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¿Quién quiere ser profesor?

Esta pregunta resulta compleja de formular (y mucho más de responder) en estos tiempos en qué, casi mensualmente, el gremio de los maestros es noticia nacional más por las protestas, los paros, las manifestaciones, los reclamos y los acuerdos incumplidos; que por los resultados de su labor en las instituciones educativas o por sus logros e innovaciones. Bajo este panorama es lícito preguntarse: ¿Hay alguien que aún desee dedicar su vida a un oficio que, a primera vista, parece ser bastante ingrato?

La respuesta a ese interrogante es sí, aún hay en nuestro contexto Quijotes modernos que se lanzan sin miedo a la aventura de formarse como mediadores entre el conocimiento, desarrollado durante milenios por cientos de millones de seres humanos y las nuevas generaciones de colombianos que, a pesar de lo que comúnmente se cree, están deseosos por conocer cada vez más sobre el mundo en el que se desenvuelven a diario.

Y no lo hacen por el viejo prejuicio expresado en la frase “los que no saben, enseñan”, terrible aforismo que desprestigia el oficio del maestro; sino precisamente porque quien quiere dedicar su vida al ejercicio de ser maestro sabe y siente que existe algo profundamente atrayente en el hecho de convertirse en un puente entre el conocimiento de la humanidad y la curiosidad de los niños y jóvenes que constituyen el futuro de la especie sobre la Tierra.

Y tampoco se forman para ser meros repetidores de teorías, fórmulas, conceptos, ecuaciones, estructuras gramaticales, biografías, fechas, definiciones, etc.; sino que fundamentalmente lo hacen como ‘interrogadores’, es decir, como individuos que cuestionan críticamente la marcha del mundo y enseñan a otros a hacerlo.

Pero la docencia no está limitada a la esfera del conocimiento y del aprendizaje intelectual. Además de ello, quien se forma para ser profesor entiende que su labor estará vinculada al desarrollo ético y moral de cada individuo que le es confiado en el proceso educativo, pues se convertirán en referentes (valiosos o nefastos) de esos mismos individuos.

De ahí que los futuros profesores deben desarrollar un profundo anclaje en un sistema de valores éticos que los conduzcan a ser sujetos plenamente racionales, autónomos, responsables y conscientes de la importancia de la labor que desempeñarán el en concierto de la sociedad colombiana.

En la facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad La Gran Colombia, contamos con una larga trayectoria, de más de 60 años, en la cual hemos reflexionado acerca de la naturaleza de la labor educativa, las particularidades del ejercicio de la docencia en los diversos contextos, y los retos y desafíos que proponen el avance de la sociedad y del conocimiento; y como fruto de ello tenemos cinco grandes proyectos de formación de maestros en diversas disciplinas: Humanidades y Lengua Castellana, Ciencias Sociales, Lenguas modernas con énfasis en inglés, Filosofía y Matemáticas.

Proyectos formativos que materializan lo que hemos esbozado anteriormente:  la inquietud por los conocimientos pedagógicos y disciplinares, el desarrollo del pensamiento crítico, la investigación y la innovación, y una sólida formación en valores éticos y morales.  Todo ello enfocado en formar un profesor de altísima calidad académica, profesional y humana.

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