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Volvamos a ser el Bunde de Castilla

Crecí viendo bordear el Magdalena en Ambalema como una serpiente plateada desde una cuchilla de la cordillera central. Todo el valle del Alto Magdalena se vislumbra en una inmensidad marina que deja absorto por la pequeñez ínfima de tan vasto territorio.

Muchos de los jóvenes que nacimos en los distintos Municipios del Departamento del Tolima, bajamos de las cordilleras o atravesamos ríos en chalupas para llegar a Ibagué y así continuar los estudios casi siempre en el Alma Mater.

Tiempo después con algunos datos en la cabeza y años reflejados en el rostro, pocos de esos jóvenes adultos vamos observando cómo nuestro Departamento, que desde el paisaje y desde su historia ha demostrado grandeza, hoy se agota en el despilfarro de la corrupción y en la decadencia de su dirigencia. La pregunta entonces después de muchos maldecires es qué hacer para de nuevo cantar el alma de la raza, cómo morir Amando el río grande de la Magdalena y no hacerlo de intoxicación.

Se hace necesario entonces plantearnos el problema de la identidad, tal vez como falta o como travestimiento, que de una u otra forma no nos permite vislumbrarnos como somos sino como lo que quisiéramos ser y en ese sentido a veces es más fácil no ser de aquí, a veces es más fácil venir de allá de la capital.

Estas visiones externas acerca de nosotros mismos son reforzadas por los que dicen ser nuestros gobernantes y por su falta de carácter para tener un Departamento entre los más importantes del País. Recuerdo entonces, a través de historias contadas, el duro debate que tuvo que dar el diputado a la Asamblea del Tolima Lucio Huertas Rengifo en 1945, tratando de crear la Universidad del Tolima. Frente al argumento principal de no crear una universidad regional por nuestra cercanía a Bogotá, el señor Rengifo resolvió la disputa con una sola frase “estamos tan cerca del cielo y tan lejos de dios”.!

Esta lejura de dios nos debe poner en el centro a los mitos y a las leyendas propias, habrá que ver necesariamente las raíces que nos hacen y el barro de nuestra carne, que es Armero saliendo del lodo pero que también lo es Cajamarca peleando por su piel, es Planadas que desde el sur aún grita soy Tolima.

Son tantas connotaciones y denotaciones externas acerca de nosotros mismos, somos “motor del desarrollo nacional” para el gobierno Nacional por nuestra céntrica ubicación, somos la “atracción de inversión extranjera” para el capital privado, somos la “tierra caliente” de los rolos, somos el “rumbeadero” de Bogotá. Pero ¿en realidad eso somos? ¿Simplemente nos permitimos etiquetar por tan bajas consideraciones? ¿Ya no llevamos en el pecho espumas, ni nos galopa el amor del corazón?

Es hora de elecciones, pero fundamentalmente es la hora de volver a ser BUNDE DE CASTILLA!

NOTA: Ya basta del refrito de mirar la Universidad del Tolima como refugio de subversivos, esta Universidad para los que la conocemos está más allá de esta visión uribista y mal o bien ha tratado de promover desarrollos del Departamento, faltarán muchas cosas pero la Universidad merece una visión distinta a la que se muestra desde algunos sectores.

*Coordinador programa prosgrados de la facultad Ciencias Humanas y Artes de la Universidad del Tolima

@Alejzuluaga

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