

Cuando ingresó el médico encargado a la sala, Juan le pidió ser dado de alta y le comentó la situación que estaba viviendo en ese lugar, en el cual, presuntamente, no hay alguien que esté al tanto de los pacientes “ni para ir al baño”.

“El doctor me dijo que iba a revisar mis exámenes y si estaba dentro del límite normal me podía enviar para la casa con tratamiento médico y las recomendaciones de alarma. Entonces me dio la salida y una incapacidad hasta el primero de enero”, agregó.

Le recetó entonces unos medicamentos rehidratantes, acetaminofén y un antibiótico; los cuales debía reclamar por su EPS. Según él, la respuesta de la entidad fue que estaban agotados, entonces “me tocó comprarlos, y me gasté casi $200.000”.

Asimismo, solicitó a la clínica donde trabaja una bala de oxígeno alquilada, ya que estaba sufriendo de constantes ahogos y su saturación se encontraba en 88, “y me dijeron que no, que no podían porque no tenían balas de oxígeno”.

“Estuve aislado solo. Y del 23 de diciembre que me encerré hasta el 28 fue una batalla contra este virus porque era mucho ahogo, esfuerzo respiratorio y la saturación muy baja”, relató.

“El apoyo que recibí fue solamente que me llamaban para saber si ya estaba mejor para volver a laborar. Antes de que cumpliera la incapacidad me decían: si ya se siente bien venga a trabajar. Y me reclamaban que me dieron mucha incapacidad, y yo les dije: no, que pena, pero es mi salud y yo me siento mal”, lamentó.

El primero de enero, cumplida la fecha de incapacidad (únicamente 10 días), recibió nuevamente una llamada de su trabajo para volver, y él les informó que continuaba con malestar y mucha tos, “y me dijeron que me presentara el 5 de enero y ese día fui y me presenté aún con ‘maluquera’”, afirmó.

También, manifestó que hasta el sol de hoy no ha recibido los medicamentos de la EPS, y la ARL solo se contactó con él una vez para preguntarle cómo se sentía y ofrecerle un kit de tapabocas, que tampoco ha llegado aún.

“Me parece muy doloroso que las empresas solo se interesen porque uno vaya y trabaje, y que si uno se enferma pues resuelva como pueda”, expresó.

“Es muy triste ver que un trabajador de la salud no vale nada para una empresa. Tras de que uno tiene que estar viviendo este momento tan difícil, lo único que les preocupaba era la incapacidad y saber cuándo volvía porque hay poco personal para atender a los pacientes”, concluyó.

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