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De músico del barrio Belén al dueño de El Sitio

Ibagué
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Moris Rodríguez se fue de Ibagué hace 20 años con su guitarra a buscar un mejor futuro en Bogotá y acaba de regresar convertido en un exitoso empresario del entretenimiento.

Él es el dueño de la marca El Sitio, el nombre del bar y restaurante que montó hace 15 años en el sector de Usaquén, en el norte de la capital, y que ahora está en Miami, Cartagena, Bogotá e Ibagué.

Este músico disciplinado y apasionado dejó a su familia, a su barrio Belén, a sus amigos del colegio San Luis Gonzaga, los mojicones de La gogó y se enfrentó a un mundo nuevo lleno de desafíos.

Llegué a donde unos familiares y comencé a tocar en bares. Después, alterné con la venta de instrumentos musicales”, recuerda.

Fueron cinco años tocando y cantando en los bares del norte de Bogotá hasta que en abril de 1999 llegó hasta la puerta del éxito. El bar en el que se presentaba estaba mal económicamente y lo compró.

Dice que hizo un préstamo bancario por cinco millones de pesos, tenía en su apartamento cinco discos de 10 canciones cada uno, una novia que lo acompañó en la aventura y muchas ganas de cantar.

La que era su novia hace 15 años es Margarita Peña. Ella ha estado siempre a su lado. Fue su esposa por tres años, luego su exesposa y aún siguen juntos en el manejo de El Sitio.

Son muy buenos amigos y cada uno se casó nuevamente. “El marido de Margara maneja algunos temas legales de El Sitio. Ella dirige muchas cosas desde Cartagena donde vive con su esposo. Yo también vivo en Cartagena con mi esposa Carolina García, con quien me casé hace cuatro años”, cuenta satisfecho del manejo que le dio a la ruptura de su primera unión.

“Un amor no puede acabarse porque un tipo de relación no funcionó. Casarnos no fue una buena idea pero con un humildad logramos seguir unidos”, afirma.

El inicio de El Sitio

Inició en Usaquén. Era el típico bar con música en vivo. “Vendíamos mucho aguardiente Tapa Roja. Comenzamos a recibir muchos clientes de Ibagué. Yo les debo mucho a los ibaguereños que viven en Bogotá. Por eso no es casual que tengamos la franquicia aquí (en Ibagué)”.

Hoy El Sitio se caracteriza por la deliciosa comida, las infaltables picadas o los crocantes chicharrones con arepa que no faltan en la rumba capitalina, pero cuando empezó el negocio venía empanadas recalentadas.

“Una vez pasó una señora vendiendo empanadas frente al local y los músicos la llamaron. Las probamos y eran muy buenas. Yo le dije: hágamelas más pequeñas y me las trae los fines de semana. Y así lo hizo. Yo tocaba cerca de la barra y mientras cantaba iba calentando las empanadas. Cuando ya estaban calientes con el pie apagaba el horno y seguía cantando. Terminaba la canción, dejaba la guitarra y llevaba las empanadas a las mesas”.

Esta anécdota ilustra muy bien el inicio de un negocio que se llamó: El Sitio. “Lo llamé así porque siempre vivía diciendo cuando tenga mi sitio, en mi sitio pondré esto y aquello. Así nació el nombre”.

Poco a poco la rumba de El Sitio fue ganando reconocimiento en Bogotá y algunos personajes de la farándula comenzaron a frecuentar el negocio de Moris.

En el 2001, su paisano y cantante Santiago Cruz, a quien conoció años atrás cuando vendía instrumentos musicales, se hizo socio del bar. Ambos tocaban los fines de semana. De esta manera fue creciendo el negocio de los tolimenses.

Muchos famosos se hicieron clientes fieles. Uno de ellos fue Fernando Gaitán, el reconocido libretista y padre de la famosa Betty la fea. “Fernando venía a escuchar música, andaba entusado y la música nos unió. Él nos posicionó aún más, nos trajo a toda la farándula y después se hizo socio”.

Moris, Santiago Cruz y Fernando Gaitán decidieron cambiar la sede y abrir El Sitio en el exclusivo Parque de la 93. Desde ese momento ha sido uno de los negocios emblemáticos de la rumba bogotana, el lugar de cocteles, lanzamientos, fiestas corporativas y hasta estudio de grabación de programas de televisión.

Santiago Cruz y Fernando Gaitán, cada uno por sus ocupaciones, dejaron de ser socios de El Sitio y Moris continúo la misión de convertir un bar en una empresa, en una cotizada marca que se está expandiendo por el país a través de la venta de franquicias.

“Tenemos como meta entregar dos franquicias por año. Ya entregamos la de Ibagué y estamos por cerrar una más. Yo me encargo de manejar la música, los arreglos y defino que suena en Bogotá, Miami, Cartagena e Ibagué. Dirijo 40 músicos, entre ellos 15 cantantes en todas las ciudades. Margara (su exesposa) se encarga de dirigir todo lo que tiene que ver con el restaurante y el control de la comida que se ofrece en El Sitio”.

Moris dice que ha llegado al punto esperado de su vida. Desde hace un año y dos meses es padre de Juan Diego y Moris, los mellizos que le dio su esposa Carolina.

Confiesa que ha sido agradable regresar a Ibagué, después de casi cinco años de no venir porque su mamá estaba en Bogotá.

“Ella regresó y yo comencé a venir hace seis meses por el montaje de El Sitio Ibagué. Ese cuento de extrañar la tierrita no es una frase de cajón. He vuelto a comer las empanadas de Yel Coctel o comer lechona en la plaza de la 14. Esas cosas no se olvidan. A mí me encanta la vida de provincia, donde se almuerza a las 12:15 o donde uno se queda charlando con los amigos en la calle sin importarle nada”.

Como muchos ibaguereños, admite que quisiera ver la ciudad en mejores condiciones y asegura que si no fuera por los empresarios y el capital privado el estancamiento de Ibagué aún más desastroso.

“No hablo de política pero la gente tiene que despertar y buscar cambios. Los empresarios también. No nos podemos sentar a esperar que los políticos cambien las cosas, ellos no van a cambiar”.

Fue una entrevista de casi dos horas en la sede de El Sitio Ibagué. Estaba con una camiseta negra, una bermuda camuflada gris y unas chanclas blancas, una pinta que lo hace sentir en casa.

Terminamos la conversación y salió hacia el aeropuerto Perales para abordar un avión que lo llevaría a Bogotá. “¿Será que me voy así? Ah, sí…”, remató con la típica frase de quien no quiere abandonar la comodidad, el calorcito y la pasividad que ofrece Ibagué, la ciudad que hoy busca crecer para que los talentos no tengan que irse como le pasó a él hace dos décadas.

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