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Esta es la historia de Santiago Salcedo, el joven que venció la falta de visión con su destreza e inteligencia

Su sueño es ser dueño de una emisora comunitaria y cultural en la que se puedan dar a conocer situaciones de condiciones especiales: “mi mensaje es que todas las personas somos diferentes, lo importante es que sepamos y aprendamos a tolerar las diferencias”.
Historias
Autor: elolfato.com
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Santiago Salcedo fue estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad del Tolima. Se destacó a lo largo de la carrera en áreas como el periodismo radial y la escritura, fue ejemplo de sus compañeros y un apoyo y reto para sus profesores y directivas, esto debido a que tiene una limitación visual, sin embargo eso no fue obstáculo para hacer las actividades que más disfruta.

Cuando era un niño, Santiago podía ver aunque le habían diagnosticado miopía extrema, motivo por el cual siempre llevaba sus gafas puestas. Fue en 1999, cuando tenía 13 años, que su diagnóstico cambió y le informaron a su familia que sufría la enfermedad de Coats, una patología que afecta los vasos sanguíneos de la retina. Finalmente, esta membrana se desprendió y Santiago perdió el 100 % de su visión en diciembre de ese año.

La vida sigue

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Santiago nació el 10 de agosto de 1986 en Espinal, Tolima. Un año más tarde fue sometido a una operación por la miopía extrema que le había sido diagnosticada, pero todavía los médicos no sospechaban de una enfermedad más grave y, por lo tanto, su tratamiento se limitaba a usar gafas de forma permanente.

Sin embargo, a principio de 1999, una profesora del Colegio Nacional San Isidoro advirtió a la mamá de Santiago sobre su comportamiento en la clase de informática en la que se evidenciaba que no podía ver la pantalla del computador.

Luego de esa advertencia, y después de varias visitas a especialistas y juntas médicas en torno a su caso, Santiago fue sometido a una nueva operación que le prolongaría su visión por unos meses más y le evitaría derrames en su ojo. No obstante, los médicos no daban ninguna esperanza y su pronóstico era que más temprano que tarde Santiago quedaría ciego.

Fue así como para diciembre de ese año, luego del desprendimiento de su retina, perdió totalmente la visión de ambos ojos.

Aunque su limitación le impidió que siguiera jugando con normalidad y que extrañara todas las cosas que antes veía, Santiago siguió siendo un estudiante destacado, como lo había sido hasta entonces.

Encontró apoyo en su familia y amigos para que esta etapa fuera más soportable: “Yo era un niño y no me percaté de la gravedad del asunto. Además, seguía rodeado por mi familia y en el colegio los profesores hablaron con mis compañeros y nunca me discriminaron”, comenta.

Hacer siempre lo que se quiere

Después de graduarse en 2003 como bachiller, una tía suya le consiguió una beca en el Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos, Crac, en Bogotá. Allí aprendió durante un año destrezas que le permitirían mejorar el desarrollo de sus actividades diarias.

Por ejemplo, el uso del bastón para movilizarse en su entorno, el Sistema Braille, la utilización de programas informáticos para manejar el computador o el celular, entre otras cosas necesarias en el desarrollo cotidiano.

Al finalizar esta experiencia y volver a El Espinal, Santiago se dedicó a una de sus pasiones: la música. Aprendió a tocar las congas y la batería de la mano de su hermano Felipe, quien ya tenía una banda con otros amigos.

Finalmente, Santiago se hizo baterista de Utopía, una agrupación de rock, y junto a ellos viajó nuevamente a Bogotá en 2008, donde se radicó por tres años.

Un sueño llamado Comunicación Social – Periodismo

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Cuando la banda se disolvió y Santiago volvió a su pueblo natal, se enteró de que la Universidad del Tolima había abierto el pregrado de Comunicación Social – Periodismo. Desde sus años escolares se había sentido atraído por esta carrera, pero cuando finalizó sus estudios secundarios ninguna universidad pública en Bogotá o Ibagué la ofertaban. Pero esta emoción le duró poco, ya que se dio cuenta de que no había en el formulario de inscripción una opción para discapacitados.

No obstante, su primo Juan Carlos Rodríguez, gestionó con el director de programa la inscripción de Santiago: “Me tocó matricularme como estudiante regular, pero luego me asignaron un monitor para que me colaborara con los trabajos y las actividades que me tocaba realizar para cada materia”.

Santiago comenta que fue un reto ingresar al ambiente universitario, dado que en ese momento no contaban con políticas inclusivas, sin embargo, resalta la solidaridad de sus compañeros y la creatividad de sus maestros para facilitar el proceso. 

Sumado al reto que representa un territorio nuevo, estaba la exigencia académica, pero esta nunca fue su preocupación, él estaba seguro de sus capacidades y así lo demostró, puesto que estuvo becado casi todos los semestres de la carrera.

Además, ni la ciudad ni sus habitantes hacen más fácil la vida de una persona con limitación visual: “Aquí me he dado cuenta de que la gente es muy indiferente, no sé si es que no les importa o no se dan cuenta, pero no tienen cuidado con el espacio por donde uno va transitando.

También hay que tener en cuenta que el terreno de Ibagué es muy irregular, hay muchos huecos en las aceras y estas no están estandarizadas con las características que necesitamos para saber en dónde ubicarnos”.

Hay muchas metas por cumplir

El sueño de Santiago es ser dueño de una emisora comunitaria y cultural en la que se puedan dar a conocer situaciones de condiciones especiales: “El periodismo cultural en la radio no tiene por qué ser aburrido. Pero mi mensaje es que todas las personas somos diferentes, lo importante es que sepamos y aprendamos a tolerar las diferencias”.

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