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Puerto Saldaña: entre el terror y la esperanza

Nación
Autor: ElOlfato
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ElOlfato

Aún sienten escalofrío al recordar el golpe seco de las cabezas de los muertos tras caer, desde volquetas, sobre la cancha de fútbol. Los paramilitares, en plena luz del día, irrumpían con violencia en el parque central para arrojar los cuerpos, según ellos de insurgentes, como si fueran animales recién sacrificados.

Esta dantesca imagen permanece en la memoria de los habitantes de Puerto Saldaña, corregimiento ubicado a una hora del municipio de Rioblanco (Tolima). Allí, sucedieron algunos de los hechos más atroces de la violencia que se enquistó, durante décadas, en el sur del departamento.

Guerrilleros y paramilitares se disputaban el control del territorio por tratarse de un corredor estratégico para sus enfrentamientos. En medio de la cruenta guerra, cayeron muertos cientos de campesinos cuyos cuerpos eran lanzados a las turbulentas aguas del río Saldaña.

Aunque no existe un dato exacto del número de víctimas, se dice que en Puerto Saldaña hubo más de 300 muertos entre 1998 y 2014.

La gente recuerda aún, con pavor, a un comandante paramilitar apodado ‘Terraspo’ o ‘El Cirujano’, temido por su macabra costumbre de desollar a sus víctimas y sacarle los sesos. Dalila Amézquita recuerda que, a un vecino suyo, lo acusaron de ser informante de las Farc, lo descuartizaron y sus restos los arrojaron en bolsas plásticas.

“Aquí mataron a mucha gente inocente. Si la guerrilla pasaba por el frente de nuestras casas, esto era razón suficiente para que ‘los paracos’ nos señalaran de ser sus colaboradores”, cuenta con tristeza la mujer.

Otros pobladores, simplemente, eran arrojados al río Saldaña para que murieran al chocar con sus colosales piedras. Si el afluente hablara, perdería fácilmente la cuenta de los miles de muertos que sus rebeldes aguas se tragaron o arrastraron a lo largo de su recorrido.

“Al papá de unas compañeras del colegio lo mataron por ser un supuesto auxiliador de la guerrilla. Le quitaron la cabeza, la echaron en un costal y se la mostraron a la gente. Las niñas quedaron traumatizadas”, relata un menor de edad.

Es común escuchar a los niños estos relatos de masacres y enfrentamientos. Para ellos son simples cuentos de terror, para los mayores, un doloroso episodio de la historia que aún hace mella en sus corazones.

La esperanza renace:

Muchos civiles huyeron de las balas, las motosierras y los cilindros bomba. Según cifras oficiales, por lo menos 400 personas se desplazaron a raíz de estos hechos.

Los constantes enfrentamientos entre miembros de las Farc, las autodefensas y el Ejército generaron zozobra, incertidumbre y consternación, tanto para los residentes del caserío como para los pobladores de veredas aledañas. La espesa y quebrada geografía de la zona era perfecta para desaparecer a cientos de personas entre sus montañas y ríos.

En 1997, tras recibir amenazas de muerte en panfletos que arrojaban por debajo de su puerta, Teodoro Martínez abandonó el pueblo junto con su familia e inició una nueva vida en Ibagué.

Once años más tarde, sin embargo, decidió volver. “Todo estaba más tranquilo y quería reconstruir mi ranchito. En Ibagué pagaba arriendo y eso me ocasionaba muchos gastos y deudas”, dice Teodoro quien, tras ser diagnosticado con diabetes, desea pasar sus últimos días en el pueblo que lo vio nacer.

Con unos cuantos ladrillos y tejas donados por el gobierno departamental, comenzó a reconstruir su vivienda, que estaba en completa ruina. En tiempos de guerra, sirvió de trinchera a los grupos armados ilegales. Pero aún sigue a medias y requiere muchas mejoras. Estas ya le fueron prometidas por el gobernador del Tolima Oscar Barreto.

Como él, muchos otros desplazados volvieron a Puerto Saldaña con el sueño de edificar una nueva vida; otros, jamás volverán. Al recorrer las calles del pueblo se vislumbran, con horror, los vestigios de aquel conflicto. Allí vive actualmente un puñado de personas que decidieron con valentía retornar.

En la entrada se erige un museo. Este no exhibe cuadros ni esculturas y mucho menos reliquias ancestrales. Allí, cuelgan murales artísticos, realizados por estudiantes y docentes de la Institución Educativa Luis Ernesto Vanegas Neira, en homenaje a las víctimas. Las imágenes plasmadas son una clara expresión de la resiliencia de los pobladores, quienes se niegan a repetir aquella época oscura donde la muerte acechaba en cada esquina.

A pesar de haber vivido lo más cruento del conflicto armado, Puerto Saldaña, poco a poco, se repone de las heridas y conserva la ilusión de una paz estable y duradera.

“Aquí se refleja el amor por nuestro territorio”, “Aporta a la iniciativa de sensibilización en el arraigo y sentido de pertenencia” son algunas de las frases plasmadas en murales con el propósito de transmitir esperanza a las nuevas generaciones, quienes están llamadas a edificar una nueva historia en Puerto Saldaña, llena de progreso y desarrollo.

“La paz llega con inversiones en vías, educación, vivienda y empleo. Gracias a Dios la lucha armada terminó, pero sigue otra lucha: sobrevivir y salir adelante”, afirma Egidio Yaguara, presidente de la Junta de Acción Comunal de Puerto Saldaña.

La población confía en que el gobierno les dé una mano para reconstruir su pueblo y les ayude a obtener, de una vez por todas, la tranquilidad que tanto les ha costado conseguir.

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