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No nos sometemos ante el terror, creamos el terror

Con esta frase cerró Frank Underwood, interpretado magistralmente por Kevin Spacey, la cuarta temporada de House of Cards, una serie que rompe las fronteras del mundo de la política y se instaura en las trincheras de entender las dinámicas del poder.

Cada temporada, cada capítulo y cada historia, terminan convirtiéndose en una radiografía de lo que está pasando en el mundo y por supuesto en nuestro país, gracias a los partidos políticos, los “Trump”, los “Maduro” los “Santos”, los “Uribe”, o cuánto “líder de opinión” aparece desde las pantallas, la prensa o las redes. House of Cards, aparece junto a otras series como The Walking DeadWestworld, VikingosGame of Thrones, Black Mirror, entre otras, como una de las producciones que según el ranking realizado por la página especializada IMDb, fueron en el 2016 las favoritas por las audiencias.

Las series han aumentado dramáticamente su audiencia, en el caso de Games of Thrones, se pasó de un total de 2,2 millones de espectadores en el 2011 a 8,1 millones en el último capítulo de la quinta temporada. Es gracias a sus temáticas, su impecable producción audiovisual y su capacidad de reflejar la realidad, que las series se vienen consolidando como el formato audiovisual que supera las tradicionales formas y fórmulas de la "caja mágica", puesto que en el mundo actual no hay tiempo para pasarse todo el día frente al televisor, y esto hace que cada día se potencialicen plataformas digitales como Netflix.

Hoy Netflix cambió completamente la forma de ver televisión, puesto que son ahora las personas las que manejan su tiempo y pueden “devorarse” una temporada de una serie durante un par de días. No en vano hace un par de meses la revista Semana evidenció los resultados de un sondeo hecho por la plataforma tecnológica TiVo, en el que encontró  que el 92% de los televidentes ha tenido en su vida al menos una “comilona” de series, y en 2013 un estudio encargado por Netflix encontró que 61% de los que ven televisión en línea se sirven un plato de 2 o 3 capítulos seguidos de un drama a la semana.

Debo confesar que hay dos temas que me apasionan: la política y la tecnología, que necesariamente deben ser trazados por un análisis desde la comunicación, y que gracias a las series como House of Cards y Black Mirror,  las he encontrado como escenarios de trabajo académico, de análisis de las coyunturas a las que como sociedad nos vemos expuestos y como una forma que me ha permitido reflexionar frente a la aplicabilidad de las diversas teorías de la comunicación. 

En el caso de Black Mirror, que se suma a otras series como Jake 2.0, Scorpion, Mr robot, Silicon Valley, entre otras, no es la primera vez en la que mediáticamente se expone cómo la tecnología sobrepasa la imaginación, que ya veíamos en casos cinematográficos como Matrix, el Origen, BladeRunner, Transcendence, Her, entre otros; pero éste sí es un claro ejemplo en el que se evidencian de una manera más contundente escenarios de reflexión filosófica en el que surgen preguntas frente al alcance de la tecnología y el analizar sus capacidades. Desde esta serie el comportamiento humano y sus diversas formas de interactuar en el mundo, son arroyados y despedazados por la convergencia tecnológica.

Por su parte, House of Cards, que como bien lo anota Álvaro Cueva, es una serie en la que “todos traicionan a todos, los utilizan, los despedazan. El que no es corrupto, miente, compra, seduce, asesina, ejerce el nepotismo, traiciona, roba la información de los demás, la utiliza a su favor para los medios, las redes, para las elecciones”.

En esta serie, que se suma a otras como el Ala Oeste de la Casa Blanca, Scandal, Boss, Designated Survivor, entre otras, los giros narrativos, su estructura dramática y los infaltables diálogos “Shakesperianos” de su protagonista hablando con el público, nos llevan a sentirnos plenamente identificados con lo que vemos a diario en los noticieros, y que nos confunde entre lo que es ficción o realidad. Como bien lo dice Fruela Zubizarreta, “Todo lo que sucede en 'House of Cards' ha ocurrido, está ocurriendo o acabará ocurriendo en la capital de Estados Unidos”

Nos quedan frente a esta tendencia mediática varios caminos por recorrer para que el “terror” mediático al que nos vemos día a día expuestos, sea contrarrestado con audiencias críticas y participativas: la reflexión frente al uso responsable de la tecnología, que no termine convirtiéndonos en hombres al servicio de ésta; el rompimiento de la indiferencia frente a los escenarios políticos que se camuflan con la complicidad mediática y el mecenazgo desmedido ante "líderes de opinión"; y finalmente, desde el campo académico, proponer análisis en el que lenguajes, formatos y contenidos se ponen en el centro del debate de la comunicación.

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