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Edulfo se abre camino con los pies desnudos

Hace 21 este ibaguereño eligió el descalcismo como filosofía de vida. A sus 65 años corre maratones y peregrina por el mundo, conózcalo.
Historias
Autor: Laura Cristina Cardona
Autor:
Laura Cristina Cardona
Foto: Suministrada

Hace más de 20 años las hijas de Edulfo Martínez jugaban en su casa, lo hacían descalzas como su espíritu infantil les reclamaba. Mientras los padres trabajaban a pocas cuadras de la casa, una mujer con su pequeño se encargaba del cuidado de las cuatro niñas, el niño las acompañaba en los juegos y se encargaba de dar la alerta cuando el padre se acercaba.

A la voz de “Ahí viene su papá” las niñas corrían a buscar los zapatos, a veces evitaban el regaño, otras recibían algún castigo (nunca con violencia). La escena ocurrió varias veces en la época en la que Edulfo caminaba calzado y sus hijas no se habían independizado.

Hoy, a sus 65 años y con 1’55 de estatura, este hombre es uno de los pocos descalcistas de Colombia, una comunidad internacional que decidió colgar los zapatos y vivir “a pie limpio”, aunque entre ellos lo más común es una planta gruesa y bien sucia. Caminan sobre asfalto y tierra, bajo la lluvia o el sol, sobre el lodo y piedras, lo hacen, sobre todo, por la sensación de libertad.

Inicios

Cuando Edulfo era niño un documental le mostró la historia de Abebe Bikila, un atleta etíope que ganó en 1960 el primer oro para África en los Juegos Olímpicos de Roma y marcó un record de 2h15’16”. La novedad: el atleta corrió la maratón descalzo.

Esta referencia quedó en su memoria. Su vida continuó, el deporte también. De joven practicó el fútbol, lo acompañó con el atletismo, “la base de todos los deportes”, dice. Combinó el trabajo (fue comerciante) con el estudio y el deporte. Hasta que un día, hace 21 años, se preguntó ¿será que se puede trotar descalzo?.

“No lo podía preguntar, porque no veía a nadie hacerlo. Entonces entendí que la respuesta debía estar en mí”. Y empezó.

La primera vez que trotó descalzo fue en una pista de atletismo, una con buen suelo, porque sabía que su pie estaba acostumbrado al calzado y debía iniciar con cuidado. Recorrió 2 kilómetros. Tuvo que esperar unos días a sanar las ampollas antes de continuar.

La tercera vez ya hizo de 3 a 4 kilómetros. Hoy domina distancias de hasta 118 kilómetros descalzo, esta ruta la hizo en Ibagué por diferentes caminos en 14h’. La caminata más difícil la hizo desde Ibagué hasta Santa Marta en 2007. Fueron 20 días, cada uno desde las 6 de la mañana hasta las 2 de la tarde con sus pies desnudos sobre la vía que calienta el sol.

Pisar

Cuando Edulfo sale de su ciudad camina por la calle, tranquilo y descalzo. El 20 de agosto llegó a Manizales desde Ibagué en bicicleta, su pie ya se agarra descalzo al pedal y logró hacer el recorrido en dos tramos. La primera parte hasta Mariquita y de allí hasta Manizales, por Cerro Bravo. “Mariquita-Letras es la etapa de montaña más larga del mundo, la más difícil”, explica. Después de tres días de descanso, de solo caminar, se devolvió el lunes 24 de agosto en la mañana, bajo una típica lluvia manizaleña que lavó sus pies antes de iniciar el recorrido.

En su ciudad, Ibagué, intenta caminar con zapatos. “En otra ciudad nadie me conoce, entonces salgo descalzo sin problema. En mi ciudad intento evitar señalamientos y uso zapatos más seguido”. Dice que entiende que para la sociedad es difícil verlo sin zapatos, un estigma que cae sobre cualquiera que practique este estilo de vida en el mundo.

Jorge Vargas, deportista de Triatlón de Ibagué lo conoció hace 7 años mientras corría en el parque deportivo. “Me llamó la atención verlo correr descalzo y de tanto vernos nos hicimos amigos. Cuando lo ven la mayoría de la gente piensa que trota así porque no tiene para un par de zapatos”, comenta Vargas.

En una ocasión Edulfo iba en una de sus caminatas en carretera y una señora paró preocupada en su carro: ¿Le robaron?, preguntó. En otras ocasiones las personas se cambian de acera y se alejan, lo confunden con un habitante de calle o con una persona a la que le falta razón.

Lo cierto es que a este hombre de 65 años no le falta cordura y le sobra energía. Camina sin pensar sobre el asfalto, salta sobre piedras y, es tal la soltura con la que se mueve, que quien lo acompañe olvidará que está al lado de un hombre descalzo.

Por el mundo

En estos 21 años ha hecho amigos descalcistas, menciona una pareja de Rosario, Argentina, con los que corrió una competencia en dicha ciudad. Por medio de las redes y en sus viajes al exterior conoció grupos internacionales con la misma práctica. En Colombia conoce de pocos, menciona tres. En Tolima es el único.

Sus viajes y competencia no son patrocinadas. “Si en el país es difícil que patrocinen a un joven Élite, ahora a mí, un desconocido. Yo hago mis viajes y competencias con mis ahorros”, dice. En sus viajes se encontró con desconocidos que se acercaron a preguntar por su desnudez en las piernas, después de escuchar su historia lo invitaban a comer, intercambiaban contacto y un húngaro que escribía un libro, lo volvió un personaje en su obra.

Más

El siguiente reto es participar de la Maratón de París en abril. La de Medellín la hizo 4 veces y en dos de ellas ganó un puesto para la de Boston. Si la pandemia lo permite, participará de la competencia francesa y una semana después volverá a hacer el camino de Santiago de Compostela.

Este sitio de peregrinación queda en Galicia, España. El camino inició en el año 813 cuando descubrieron la tumba del apóstol Santiago el Mayor, hermano del apóstol Juan, en Compostela. El sitio era un mausoleo romano, después del descubrimiento se construyó una capilla.

Desde que encontraron los restos del apóstol los peregrinos cristianos hacen diferentes rutas para visitar la tumba, la capilla se convirtió en catedral y el camino más visitado, el francés, fue declarado patrimonio mundial por la Unesco en 1993.

Edulfo asegura que si los actores de la violencia hicieran el camino ya no habría violencia en Colombia. El magnetismo del camino, la convivencia con los otros peregrinos, la soledad, la búsqueda personal y el crecimiento espiritual son razones que llevan a que quiera volver a hacer el camino y para iniciarlo, dice, “solo hay que pensar en hacerlo, ese es el punto de partida”.

Este hombre de 65 años, con un par de pies fuertes con callos que hacen de suela, con uñas que se caen cada poco y con otras que nacen casi al tiempo, sin juanete, sin hongos o malos olores, este hombre sigue dispuesto a aceptar los retos de la vida, a proponerse nuevas metas y, según los obstáculos que encuentre, hacer su propio camino al andar.

El descalcista más joven

En una oportunidad Edulfo Martínez llegó a casa de un sobrino en Mariquita. El hijo de este, un pequeño de 5 años, lo saludó con sorpresa. Su par de pies descalzos llamaron su atención. “¿por qué no tienes zapatos, tío?”. Después de explicarle en palabras sencillas la opción de libertad que significaba el caminar descalzo, el niño tomó una decisión. Se quitó los zapatos, los tiró en algún lado y decidió que también estaría sin zapatos.

“Cuando la mamá le dice que se ponga los zapatos él dice que no, que el tío lo regaña y sigue descalzo”, cuenta Edulfo. El niño decidió adoptar con su lógica infantil el ejemplo del tío y puso desde joven un reto a su familia ¿dejarlo continuar descalzo?.

“A mis hijas yo las obligué a usar zapatos porque no sabía y en ese momento, más que por comodidad, fue por estética”, ahora él se pregunta “¿Si el niño quiere ir a la escuela descalzo lo van a dejar ir?”. La costumbre, el estigma, opiniones y posiciones serán las que entren en la discusión, no solo, en la decisión de este pequeño descalcista con ansias de libertad, también en cada uno de los lectores que después de conocer esta historia quede con ganas de tirar sus zapatos.

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