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Una nueva normalidad

Pandemia, virus, contagio, cuarentena, respiradores artificiales, miedo y muerte. Estas siete palabras anteriores resumen perfectamente la situación actual en el mundo. Sin lugar a dudas este no volverá a ser el mismo después de esta gran lección que nos está dando.

La mayoría de las actividades económicas están detenidas. Nos arrebataron las formas de entretenimiento masivo presencial, como el futbol, los conciertos, las discotecas y, como si fuera poco, nos cerraron el bar de la esquina.

En nuestra humanidad más profunda nos hemos dado cuenta que podemos sobrevivir sin todo lo anterior, que el sentido de la vida va más allá del último partido del Real Madrid o del último álbum de Bad Bunny. Son trivialidades permanentes que invaden nuestra vida día a día a través de la hiperconectividad de nuestra época. Hay que ver con algo de entusiasmo esta pausa en el mundo. Este nuevo enemigo invisible intenta resetearnos para mejorar, o bueno así lo percibo yo aferrándome a cierto optimismo y viendo las cosas buenas que deja esta crisis.

No todo es tan apocalíptico como lo pretenden mostrar los medios de comunicación a diario, haciendo el conteo mundial, nacional y regional de los infectados y muertes. Basta ya.  Volquemos nuestra mirada y observemos cómo nuestros mares y océanos recuperan la vitalidad y la claridad de sus aguas, los animales sienten que vuelven a recuperar su terreno arrebatado por el hombre a través del deseo frenético de industrialización y hay una mejoría notable en la calidad del aire que respiramos.

Nuestro ecosistema agradece profundamente que los seres humanos estemos encerrados.

El mundo está tomando un respiro y nosotros debemos imitarle. Es el momento de reflexionar y fortalecer aún más las relaciones con nuestros hijos, tener largas conversaciones con nuestros padres y cuidar de nuestras esposas. Al final, la familia es lo más hermoso que tenemos y es la oportunidad perfecta para revitalizar estos vínculos.

Cuando volvamos a las calles, nada volverá a ser como antes. El autocuidado personal estará más vigente que nunca. El slogan “Yo me cuido, yo te cuido” será nuestro axioma. Tal vez el saludo con el codo sea nuestra nueva manera formal de saludar y veremos más personas usando tapabocas en las calles por resfriado común y mantendremos la distancia en el momento de hacer la fila en un banco. Nos reservaremos únicamente el beso y el abrazo para nuestros seres más queridos.

Aprovechen y lean un buen libro. En estos momentos para entender la situación histórica que estamos viviendo en la literatura encontrarán a su mejor amigo y refugio para que los acompañe en esta soledad tan abrumadora.

Grandes obras literarias sobre pandemias se han escrito a través del tiempo: Decamerón, de Bocaccio;  La peste, de Camus; y Los novios, de Manzoni, por mencionar algunas. En las tres existe un punto en común: los protagonistas somos los seres humanos y no los microorganismos. Vale la pena leerlas para mejorar nuestra empatía y aumentar nuestra sensibilidad frente a este tema. Así que desconéctese del televisor y de las redes sociales. Coge un libro y emprende un viaje maravilloso a través de la lectura.

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