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Revoquemos a Jaramillo

Por estos días algunos políticos locales e indignados “líderes” promueven en redes y emisoras locales su nuevo mantra: “Revoquemos a Jaramillo”. El tema no tendría nada de anormal, de no ser porque muchos de los que hoy se indignan y horrorizan por supuestos hechos de corrupción y por el aparente desgobierno, durante la administración de la “Seguridad Humana” callaron convenientemente, comieron opíparamente y fueron descarados cómplices de los peores desafueros en contra de los intereses de la ciudad.

Hagamos un poco de historia. Corría el mes de Noviembre de 2014 cuando el Representante a la Cámara Pierre García terminó de recoger las firmas necesarias para iniciar la revocatoria del mandato de Luis H. Rodríguez (Ver: Listas las firmas para revocar a Luis H. Rodríguez)

En ese momento a García y a quienes le apostaron a la alternativa de la revocatoria les llovieron rayos y centellas, y fueron tildados de oportunistas y enemigos de Ibagué por pretender adelantar tal proceso. A la postre, y de acuerdo con la Registraduría Nacional del Estado Civil, hicieron falta casi 7 mil firmas para que se pudiera convocar la consulta popular que para decidir la suerte del peor alcalde que ha tenido Ibagué en su historia (Ver: Se cayó la revocatoria de Luis H. Rodríguez)

Curiosamente, un rápido vistazo a quienes hoy promueven la recolección de firmas para una nueva consulta popular en este sentido coincide con algunos de los miembros del honorable comité de aplausos de Luis H. y quienes, vaya coincidencia, en 2014 señalaban a rabiar no solo el supuesto oportunismo del Representante Pierre García sino la inconveniencia de tal proceso.

A estos ciudadanos claramente les asiste el derecho democrático de convocar recolecciones de firmas, marchas y plantones, pero a todas luces no cuentan con la suficiencia ética para liderar un proceso de esta naturaleza.

Sin embargo, debo señalar que me alegra el cúmulo de milagros que se registran en la ciudad por estos días, pues muchos han recuperado repentinamente la visión, pues ahora ven por todas partes lo que durante el cuatrienio de la “Seguridad Humana” nunca advirtieron; otros han recuperado el habla, pues ahora denuncian y vociferan mientras que durante la gloriosa administración de Luis H. permanecían mudos frente a lo que acontecía en la ciudad.

Otro tanto recuperó su capacidad de oler la corrupción local mientras que hace algunos años no percibían el hedor que les rodeaba. Otros pocos han recuperado el gusto por lo correcto y honorable, sentido que tuvieron anestesiado de 2012 a 2015 a punta de contratos y concesiones.

Si bien es cierto en la administración de Guillermo Alfonso Jaramillo se han presentado situaciones como el elevado monto de la contratación directa, el alumbrado decembrino o la contratación de exóticos y costosos pesebres que han generado suspicacias en la ciudadanía y alertas en los organismos de control, e inclusive críticas de quien escribe estas palabras (Ver: Jaramillo debe explicarle a los ciudadanos qué pasó con los convenios del alumbrado: Bejarano), pretender igualar o comparar en términos de transparencia la administración de Luis H. Rodríguez con la actual no solo es ridículo sino absurdo. Sería como comparar una tractomula con un Topolino o una ballena con un nicuro. Así de simple.

Post Data: Si bien es cierto las investigaciones de la Fiscalía en referencia al contrato de los diseños de los escenarios de los “Mejores Juegos de la Historia” han mostrado resultados concretos y satisfactorios, la ciudad sigue a la espera de avances significativos en referencia al proceso de remodelación del Estadio Manuel Murillo Toro, y a la construcción de los escenarios de la 42 con 5ª y del Parque Deportivo. Ojalá no es estén dando contentillo con unas pocas capturas, máxime ahora que el reflector nacional está puesto en el escandalo de Odebretch. Y a propósito de nicuros y ballenas: ¿Cuándo caerá el verdadero pez gordo?

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