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Con cinco años y pese a las dificultades por vivir en zona rural, Samuel Rivera nunca ha faltado a sus clases virtuales

Este pequeño debe esperar hasta la noche, cuando su papá llega de trabajar, para poderse conectar desde su celular y recibir las clases virtuales de su docente Osmani Espinosa.
Región
Autor: Redacción Región
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Redacción Región

La pandemia del coronavirus obligó a que las clases presenciales fueran canceladas, lo que supuso un nuevo reto para docentes y estudiantes.

Las redes sociales y WhatsApp se convirtieron en las plataformas de enseñanza; sin embargo, para ello se necesita de conexión a internet y es algo con lo que muchos no cuentan, principalmente aquellos que viven en zonas rurales.

Samuel Estiven Rivera Rojas, es un pequeño de cinco años que vive en la vereda La Flor del municipio de San Luis, él no cuenta con internet en su casa para poder recibir sus clases de preescolar, solo con los datos que su papá tiene en el celular.

Pero su papá trabaja y no regresa hasta la noche, razón por la que su profesora Osmani Espinosa Jaramillo organizó un horario especial, de 6:00 de la tarde a 8:00 de la noche para que “Samuelito”, como ella lo llama, no se pierda de sus clases.

“Armé tres grupos que se acomodaran a los horarios de los papás, uno de 9:00 a 11:00 de la mañana, otro de 3:00 a 5:00 de la tarde y uno de 6:00 de la tarde a 8:00 de la noche para unos poquitos papás que no se acomodaban a los otros horarios”, explica esta profesora.

Osmani Espinosa se dedica a la enseñanza desde hace más de 15 años y en la actualidad es docente de preescolar en el Instituto Caracolí, sede La Flor. Entre sus 19 estudiantes se encuentra el pequeño Samuel, quien le dio una grata sorpresa al momento de iniciar sus clases por medio de una videollamada.

“Nos conectamos y cuando lo veo tiene puesto el uniforme, le pregunté que por qué y me dijo que para recibir clases. Lo felicité y mandé la foto a los grupos de papás y profes y les conté que Samuel había llegado con uniforme, al otro día todos los otros niños aparecieron uniformados. Entonces cuando se ponen el de física, me toca ponerlos a hacer actividades físicas”, cuenta entre risas esta docente.

Samuel, según palabras de su profesora, es un niño juicioso, responsable y perfeccionista, a pesar de su corta edad. Vive con sus papás, abuelas y una recién nacida hermanita.

“Él ama a su hermanita, me dice que en las mañanas se la ayuda a cuidar a su mamá y que en la noche ya tiene tiempo para trabajar conmigo”, comenta Osmani.

A pesar de las dificultades, cientos de niños como Samuel esperan con ansías sus clases, ver a sus profesores así sea a través de una pantalla y desconectarse de la incertidumbre que deja la emergencia sanitaria por el COVID-19.

“Es difícil, porque la señal es paupérrima, pero se ve la unión de los papás con sus hijos, quienes siempre están muy emocionados en recibir las clases”, puntualiza Espinosa Jaramillo, una docente que trata de que sus clases sean lo más interactivas posibles para que la distancia no afecte la bonita relación que tiene con sus 19 niños y niñas.  

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