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Juan Felipe Arbelaez Espinosa

Columnista ElOlfato.com

Vocación productiva de la economía Colombiana

Bastante se ha dicho en los últimos meses acerca de los retos y perspectivas a los que habrán de enfrentarse los gobernantes próximos a ser electos en los comicios territoriales que se desarrollaran en octubre del presente año, la coyuntura política del país, manifiesta una serie situaciones que deben ser tratadas con atención especial, dadas las implicaciones de las mismas sobre el enfoque con el cual han de abordarse las dinámicas de planeación del desarrollo, por medio de las cuales se pretende modificar, para bien, la realidad social, económica, cultural y política de los colombianos.

Es necesario que los proyectos políticos sobre los cuales se fundamentan las campañas que se han emprendido de cara a las elecciones programadas para la designación de gobernadores, alcaldes, diputados y concejales en los municipios del país, tengan sustento en un diagnostico objetivo que verse sobre las características de cada territorio; no es posible seguir abordando un tema tan complejo como el desarrollo, como si su consecución se tratase de la metodología consignada en un recetario, una simple secuencia de pasos que derivan en un resultado esperado.

En absoluta oposición a lo anterior, la modificación de las condiciones y perspectivas de la población, cambia de una región a otra, entre ciudades e incluso entre territorios al interior del municipio, de manera tal que la noción de desarrollo se encuentra influenciado por variables culturales, socioeconómicas, psicológicas, comportamentales, geográficas, etc., convirtiéndolo en un fenómeno multidimensional y heterogéneo que debe partir del reconocimiento de todas estas diferencias y perspectivas para poder tener resultados exitosos.

Partiendo de lo anteriormente planteando, es ineludible volcar la mirada hacia lo que respecta a la vocación productiva del territorio colombiano, revelando lo que siempre ha sido un secreto a gritos, y es que Colombia es un país agrícola, que goza de una biodiversidad asombrosa, una baraja amplia de pisos térmicos, tierras fértiles, nacimientos de agua y una infinidad de recursos naturales que lo posicionan como un paraíso en lo que respecta a recursos naturales, y sin embargo se ha perpetuado un “pecado” desde la perspectiva económica en la explotación del potencial agropecuario del país.

Para nadie es un secreto la ausencia de valor agregado en la producción del agro colombiano y las precarias condiciones en las que la mayor parte de los campesinos deben adelantar su quehacer cotidiano: vías en pésimo estado, precios de compra bajos, utilidades apropiadas por intermediarios, poca protección para los productores, además de la ausencia del reconocimiento que merece la labor que permite a los colombianos, disponer de un suministro permanente de alimentos en las plazas de mercado. Es importante partir por aceptar que, en términos generales, desconocemos las características del sector urbano, del proceso productivo de explotación agropecuaria en el país y realmente no ha sido posible avanzar demasiado en la protección a los pequeños productores del campo, promoviendo la generación de cadenas de agregación de valor, por medio de las cuales se reivindique el rol de los campesinos en la economía del país.

Más allá que hacer una crítica o buscar culpables sobre la realidad actual del sector agropecuario en el país, se trata de hacer un llamado general para lograr involucrarnos más en las problemáticas que aquejan a nuestros campesinos, y buscar fórmulas que, desde la administración pública, permitan reconocer y aprovechar en forma efectiva el potencial que representa la riqueza de la que goza el territorio en materia de medios para la producción agrícola y pecuaria, propendiendo por dar la importancia que merece tan noble y necesaria labor para la economía de los colombianos.