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Para qué repensar la universidad

La Universidad según Immanuel Kant filósofo alemán, era el centro para la formación de un pensamiento crítico y el juicio de los hombres. Es así, como la presencia de las humanidades en la Universidad permitía por medio de la filosofía una forma de vida buena y la habituación al cuidado que cada persona debía tener para dar sentido a la humanidad. En la antigüedad los actores de la enseñanza eran los profesores, quienes fortalecían los procesos de enseñanza y aprendizaje a través de la cátedra y el encuentro con sus “alumnos”. Los cambios en estos procesos son los que han influido en la transformación del quehacer de la universidad hoy. 

La llegada de la modernidad empieza a incorporar aspectos enfocados al progreso económico en el argot educativo. Se generan así, cambios en las instituciones y en la sociedad. En palabras del antropólogo colombiano Arturo Escobar: “las viejas instituciones sociales tienen que desintegrarse; los lazos de casta, credo y raza deben romperse; y grandes masas de personas incapaces de seguir el ritmo del progreso deberán ver frustradas sus expectativas de una vida cómoda. Muy pocas comunidades están dispuestas a pagar el precio del progreso económico.”

El foco de la formación actual es un pensamiento mercantil o comercial, divergente a la formación de estudiantes o sujetos críticos, creativos y éticos. El profesor Víctor Manuel Moncayo ex rector de la Universidad Nacional, plantea que se ha generado una relación entre la universidad y capital, dado por los procesos de transnacionalización, mercantilización y privatización de la educación. Además, de la influencia en temas educativos de los organismos internacionales tales como Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que le dan una funcionalidad a la educación como un mercado, en donde las Universidades son los oferentes (títulos, diplomas, mercado educativo) y los estudiantes los demandantes o clientes (mercado laboral, competencias y habilidades). 

La privatización de la educación ha incrementado desmesuradamente y con poco control de los Estados la creación de instituciones de educación superior (IES), generando mayor oferta de programas curriculares, relacionados directamente con la mercantilización y monetización de la educación; lo que también se ve reflejado en la crisis de la financiación de las Universidades públicas. Las políticas de ajuste estructural (Consenso de Washington), impactaron directamente a los Centros de Enseñanza públicos, con la recepción de menos recursos para el ejercicio de su función pública (docencia, investigación y extensión).  

Hoy se prioriza un sistema de máquinas y materialización del conocimiento; sobre poniendo el saber hacer, el control del quehacer, separado del pensar, del análisis y de la auto crítica. Al igual, el enfoque central que se da las universidades por parte de las políticas de gobierno es hacia la calidad, la cobertura, la permanencia y la financiación, estas directrices parecieran ser las nuevas funciones de las universidades. 

Las transformaciones que se requieren en la educación con base en los postulados de la OCDE son para la formación de habilidades, destrezas, manejo de información y adquirir competencias, que son las nuevas tecnologías del gobierno. Además, de la división cognitiva, renunciando así, al conocimiento para la transformación de sociedades y la debilidad de la relación la universidad con los territorios.

La educación se ha visto permeada por términos empresariales tales como eficacia, eficiencia, calidad, nuevos estándares, mediciones, innovación y acreditación. Los estudiantes ahora son vistos como clientes y consumidores, ya que para acceder a educación en su mayoría privada deben hacerlo por medio de endeudamiento, lo que con lleva a tener familias con déficit económico o en palabras de Michel Foucault, el endeudamiento generalizado en el consumo de bienes (confort) y también de servicios que antes hacían parte de los derechos ciudadanos como la educación.

Las IES poco tienen en cuenta la equidad, la excelencia y la investigación. En este sentido, se le da valor al aprendizaje y se abandona la formación como oficio de los Centros de Enseñanza. De igual forma, se han precarizado a los profesores según Manuel Castells, lo que ha generado desvalorización del trabajo intelectual. Los estudiantes (clientes) busca un aprendizaje rápido, cambiante, un modelo flexible y el gobierno generar mayor escolarización, masificación y controlar el mercado “educativo”. 

Con lo expuesto anteriormente, surgen los siguientes interrogantes: ¿cuál es entonces el papel de las Universidades? ¿cómo ha impacto la crisis actual a los Centro de Enseñanza? Las funciones de las Universidades deben ser docencia, investigación y extensión. En primer lugar, con respecto a la docencia, la mayoría de la IES buscan captar mano de obra barata, no profesores capacitados y con experticia. Los ajustes económicos se ven reflejados en la burocratización de la Universidad, con ello una mayor incapacidad del Estado de hacerse cargo de sus ciudadanos, propiciando así la pérdida de credibilidad en lo público. 

Otro cuestionamiento al quehacer docente es la manera cómo se educa, pues son pocas las instituciones que enfocan la formación hacia comportamientos proambientales, prosociales, respeto a la diversidad o la interculturalidad. El foco o centro es el aprendizaje para la vida laboral, para el mercado o la empleabilidad y el emprendimiento. 

En segundo lugar, con respecto a la investigación, hay una dualidad entre el sujeto y el objeto; ya que no se cuenta con soluciones a los problemas de la humanidad.  La producción de conocimiento de los profesores y sus investigaciones no se enfocan en la transformación de los problemas sociales, sino hacia las mediciones y los rankings; por ejemplo, en Colombia para lograr estar clasificado por el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación (Minciencias).  La investigación social y pedagógica se han vuelto aspectos casi inexistentes en las IES y en las Universidades. 

Por último, la extensión la mayoría de las IES tienen poca implicación social y política. Además, los profesores en su mayoría son tecnócratas sin una visión social o sin un enfoque hacia la construcción de pensamientos en pro de lo colectivo

La educación en general se ha reducido al tema de la didáctica y no se amplía la discusión hacia el verdadero impacto que deben tener las ciencias de la educación. Las Universidades debería ser los actores encargados de aportar en las políticas públicas de educación, salud, mejoramiento de las condiciones sociales, dar un sentido real a la investigación y la producción de saber. 

Queda demostrado, que los espacios educativos, las instituciones educativas y las universidades son cambiantes y sufren impactos directos con las políticas de los organismos internacionales (neoliberales), los gobiernos y las crisis. Por tanto, siguen siendo muchos los retos para las Universidades, entre estos se encuentra el no caer en el “negocio del mercado educativo”, sino mantener su función pública de educación y formación de profesionales críticos, reflexivos, pensantes, éticos con visión social y de país. Otro reto al que se enfrenta las Universidades hoy y con base en la crisis del coronavirus, es la incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en los procesos de enseñanzas y aprendizaje. Este punto, hay que expresar que países como Colombia tienen unas brechas geográficas, sociales, políticas, económicas y digital, que generan exclusión y asimetría en el acceso al conocimiento de su población 

La Universidad sigue teniendo clara su función pública (docencia, investigación y extensión), de tal manera, es necesario que la educación y la formación se basen en procesos de enseñanza y aprendizaje de ciudadanos críticos, reflexivos, éticos y humanos, con base en valores y principios (las humanidades); una educación para la transformación en la convivencia, la cooperación y la colaboración entre ciudadanos éticos y democráticos (respeto, honestidad, equidad, conversación y reflexión). 

Las Universidades son actores reales de la vida política y social del Estado, se debe propender por un diálogo directo con el gobierno en la construcción de las políticas públicas, como resultado de los procesos de investigación (saber / conocimiento) y construcción de lo social (extensión) articulando proyectos locales, territoriales, nacionales, regionales e internacionales

La Universidad debe ser una precursora del respeto a la diversidad e interculturalidad y tener claridad sobre las heterogeneidades estructurales que se presentan en los contextos locales, nacionales, regionales e internacionales. El análisis de para qué repensar la Universidad hoy, permitió comprender que hay algo que va más allá de la crisis de la institucionalidad de las Universidades, se puede plantear en palabras de Martha Nussbaum la existencia de una serie de crisis de las humanidades, de la sociedad y del proyecto posmoderno. Por tanto, la educación y la formación no es solo una cuestión de las Universidades. Es un tema más profundo, complejo, con diversos factores y actores, debe ser un análisis más sistémico.

 

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