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Una vida después de la guerra

Ibagué
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Amilfran Lozano es un hombre que ha sabido superar los momentos más difíciles. Desde hace treinta y cinco años, este hombre nacido en Playarrica, corregimiento ubicado en San Antonio, Tolima, ha vivido las injusticias de la guerra colombiana.

La infancia de Amilfran estuvo marcada por la presencia de grupos insurgentes. Más precisamente del M-19, una guerrilla que dominó ciertas regiones del país durante los años ochenta.

De padres agricultores, Amilfran aprendió desde muy niño el valor del trabajo: «Fue en el campo donde yo aprendí a ser tranquilo y disciplinado. Gracias a mis padres entendí que para superarse siempre hay que trabajar».

Para Amilfran, la violencia es tan solo un obstáculo que debe superarse con paciencia y tranquilidad. Aunque desde sus cinco años ha convivido con la severidad de la muerte, él es un hombre pausado que piensa solo en sobreponerse.

Sobrevivir a la violencia

Amilfran Lozano es otra de las víctimas que ha dejado la guerra colombiana. Debido a la falta de oportunidades, este hombre que es realmente un ejemplo de superación se vio obligado a enlistarse en la milicia a los dieciocho años.

Después de prestar el servicio militar, Amilfran decidió hacerse soldado profesional. Fue así como en el año 2002 entró a ser parte de un escuadrón. En enero de ese mismo año, fue enviado al municipio de Saravena, Arauca.

«Algunos compañeros que ya habían estado allá, me decían que eso era muy peligroso. Pero yo la vida siempre me la he tomado con mucha tranquilidad. Yo pensaba que iba con Dios y que él me iba a proteger», recuerda Amilfran.

Amilfran recuerda que la mañana del 22 de septiembre del 2002, él y otros once compañeros patrullaban la zona. Habían sido enviados a hacer inteligencia al hospital del pueblo porque se decía que allí había un guerrillero herido. Sin embargo, ni él ni sus compañeros se esperaban lo que vendría unos minutos después.

«Eran como las once y media de la mañana. Por el área que íbamos, salía en ese momento una patrulla de la Policía. Cuando nosotros llegamos, nos dimos cuenta de que la guerrilla había parqueado una volqueta llena de cilindros bomba entre la estación y el parque», recuerda Amilfran.

Ante esta situación, los soldados asediados buscaron un refugio. Fue en ese momento cuando todo se volvió oscuro: los subversivos lanzaron varios explosivos y Amilfran fue uno de los heridos graves del atentado.

A partir de entonces, su vida cambiaría radicalmente. Producto del accidente, Amilfran perdió la visión del ojo izquierdo y la audición del oído derecho. Además, luego de salir del coma en el que permaneció durante ocho días, Amilfran se empeñó en contradecir el pronóstico médico: pudo volver a caminar y  soportó cuatro cirugías de reconstrucción facial.

Estas secuelas permanentes hicieron de Amilfran un hombre fuerte que nunca se dejó vencer por las dificultades.

Un nuevo comienzo

Para empezar, después del accidente era necesario recuperar su vida. No todo hombre que ha salido vivo de la guerra es capaz de pensar nuevamente en un futuro, pero Amilfran siempre deseó rehacer su vida y volver a sonreír. Sabía que todo sería difícil, pero no inasequible.

Después de recibir una pensión del Ejército Nacional, Amilfran intentó recuperar su tranquilidad de varias maneras. Trabajó un tiempo en la fabricación de camisetas y aprendió todo lo relacionado con la confección de las mismas, también volvió al campo a arar la tierra. Vivió temporadas difíciles durante las cuales solo podía encontrar tranquilidad en su familia.

Al ser veterano de guerra, intentó capacitarse como guarda de seguridad, pero las secuelas en su rostro le cerraron todas las puertas. Su limitación visual y auditiva era sinónimo de incapacidad para todos los potenciales empleadores.

No obstante, fue gracias al empuje y la imposibilidad de estarse quieto que logró reorganizar su vida. Pasó varios meses buscando una oportunidad laboral que le permitiera dar lo necesario a su esposa y a sus tres hijos.

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Un empleo, en una ciudad de pocas oportunidades

De esta manera, fue en el 2013 cuando se enteró de una oportunidad que le cambiaría la vida: en Ibagué se hablaba de una empresa que deseaba contratar a personas con algún tipo de discapacidad física.

«Cuando yo me enteré, pensé que haría todo lo posible por ganarme el trabajo. Sabía que sería difícil porque en la ciudad hay muchas personas que no han podido sobreponerse a ciertas limitaciones físicas. De todos modos, decidí arriesgarme. Ellos aceptaron mi hoja de vida y me citaron a una entrevista.», dice Amilfran.

La empresa naciente era el centro comercial La Estación. Aunque muchas personas se postularon para las vacantes, Amilfran siempre supo que si se mantenía tranquilo y trataba de dar lo mejor de sí, lograría quedarse con algún puesto.

«Siempre fui puntual. En las reuniones con el gerente del centro comercial siempre estuve atento y demostré que podía hacer un buen trabajo en cualquier puesto que me dieran. Como yo vengo del campo, sé que para ganarse las cosas hay que trabajar e intentar ser el mejor», dice Amilfran.

Lo cierto es que de todos los que se presentaron, Amilfran fue uno de los contratados. Debido a su carácter tranquilo, las directivas de La Estación decidieron emplearlo como auxiliar de parqueadero.

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Empleado destacado

Amilfran es uno de los mejores empleados del centro comercial. Su humanidad y su don de gente le han permitido destacarse en su puesto de trabajo.

Debido al novedoso sistema de parqueo con el que cuenta La Estación, es indispensable que Amilfran se muestre siempre atento y cordial con los clientes: «Yo siempre estoy pendiente de que las personas puedan usar el sistema. Si no pueden, trato de enseñarles de la manera más cordial posible».

Su destacada labor lo ha llevado a ser felicitado en varias ocasiones por el propio gerente. Incluso, algunos de los supervisores del lugar se pelean por contar con la ayuda de Amilfran en distintas áreas del centro comercial.

«Como me ha ido bien, también me han puesto algunas veces en servicio al cliente. A mí me gusta ayudar a la gente en todo lo que necesite, así sea algo menor. Como a mí la vida me ha ayudado, yo quiero devolverle cosas buenas a las personas», dice Amilfran.

Amilfran sueña con poder trabajar muchos años más. Su desempeño profesional es la muestra de que ninguna limitación física es un impedimento para salir adelante. Pese a todas las tragedias que le ha tocado vivir, Amilfran espera seguir superándose todos los días, bien sea en su actual empleo o en otro mejor: «quiero seguir demostrando en La Estación que puedo ser un buen empleado en el puesto que me pongan», dice.

Por supuesto, Amilfran es un hombre que no guarda rencores. Gracias a ello, es uno de los empleados más queridos de todo el centro comercial. Sus compañeros de trabajo notan todos los días el esfuerzo y la dedicación de Amilfran, un héroe que le ganó la batalla al odio y a la guerra.

 

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