Pasar al contenido principal

Usted está aquí

Nada de Anglogold Ashanti es gratis

“De eso no dan tanto - dicen por ahí -  y menos por nada”. ¿Por qué se sigue confundiendo la “responsabilidad social empresarial” con el altruismo o la filantropía?

Por estos días se generó una gran polémica debido a que siete concejales electos del municipio de Cajamarca, decidieron no aceptar la oferta que Anglogold Ashanti les hizo, a través de la Pontificia Universidad Javeriana, para capacitarlos en temas de Administración y Gestión pública.

El argumento de los cabildantes es que aceptar el ofrecimiento de la empresa, podría comprometer su autonomía frente al debate sobre la continuidad del proyecto minero La Colosa, que agencia la multinacional en ese municipio. (Ver pronunciamiento).

El mensaje que deja esta decisión es que el nuevo concejo de Cajamarca se desmarcará radicalmente del actual, que carga sobre sus hombros la terrible decisión política de haberle negado a los cajamarcunos la posibilidad de decidir, a través de una consulta popular, la suerte de la actividad minera de gran escala en su territorio.

No hay ninguna otra razón que explique por qué siete de esos 10 concejales que votaron por el no, y que hicieron campaña para reelegirse, se hayan “quemado” el pasado 25 de octubre. De hecho, en un acto de contrición, uno de los tres concejales reelectos que negaron la consulta popular, firmó el pronunciamiento rechazando la oferta de la multinacional.

La opinión de la empresa al respecto es profundamente cínica y torpe. Cuestiona a los concejales partiendo de la idea de que no tomar el “diplomado” supone automáticamente una mala gestión en la corporación, con lo cual demuestra el rasero desde el que observa a los habitantes del municipio: gente ignorante que necesita, ya no solo desarrollo, sino ilustración, porque desde su punto de vista no son lo suficientemente inteligentes y responsables para hacerse cargo de su propio futuro. (Ver comunicado).

Y la posición de la Universidad Javeriana, pretendidamente inocente, no es otra cosa que miserable. Apela a sus propósitos de formación y a la autonomía universitaria para justificar los millones que la multinacional le paga para formar “un grupo selecto de líderes regionales, que por su rol en el desarrollo de sus comunidades, desempeñan un papel relevante en la gestión pública y el liderazgo.”

¿Qué habrá entendido Jesucristo y qué entiende su Compañía en la tierra por “un grupo selecto de líderes”? ¿Será que antes de firmar sus millonarios contratos de educación continuada, la “Institución Católica de Educación Superior” se pregunta por la perspectiva del desarrollo que promueven las empresas multinacionales de explotación aurífera a gran escala? ¿Qué tipo de líderes cree la universidad que son los que le interesa perfilar a la empresa (no serán ambientalistas)? ¿Conocerán los estudios que demuestran los efectos perversos que la minería a tajo abierto le ha dejado a la “creación divina” o también se hacen los de la vista gorda?

No es sino contradictorio que mientras el papa Francisco viaja por el mundo lanzando un mensaje contundente en contra del extractivismo, la comunidad que lo representa en Colombia se ponga del lado de las multinacionales para lavarle la cara ante las comunidades.

Sin tomar la capacitación de esa “respetable institución”, los concejales electos empezaron dando muestras de coherencia, de transparencia, de pulcritud, y por supuesto, de ética, una cosa que ya no enseñan en las universidades, ni en las católicas ni en las laicas.

¿Por qué razón tendrían que haber hecho lo contrario para lo cual fueron elegidos? Que se sientan orgullosos los cajamarcunos de tener a unos concejales que sí los van a representar en la corporación pública, y no llegaron a cobrar beneficios personales.

Por este medio, convoco un frente común de profesionales en derecho, ciencias políticas, geografía, geología, catastro, ciencias sociales, economía, comunicación, administración, agronomía, etc., para que rodeemos a los concejales de la presión de la multinacional, la Procuraduría y del gobierno departamental, su nuevo aliado en la brega por apropiarse del agua y del territorio.

Postescriptum: mi abrazo fraterno para las amigas y los amigos y familiares que hace 30 años perdieron su pueblo, su tierra y su hogar, y que acogimos allí muy cerquita de sus recuerdos. Armero vivirá siempre en su memoria, a pesar del abandono de unas instituciones, que no sólo no evitaron la tragedia, sino que dejaron a la deriva a los sobrevivientes.