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Váyanse despidiendo

Sucedió el jueves. Un vecino que no conozco (porque así es en Bogotá, tienes vecinos que nunca conoces), reenvió a un grupo de whatsapp creado para luchar contra la inseguridad en la zona, un mensaje falsamente atribuido al médico Manuel Elkin Patarroyo, donde aparece una serie de afirmaciones sobre la pandemia y de “consejos” para enfrentarla.

El texto recomienda -entre otras cosas- comer mango, manzana, limón y ajo y evitar a toda costa perros calientes, pizza y embutidos. También asegura que el virus es fácil de destruir, “incluso con antibióticos, aspirina y bicarbonato lo ponen fuera de combate”. El resto del mensaje es igual de inverosímil.

El problema es que muchos creen a pie juntillas estas particulares “recomendaciones”. Por eso, en Estados Unidos se presentó un marcado aumento de intoxicaciones apenas el presidente Trump sugirió por televisión inyectarse desinfectante para matar al virus. Y como la cosa se iba complicando, días después dijo que sólo estaba siendo sarcástico. Ya qué. Ya muchos le habían hecho caso.

Y qué tal el de Brasil. Lleva meses enteros menospreciando al virus y ahí lo vimos aceptando que está enfermo. Pero en una muestra más de su arrogancia, se quitó el tapabocas delante de los periodistas que -a pocos metros- le preguntaban cómo seguía. Amigo brasilero, preocúpate.

En Colombia, la cosa es de otro modo. Aunque por acá la pandemia avanza a pasos agigantados, en general no parece haber mayor preocupación por el tema, más allá de la obvia por la familia y otros cercanos. El asunto se volvió paisaje.

En cambio, seguimos polarizados. Eso sí nos mantiene atentos. Despiertos. Listos para atacar o defender. De eso, todos los días hay algo nuevo que decir. O viejo, pero vuelve y se dice. Le iría mejor al rating del programa de las seis si se hablara de la izquierda o de la derecha, porque a los informes sobre la pandemia y cómo se está enfrentando, ya nadie le para bolas. Y eso que el virus está a la vuelta de la esquina.

Medio país le tira al Presidente y el otro medio a la Alcaldesa, buscando culpas, expiando frustraciones, cazando likes, insultando por insultar.

Seguimos atrapados entre Petro y Uribe, entre el comunismo y la ultraderecha, mientras Duque, Claudia y los otros gobernantes (unos con mejores resultados que otros) intentan, por todos los medios, evitar que el país se desbarate y se llene de muertos, aunque aquí –la verdad- llenarse de muertos no da miedo. Estamos acostumbrados.

En las salas de redacción fue frecuente dejar de lado una noticia de una masacre con cinco o seis muertos, porque ya no era noticia. Cómo iba a serlo. Un día estallaban un avión (Avianca, 107 muertos) y a la semana, un edificio (DAS, 63 muertos).

Un día volaban un oleoducto y se llevaban un pueblo entero (Machuca, 84 muertos) y otro, acababan con cilindros una iglesia. Con los feligreses adentro (Bojayá, 74 muertos). Y otro día llegaron a un pueblo, sacaron a todos a la plaza y los ejecutaron uno por uno (El Salado, 66 muertos).

Y también quemaron un Palacio de Justicia (94 muertos). Y para rematar, a los seis días una avalancha sepultó 23 mil almas. Y eso que hablamos de tiempos recientes.

Así que, colombianos preocupados porque ayer murieron 211 personas por el coronavirus, preocupados, lo que se dice preocupados, pues no lo creo mucho. Estamos sufriendo más porque no convocaron al pobre James que por estas vainas de la pandemia.

El COVID ha matado más de 500 mil personas en el mundo y aquí vamos llegando a cinco mil. Anuncian la alerta naranja y después la roja. Dicen que las UCI disponibles se acaban. No nos preocupa. Porque aquí, la pelea es peleando. No contra el virus. Contra el que no esté de acuerdo conmigo. Increíble, ni aún enfrentando un enemigo tan devastador como silencioso hemos podido unirnos los colombianos. Cómo es que este país ha podido llegar hasta acá. ¡Qué estúpidos somos!

Apenas el vecino puso el chat que les conté, yo lo traté de irresponsable. Me disculpo, vecino. Irresponsable yo, que estaba perdiendo el tiempo revisando las redes cuando podría estar en la calle, peleando por mis verdades. Únicas. Absolutas. Irrefutables.

Como raza, desapareceremos. Y diría que entre los primeros estaremos los colombianos. No tenemos remedio. Así que, mejor, vayámonos despidiendo. Nos vamos a extinguir.  

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