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Reforma tributaria Santos 2014

En estos momentos, cuando se discute una reforma tributaria, que podría determinar el futuro de la economía colombiana, recuerdo el día en que los gremios más representativos del país y algunos empresarios decidieron expresar abiertamente su respaldo por la continuidad del Gobierno Santos.
Preocupados estaban por la contienda política,  su entrega fue total por la paz de La Habana y el compromiso por defender los más nobles intereses de la Patria.

Hoy, transcurridos tan solo cinco meses  del estrecho resultado electoral que favoreció la reelección del Presidente,  desaparece la máscara electoral, la de las promesas y los acuerdos: “educación de calidad”,  “no habrá más impuestos”, “la paz se firma este año”, “se eliminará el 4 por mil” , la realidad es otra y sin vergüenza el Ministro de Hacienda presentó la reforma con nuevos impuestos.

De nada sirvieron los millonarios gastos en pauta publicitaria  promocionando el #SoyCapaz que con furor pagaron reconocidos empresarios y parecería  que el primer mandatario sí es capaz de “traicionar a su clase” y hacer “chillar a los ricos” si las explicaciones estadísticas sobre la reforma tributaria 2014 fuesen ciertas: qué las nuevas cargas tributarias las pagarán 32 mil empresas y menos del 0.1% de las personas naturales es decir 52 mil colombianos ricos, pero la verdad es otra.

No han transcurrido dos años de vigencia de la Ley 1607 de 2012 por la cual el Gobierno Santos impuso los tributos del IMAN, el IMAS, el CREE y  en pocos días la nueva reforma eliminará los 2 puntos de la devolución del IVA por compras efectuadas con tarjetas de crédito, un beneficio que estimulaba la bancarización de la clase media e impedía eficazmente la evasión.

La Navidad llegará con una sobretasa al Impuesto sobre la Renta para la Equidad (CREE)  convirtiendo la tarifa efectiva a la renta por encima de 43% anual, gravamen excesivo en un país como Colombia con una economía pequeña. 

También habrá cambios,  por ejemplo, en el nombre del Impuesto al Patrimonio por Impuesto a la Riqueza y en el último anuncio “Impuesto contra la Pobreza”, maniquea forma, propia del socialismo de siglo XXI, que dice defender los pobres y controlar a los ricos cuando lo que se pretende es recaudar mayores tributos para financiar gastos, entre otros los costos de la “mermelada”. 
 
Se ha presentado la reforma con el argumento de no afectar a la clase media, que contribuirá con tasas supuestamente marginales, pero la realidad es  un ataque contra el ahorro y la inversión, es una medida antitécnica, casi única,  pues grava el capital y el ahorro cuando debería gravar las ganancias como lo hacen los países desarrollados.
 
No queda duda que con esta reforma el Gobierno Santos,  apresuradamente, busca recursos para tapar su hueco fiscal producto del derroche y la burocracia improductiva.
 
El trámite exprés de la reforma tributaria en el Congreso de Colombia, no ha permitido la discusión sobre el impacto a la economía, al aparato productivo y las demás afectaciones al sector empresarial.
 
En retrospectiva, recordemos que toda actuación tiene consecuencias, que la decisión electoral mayoritaria de los colombianos estuvo marcada por la duda y el sesgo sobre la paz y que a pesar de las  firmes posturas del Centro Democrático, empresarios y diversos dirigentes políticos prefirieron sufrir la oportunidad.
 
Sin embargo en este momento de quiebre para la economía nuestra posición es de rechazo a la reforma tributaria, principalmente a los artículos que directamente afectan a los grandes contribuyentes.
 
No estamos buscando beneficios para los ricos, como los llama el Gobierno en su discurso que quisiera avivar una lucha de clases, nuestro deber es el de proteger el aparato productivo de Colombia, máxime cuando entendemos que una caída de la producción de bienes causa presiones inflacionarias.
 
Por otra parte, debido al aumento exagerado de los costos de producción se reducirá la inversión y se aplicarán recortes a la ampliación de plantas industriales,  el resultado ineludible será el aumento del desempleo.
 
La inflación y el desempleo son dos males que afectan preferiblemente a los estratos socioeconómicos más bajos, a los asalariados y a la clase media,  a quienes no tienen recursos para enfrentar el aumento de precios o la escasez de productos de su canasta de consumo y mucho menos vivir sin empleo.
 
La reforma tributaria Santos 2014 destruye la confianza inversionista y con el cambio de las reglas iniciales tributarias produce incertidumbre cuyo resultado será la inestabilidad económica.
 
Parece paradójico  que actuemos en defensa del empresariado pero entendemos que todo aquello que afecte la prosperidad y el crecimiento afecta a los trabajadores y a la clase media  y en el Centro Democrático trabajamos por defender a todos los colombianos.

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