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Un repaso por los 47 años del hospital público más importante del Tolima

Conozca la historia del Hospital Federico Lleras Acosta: entre la tormenta y la calma.
Salud
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
Foto: Gobernación del Tolima

Un hospital es para las personas como un museo para los artistas. Un lugar cargado de historias, emociones, vivencias, tiempos buenos y malos, y por supuesto, de gente que lucha y se aferra a sus sueños. Por ello, este viernes 13 de noviembre se conmemoran 47 años de la creación del Hospital Federico Lleras Acosta, la institución de salud más importante del departamento del Tolima.

Contexto histórico

En 1958, el arquitecto Manuel Guillermo Lagos Viña, quien trabajaba en la Secretaría de Obras Públicas del Departamento, fue delegado para hacer un estudio de evaluación de construcción de un hospital departamental en las instalaciones ocupadas por la Brigada del Ejército. Sin embargo, para la época fue desfavorable, ya que su distribución era obsoleta ante los nuevos estándares hospitalarios del momento.

No obstante, hacia 1961, tras la visita del expresidente de la República Carlos Lleras Restrepo, un grupo de tolimenses con gran sentido de ayuda y sensibilidad social, le propusieron al entonces mandatario la construcción de un hospital el cual llevaría el nombre de su padre, el científico Federico Lleras Acosta.

El expresidente aceptó la idea y se puso en marcha la construcción del hospital. Y, finalmente, el 13 noviembre de 1973 fue inaugurado en presencia del presidente del momento, Misael Pastrana, y el expresidente Carlos Lleras Restrepo.

El año siguiente, en el 74, el Hospital Federico Lleras contaba con 100 camas hospitalarias y, allí, fueron atendidos inicialmente pacientes de todas los municipios del Tolima. Posteriormente, entre 1978 y 1983, se implementaron importantes servicios para la región como lo fueron: salud mental, oncología y rehabilitación.

Según la enfermera profesional Deisy Izquierdo, quien lleva laborando en el hospital cerca de 34 años, “en 1994 con la ley 100 el sistema de salud cambió y el hospital se convirtió en una Empresa Social del Estado. En ese momento las instituciones de salud se volvieron competitivas y empezaron a vender servicios, porque lo que vendieran, era lo que recaudaban y ese recaudo era el que les permitía vivir”.

Asimismo, aseguró que esta transición los tomó por sorpresa, debido a que los procesos administrativos no se realizaban correctamente y “se tuvo que empezar desde cero tanto en la parte asistencial como en la administrativa y capacitarnos. Pero eso nos costo mucho”.

Insistir, persistir pero jamás desistir

Para 1998 el hospital entró en la crisis más profunda que tuvo en esa época, según Izquierdo, porque nunca aprendieron a facturar ni cobrar y los procesos administrativos eran deficientes.

“Nosotros no pudimos recibir pacientes, nadie nos daba un peso y a los empleados nos adeudaron mes a mes. Duramos ocho meses sin salario. Lo recuerdo como si fuera ayer; íbamos a la plaza a que nos regalaran lo que les sobraba en los mercados y con eso diariamente buscábamos la forma de darles de comer a los pocos pacientes que teníamos”, contó.

Tal situación fue de gran impacto para la vida personal y asistencial de todos los trabajadores de la institución. “Y nos tocaba inventar formas para que nos prestaran ‘plata’ y créditos en los bancos, para subsistir”, agregó.

Tras este inconveniente que casi los lleva a la quiebra, para los años 2001-2002, lograron salir de la crisis. Para ese entonces, el personal aprendió a facturar, llegaron más pacientes y nuevamente sintieron 'la calma después de la tormenta'.

Un año después, el hospital se fortaleció con la implementación de servicios de unidad de cuidados intensivos para adultos pasando de seis a 16 camas e implementando unidad de cuidados intensivos neonatal con12 camas. También, se implementaron y mejoraron los servicios de recuperación, imagenología, tomógrafo, ecocardiografía, banco de sangre, laparoscopia y gastroenterología.

En 2009, al darse cuenta de que todo marchaba bien, decidieron comprar la sede El Limonar, donde incialmente tenían 172 camas de hospitalización, cinco salas de cirugía, sala de partos, UCI adultos 15 camas, UCI intermedio cinco camas. 

“Al comprar esta sede no caímos en cuenta que se ampliaba la capacidad pero también se ampliaba la deuda porque empezamos a vender más, y las EPS empezaron a tener una dificultad para pagar lo que les adeudaban a las IPS y entramos en otra franca crisis”, manifestó.

Desde ese momento y hasta el 2014, la institución estuvo ‘tambaleándose en la cuerda floja’. Ante el riesgo financiero por el que atravesaba, fue intervenida por la Superintendencia Nacional de Salud, y decidieron cerrar los servicios a la población en la sede El Limonar.

A pesar de todo lo que estaba ocurriendo en aquel entonces, el personal del hospital siempre mantuvo la fé y la disposición para afrontar la adversidad y continuar fortaleciéndose en temas de administración con la asesoría de la Superintendencia y el Ministerio de Salud.

“Esta transición nos sirvió mucho, aprendimos y nos fortalecimos en los temas como aprender a facturar. También como humanos aprendimos a entender y afrontar las malas situaciones, no solo en lo profesional, sino también como personas”, puntualizó.

Actualmente, debido a la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 que ‘sacudió’ al planeta entero, el gobernador del Tolima dio apertura nuevamente a la sede El Limonar para antender a los pacientes que requerían UCI y otros cuidados.

Hasta el día de hoy, el Hospital Federico Lleras Acosta ha sido la única institución pública de alta complejidad del departamento del Tolima que cuenta con dos sedes: La Francia y El Limonar.

Por esto y más, hoy conmemoran 47 años de lucha, de esmero y de valentía. Y no solo se celebra la creación del hospital, sino también la vida de cada una de las personas que trabajan día a día por mantenerlo de pie por más difícil que sea el camino.

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