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La dolorosa despedida de Óscar Ospina, a quien le dieron el último adiós desde la reja del Hospital Federico Lleras sede Limonar

El hombre estuvo en la UCI durante ocho días, pero sus pulmones dejaron de funcionar. Su familia ni siquiera tuvo la oportunidad de darle un último abrazo.
Salud
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
Foto: EL OLFATO

Para muchos el COVID-19 es una cuestión mental e inexistente. Y para otros cuantos, ha significado dolor, angustia, miedo y un vacío en sus vidas.

Óscar Humberto Ospina tenía 38 años, trabajaba en el Ejército y se encontraba de vacaciones en Ibagué. Durante la cuarentena preventiva obligatoria se cuidó e hizo todo por mantenerse lejos del virus junto con su familia.

Sin embargo, tal vez en algún momento olvidó las medidas de autoprotección y, desafortunadamente, se contagió.

Él sufría de sobrepeso, lo cual lo convertía en una persona de alto riesgo en caso de adquirir la enfermedad. Al detectar algunos síntomas acudió a un centro de salud donde fue internado en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Su esposa y sus hijas de cinco y ocho años solo pudieron verlo dos veces a través de una pantalla sin poder abrazarlo por última vez.

Estuvo en la UCI desde el 15 de octubre, hasta que sus pulmones dejaron de funcionar el pasado viernes 23. Su familia ni siquiera tuvo la oportunidad de ‘hacer el duelo’, porque las frías rejas del parqueadero del Hospital Federico Lleras sede Limonar, los dividían.

Su hija menor no entendía por qué su padre estaba envuelto en una bolsa, sin vida, y su familia lloraba su repentina partida.

“Él murió esperando unas terapias para los pulmones que le habían ordenado, pero la EPS no las autorizó a tiempo. Me parece muy mal que las personas que quizás tengan una posibilidad de vida, se la quiten de esa manera por no hacer una autorización. Eso me dolió mucho más, porque él podía haberse salvado con esas terapias”, expresó con dolor Leydi Johana Castro, esposa del fallecido.

La historia de esta familia es la misma de muchas otras que han perdido a sus seres queridos por esta enfermedad. Y mientras unos sufren, otros se divierten, como si de una simple gripe se tratara.

La vida es como una vela que puede apagarse de repente. A quienes tenemos al lado hoy en la mañana, quizás en la noche no los volvamos a ver. Las fiestas y las reuniones nos pueden divertir por un momento, la muerte de un ser querido, dolerá para siempre.

“Solo les pido que por favor se cuiden, esto es real, es una enfermedad mortal. Es muy duro no ver a sus seres queridos, tirados en unas bolsas solos, sin poder acompañarlos y hacerles un entierro digno. De corazón, por favor, cuídense”, concluyó.

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