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¿El barretismo cree que todos los tolimenses somos pendejos?

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Editorial EL OLFATO

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06 de noviembre de 2025
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¿El barretismo cree que todos los tolimenses somos pendejos?

¿De verdad creen que no nos damos cuenta?

¿Que pueden ponerle corbata al contratista estrella del cartel de la salud y venderlo como “gerente de campaña” sin que nadie pregunte nada?

Ahora resulta que Juan Carlos Herrán Celis, el mismo que amasó más de $230.000 millones en contratos hospitalarios, aparece dirigiendo la campaña del congresista Gerardo Yepes Caro.

¿Y quieren que creamos que lo hace gratis?

¿Que dejó su emporio empresarial solo por “pasión política”?

Por favor.

Durante años, Herrán y su esposa, Leidy Johana Rodríguez, se convirtieron en una de las duplas más poderosas del negocio hospitalario en el Tolima, gracias a los contratos que florecieron durante el gobierno de Ricardo Orozco, ahora presidente del Directorio Conservador del Departamento.

Mientras los hospitales públicos se hunden, ellos crecen.

Y ahora reaparece en la política, pero no para donar tapabocas ni apoyar al sistema de salud, sino para manejar la maquinaria electoral de un congresista que —coincidencia o no— hace parte de la Comisión Séptima, la que decide sobre las reformas de salud y el futuro de los hospitales y las EPS.

Cuando EL OLFATO le preguntó a Yepes por su nuevo aliado, respondió que Herrán solo apoya “temas administrativos” y que no sabía de sus antecedentes.

¿De verdad?

¿Un congresista con varios años de carrera que no sabe quién le maneja la campaña?

Eso no es inocencia, es complicidad.

Porque en el Tolima ya conocemos el libreto: los empresarios se meten a la política para amarrar contratos; y los políticos los dejan entrar para asegurar financiación y logística.

Es una relación simbiótica de poder y dinero.

Los ciudadanos solo miramos, mientras ellos siguen repartiéndose el pastel.

Esto no es casualidad

Es el barretismo en su máxima expresión: el mismo grupo que convirtió la política tolimense en una empresa privada, que maneja hospitales, contratos y campañas como si todo tuviera el mismo dueño.

Hoy, un contratista del cartel de la salud se sienta en la mesa de estrategia de un candidato al Congreso.

Mañana, si ese candidato gana, lo veremos otra vez detrás de los contratos.

Es el ciclo perfecto de la impunidad.

Y aún así, nos preguntan si creemos que el señor Herrán trabaja “por amor al arte”.

No, señores.

Aquí nadie trabaja gratis, y menos un empresario que ha movido cientos de miles de millones de pesos del erario.

Y aunque el barretismo crea que puede seguir burlándose del Tolima, cada vez más ciudadanos están viendo lo que realmente son: un sistema político enfermo, sostenido con dinero público, ambición y cinismo.

Esto no es política. Es negocio. Y el Tolima ya pagó demasiado caro por el silencio.

 

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