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Por la no normalización de la violencia contra la mujer

En el marco de la conmemoración del día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, varias son las instituciones y sectores que se unen para contribuir y reclamar políticas que conduzcan a la erradicación de todo actuar que violente los derechos de las mujeres y niñas en el mundo.

Aunque los discursos que promueven la no violencia contra la mujer resultan por estos días repetitivos e incluso exagerados para muchos, debido a la aparente radicalización del discurso feminista del que se da por sentado que todo es violencia contra las mujeres, es también importante señalar que la sociedad transita por la normalización de este tipo de violencias y eso hace que terminemos aceptando actuaciones, comportamientos y palabras que lesionan a la mujer.

Suponga que está en su oficina y comienza la jornada con una reflexión con sus colaboradores, en la que les pregunta sobre cuál ha sido la palabra más ofensiva que le han dicho y cuál cree que es la más ofensiva que le puedan decir a una mujer. En el ejercicio la timidez arranca con las palabras comunes de grosería por todos conocidas, pero en el transcurso del mismo, emergen palabras cuyo significado original no se corresponde con los efectos lesivos que ocasionan, es así como responden: no me gusta que me digan mamacita, ni bandida, ni vagabunda, ni perra, ni zorra, ni ramera, ni fácil, ni puta, ni libertina, ni ofrecida, ni mostrona, ni trepadora, ni cualquiera, ni gasolinera, ni mojigata, ni mandona, ni callejera, ni materialista, la lista parece seguir y no encontrar fin.

En el lenguaje cotidiano tanto hombres como mujeres terminamos empleando estas palabras para tratar de modo peyorativo a la mujer, y de este modo, continuamos normalizando la violencia. Luego ese lenguaje común se instala en las canciones que escuchamos y repetimos sin análisis alguno, incorporamos de modo casi imperceptible un lenguaje y unos modos en los que la mujer continua siendo cosificada e incluso justificamos algunas reacciones violentas hacia ellas, en frases como: eso se lo buscó, es que dio motivos, todo fue su culpa, etc. parece que existen miles de justificaciones para las agresiones.

Hasta que llega el día en que nos sentimos sacudidos por la muerte de alguna mujer, o la tortura o violación de una niña, y solo en ese momento sentimos empatía, solo en ese momento, justo cuando es demasiado tarde, sentimos dolor e incluso deseos de venganza. Para ser francos no necesitamos vengadores o empáticos pos morten, necesitamos activistas, defensores, hombres y mujeres promotores del buen trato, del respeto, de un justo equilibrio de derechos entre iguales.

Develar las violencias simbólicas que conducen a la normalización de las discriminaciones, es una necesidad apremiante. No toleres la violencia contra la mujer.