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Una ciudad que se cae a pedazos y unos gremios indiferentes

Editorial EL OLFATO

La indiferencia de los dirigentes gremiales ha sido peor que la pésima gestión de los políticos que han gobernado a Ibagué en las últimas dos décadas.

La ciudad va de mal en peor, pero a los empresarios y representantes de los gremios locales parece no importarles. Muchos de ellos se preocupan por ubicar laboralmente a sus familiares en la Alcaldía, adjudicarse contratos personales o tramitar convenios de cooperación

Esas dádivas terminan silenciándolos y activando las palmas para aplaudir a los ineficientes mandatarios que han dirigido este municipio.

Para no ir muy lejos, recordemos que, en la desastrosa administración de Luis H. Rodríguez, Fenalco y la Cámara de Comercio de Ibagué brillaron por su pública zalamería y complacencia. Édgar Rodríguez, exdirector ejecutivo de la Federación, era cercanísimo a esa administración y a la exsecretaria de Cultura Ángela Viviana Gómez. 

Hasta apoyaron la campaña que se inventaron Luis H. y sus secuaces: #YoCreoEnLosJuegosNacionales. Y así, en medio de aplausos y contratos, cometieron el robo más grande de la historia de Ibagué. 

Rodríguez salió de Fenalco y aterrizó en el Grupo Empresarial del Tolima, otro gremio en el que tampoco dicen mucho del atraso de la ciudad ni exigen cuentas a los funcionarios que administran la plata de los impuestos que ellos pagan

Con Jaramillo pasó lo contrario. No les dio contratos para silenciarlos, pero su estilo brabucón y grosero generó pánico y muy pocos se atrevieron a levantar la voz. El único fue el expresidente ejecutivo de la Cámara de Comercio Luis Alfredo Huertas, quien le criticó la falta de liderazgo en asuntos económicos y de generación de empleo, y no se le prestó para participar en el robo del Alumbrado Navideño del año 2016. 

Y ahora, con la llegada de Hurtado, el comportamiento de los gremios ha sido impresentable. 

La exdirectora ejecutiva de Fenalco Tolima Alba Lucía García saltó de su oficina en Cádiz a la Secretaría de Desarrollo Económico y el presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Ibagué, Brian Bulla, anda detrás del alcalde Hurtado buscando quedar en las fotos y en los videos del mandatario-influencer. 

Los representantes de los gremios y los pocos empresarios que hay en esta ciudad parecen pertenecer al movimiento de salvación personal. A ellos les importa que el Ibal les preste el servicio del agua de manera continua, que la Secretaría de Hacienda les liquide bien sus impuestos, que la Secretaría de Infraestructura les pavimente el frente del negocio y que sus familiares estén trabajando para el mandatario de turno. Y así: todo bien, todo chévere.

Mientras tanto, la ciudad se cae a pedazos, los huecos son ya parte del paisaje, los cráteres que provocan el colapso de la red de alcantarillado son adornados con banderas rojas, la congestión vial está insoportable, los talentos locales deben migrar para buscar un futuro mejor y nadie sale a buscar inversionistas para levantar la débil economía local. 

Sería bueno que los empresarios tolimenses se despertaran, dejaran de lado los personalismos y ejercieran un rol más serio y crítico frente a las desastrosas administraciones públicas que imponen los clanes políticos que controlan en departamento. 
 

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