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Laura Enciso Villamil

Columnista ElOlfato.com

¿Qué nos pasa a los colombianos?

¿Se ha detenido usted por un instante a reflexionar sobre las reacciones que tiene como ser humano frente a la situación que atraviesa el país en este momento? Yo sí lo he hecho y les voy a contar qué estoy viendo.

Ahora mismo nuestra Colombia atraviesa una situación estremecedora y es el atentado ocurrido a los policías en la Escuela Santander, ese es el tema de discusión actual y cuando digo discusión me refiero a absolutamente todo lo que el significado de esta palabra conlleva.

Y he entendido que además de lidiar con el dolor ajeno que una situación como esta causa, también tenemos que lidiar como colombianos con la falta de solidaridad y respeto que nos está carcomiendo el corazón. Antes las peleas y el reproche era de los colombianos hacia los grupos armados y ahora el reproche, la ofensa y el rencor está siendo entre colombianos.

He visto cientos de reacciones sobre las publicaciones que los medios de comunicación han hecho del suceso y adicional, otras tantas en los post que cada usuario de redes sociales tiene a bien publicar en su cuenta personal.

De verdad que me arden las entrañas de ver la cantidad de sandeces que puede decir una persona, que evidentemente no tiene la mínima solidaridad de detenerse, por si quiera un instante,  a pensar y ponerse en los zapatos de las familias que perdieron a sus seres queridos y de aquellas que ahora están rogando por que otros de ellos se salven.

Me entristece y realmente me molesta profundamente que como seres humanos y como compatriotas estemos realmente tan vacíos de espiritualidad y amor por el otro.

Con un caso como este, todos nos volvemos políticos, investigadores, científicos, reconstruimos la escena del crimen, somos periodistas que cubrimos el atentado,  críticos de Estado, jefes de seguridad, en fin, somos de todo menos personas con corazón y amor para darle en la distancia a todos aquellos que están sufriendo de verdad esta tragedia.

Pues estar desde la comodidad de su casa o en su oficina posteando y compartiendo imágenes o adelantos de la investigación acompañados de una crítica y una hipótesis es muy fácil, pero elevar una oración, ir y ponerse de rodillas ante Dios o pedirle a ese ser supremo en el que usted cree por la fortaleza y resignación que necesitan los familiares de la víctimas, y sobre todo hacerlo en silencio… eso ¿usted lo ha hecho?

Con el conocimiento que tengo de recordar todos los días de mi vida qué se siente que le arrebaten la existencia a una persona que tú amas con todas las fuerzas, de manera violenta, les digo que ahora Colombia no necesita saber si esto es la causa de una paz mal hecha o si esto es producto de la falta de seguridad o lo que sea que se nos ocurra a cada uno mientras tomamos todos los roles mencionados.

NO,  ahora lo que Colombia y sobre todo lo que esas familias compuestas por padres, hermanos, esposos, hijos, amigos… necesitan, es de una fuerza muy suprema que les regocije su alma de perdón, de fortaleza y de mucha resignación. Y para eso no aportamos nada poniendo burlas o comentarios carentes de las más mínimas neuronas en nuestras redes sociales.

Podemos hacer todas las conjeturas del caso, podemos querer saber quién es el que ocasionó todo esto, podemos encontrar al actor intelectual, podemos echarle la culpa a los expresidentes, a los mismos policías, podemos coger cada video, cada publicación y reconstruir paso a paso lo que sucedió y encontrar la verdad y la explicación de cada instante… ¿pero eso de qué le va a servir a quiénes hoy están sufriendo en carne propia ese dolor? ¿Acaso eso le devolverá a cada una de las familias a sus seres queridos, o le devolverá la calidad de vida y el estado de salud a todos aquellos que aún luchan por su vida en un hospital? O peor aún ¿le borrará de la mente todas las sensaciones experimentadas a aquellos que estuvieron en el atentado y que no están en estado de gravedad? La respuesta en un rotundo y no reprochable NO.

Obviamente entender qué pasó y buscar la manera de hacer que los culpables paguen, es una obligación mínima del Gobierno Nacional para con las familias que hoy ven destruida la tranquilidad de su hogar, pero eso profundamente frente al proceso de duelo que enfrentan todos los que viven este momento, no aportará absolutamente nada a la sanación y la mitigación del dolor que cada uno de ellos en su interior debe cargar de ahora en adelante por el resto de sus vidas.

Así que de manera respetuosa siendo una colombiana más  y sin pertenecer a ninguna corriente política, pero sí siendo víctima de perder familiares por causas violentas, les hago una invitación a que en lugar de estar llenado la red de cosas sin aporte espiritual, pensemos en las familias, pensemos en que podríamos ser nosotros los que estuviéramos destrozados y pensemos en que ahora lo que más necesitaríamos sería apoyo, solidaridad y oración, NO odio.

Elevemos oraciones, plegarias, todas las que podamos a diario, por cada uno de ellos, por los que murieron, los que sobrevivieron, los que están enfermos y los que están alrededor de ellos. No importa la religión a la que pertenezcamos, no importa que no creamos en una doctrina.

Cada uno, a su manera, solo pida con devoción y fe por cada instante que esas personas han vivido a causa de esto y porque aprendan con resignación y lo que más pronto se pueda, a sobrellevar esta situación sin tanto dolor, porque nunca la olvidarán.

Y una última cosa, antes de reaccionar frente a la opinión de otro o de herir con sus palabras, piense que quizá en un tiempo, cuando las victimas de esto hayan avanzado un poco frente al duelo, puede ver lo que usted publicó y pueden caer de nuevo en la depresión y el dolor.

Piense en qué no sea usted el causante de revivir aún más el dolor en algún tiempo a causa de una opinión absurda hecha en un momento de poca cordura.