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Manzanas podridas

A Javier Ordóñez lo habrían matado de un palazo en la cabeza que le dieron dentro del CAI de Villaluz, al occidente de Bogotá. Lo vieron 5 policías y un intendente. Intentaron ocultar los hechos. Buscaron judicializar un testigo del crimen, acusándolo de violencia contra servidor público; destruyeron el celular que grabó el ataque de varios contra uno, de hombres armados y entrenados contra un tipo que andaba tomándose unos tragos con unos amigos (septiembre 8, 2020). Manzanas podridas.

A Anderson Arboleda le metieron su bolillazo en la cabeza al frente de su casa, en Puerto Tejada, Cauca. Se murió en un hospital de Cali, por trauma craneoencefálico. Hombres armados y entrenados contra un muchacho al que estaban sancionando por desobedecer un toque de queda (mayo 20, 2020). Manzanas podridas.

A Dilan Cruz lo mataron cuando una munición conocida como ´bean bag´ (bolsa con perdigones) lo impactó en la cabeza. Estaba en una marcha o protesta o lo que fuera cuando un miembro del Escuadrón Antimotines le disparó con su escopeta calibre 12. Hombres armados y entrenados contra un jovencito de 17 años que tiraba piedras (noviembre 23, 2019). Manzanas podridas.

A Diego Felipe Becerra le dispararon por la espalda cuando intentaba escapar del policía que lo pilló haciendo grafitis bajo un puente (hágame el favor el tremendo delito). Intentaron por todos los medios ocultar el crimen, le plantaron un arma, lo acusaron de haber asaltado un bus. Lo mataron dos veces: cuando le metieron el balazo y cuando le dijeron atracador. Hombres armados y entrenados contra un adolescente asustado. (agosto 19, 2011). Manzanas podridas.

Y hay mil historias más. Como las de la noche del miércoles 9, que será difícil de olvidar en Bogotá. Empiecen a contar y no se vayan a aburrir:

     1. A Alexander Fonseca le dispararon 4 veces en Usaquén. Tenía 17 años y un bebecito de 7 meses.

     2. A Julieth Ramírez, una bala perdida se clavó en todo su corazón. Estudiaba Sicología y tenía apenas 18. Se ve tan bonita en una foto luciendo su diploma de grado.

     3. A Cristian Hernández le dieron un tiro en la cabeza. Un domiciliario de 24 años a quien extrañarán sus hijas de 7 y 2.

     4. A Germán Puentes, también domiciliario, también le tocó un tiro en la cabeza cuando pasaba en su bici por el barrio Rincón. 25 años y su niño de 7 lo llora a mares.

     5. A Julián González, ingeniero de 27 años, le tocó morirse en el Hospital de Kennedy, de un tiro en el abdomen.

     6. A Andrés Felipe Rodríguez, la muerte le llegó por el tórax. Obviamente, una bala. 23 años.

     7. A Fredy Mahecha también se le fue la vida por el tórax. También una bala. Se ganaba la vida como vigilante. Apenas 20 años.

Tomemos aire y sigamos porque faltan y los voy a nombrar a todos. Para que sus nombres queden acá grabados, en esta especie de ignominia virtual, que tan bien usan los polarizadores para incitar el odio. Y terminar contando muertos.

     8. A Angie Baquero no la alcanzaron a salvar del balazo que recibió en el abdomen. Estudiaba en el Sena y era el tesoro lindo de su mamá, que anda como loca sin entender qué pasó. Apenas tenía 19.

     9. A Marcela Zúñiga le dispararon en Soacha. 36 años.

    10. A Cristian Hurtado también lo mataron en Soacha. Había salido a hacer un mandado. Ingeniero de 27 años.

    11. A Gabriel Estrada también lo mataron en Soacha. Por favor, no lo vayan a condenar por ser venezolano. 31 años.

    12. Y a Estiwen Mendoza también lo mataron en Soacha. 30 años. (miren Cuestión Pública, @cuestion_p)

Todos con familia. A todos los lloraron. A todos los extrañan. Todos asesinados el miércoles en la noche. Manzanas podridas.

“Nosotros no ordenamos dispararle absolutamente a nadie”, dijo el general encargado de la Policía. Bueno y entonces, ¿quién dio la orden? ¿Quién manda allá? ¿Todos hacen lo que se les da la gana? ¿Los entrenan y los arman y los sueltan en la calle a que miren a ver cómo resuelven? No puede ser.

Dijo la alcaldesa de Bogotá que -recorriendo hospital por hospital- en 48 horas documentaron 119 denuncias de abuso policial. Se enloquecieron. Y eso, sin contar las agresiones que no terminaron de clínica.

Dijo que antes del fatal miércoles iban 141 denuncias. Y en dos días hubo 119. Qué desmadre tan bravo, ¡por Dios!

Dijo que en dos días hubo 72 heridos por arma de fuego. Setenta y dos. Y que la Procuraduría asumiría esas investigaciones. Entonces es porque el Ministerio Público cree que los responsables son policías. Manzanas podridas.

Parece que las manzanas podridas tienen infiltrada a la maravillosa Policía de la que hablan los generales.

Creen que su Institución va divinamente y no, el miércoles y el jueves demostraron que no.

Dijo la alcaldesa que le entregó al presidente de la república 90 minutos de video donde se muestran policías disparando indiscriminadamente por toda la ciudad. Hora y media de imágenes. No puede ser. No puede ser. No puede ser.

“Les manifestamos que a través de la Dirección Nacional de Escuelas, a través de las Inspecciones de la Policía Nacional, a través de la Dirección de Talento Humano, y de todo ese componente institucional que hace que Colombia tenga una Policía de excelencia, se vienen formando policías con una profunda vocación humana”, afirmó el director de la Policía en Caracol. Y remató: “hemos estado preparando muy bien los hombres y mujeres en esos temas”.

Pues no, mi general. No es así. Los hechos no lo avalan. Formar miles de hombres es un gran trabajo. Pero tantas manzanas podridas no pueden verse como “Policía de excelencia”, como “hemos estado preparando muy bien…”. Fallaron. El que dirige las Escuelas, el de Talento, el inspector, todos deberían renunciar porque fracasaron en esa misión.

No se puede, general, pensar que como la mayoría está bien formada entonces se está haciendo debidamente el trabajo. La Policía Nacional no puede darse ese lujo, están fallando quienes la lideran, los de los pénsum, los de derechos humanos, los que incorporan, los que fijan los requisitos de ingreso, todos los anteriores. Y claro, los que agarran a taser limpio a un tipo por una vieja pelea.

Y Usted, general, también debería irse porque Usted está convencido de que está haciendo su trabajo y no es así. Están muriendo personas porque los hombres bajo su mando están fallando. Repetidamente. Una manzana podrida. Dos. Tres, cinco, diez. 20, 50, 100 casos. ¿A los cuántos muertos, general, dejan de ser casos aislados? ¿A los cuántos abusos dejan de ser manzanas podridas? ¿A los cuántos excesos van a recapacitar sobre eso de que estamos haciendo todo divinamente bien desde hace no sé cuantos años?

Claro que la mayoría de los más de 100 mil policías cumple con su deber. Y claro que en muchos lados se cuelan manzanas podridas. Pero, ¿por qué las juntaron todas en Bogotá? ¿O todas esas se pudrieron el miércoles en la noche?

“…con una profunda vocación humana”, dijo en la tele. ¿Cuál humanismo pueden tener los que molieron a Javier dentro del CAI y los otros 6 que vieron lo que vieron y nada hicieron por detenerlo? ¿Vocación humana? No freguemos. Generales, en serio, si no aceptan que están fallando, ¿cómo van a solucionar el problema?

El presidente de la república anunció que llevaban más de 140 personas capturadas por los actos vandálicos. Muy bien, presidente. ¿Y cuántos detenidos van por la muerte de los 12 tiroteados? Me parece que es más importante, ¿o no?

Y Usted que lee esto, que no es ni víctima ni victimario, ¿no se da cuenta que nos estamos matando? Entre nosotros mismos. A bala, a puños, a piedra, a madrazos. A bolillazos. Como si no fuéramos todos de los mismos. Unos más afortunados que otros, pero de los mismos. Los que disparan, los que se mueren, los que mandan disparar, los que entierran, los que dirigen, los que lloran, los que odian, los que incitan. Nos estamos matando.

Como sigamos así, los polarizadores se van a quedar sin a quién mandar, condenados a dirigir extensos campos de muerte, donde podrán seguir destilando su odio, su rabia, su intolerancia y su extremismo, y sólo los seguirán legiones interminables de cadáveres, y su castigo será gobernar por siempre, condenados a hablar y no ser escuchados, así como ellos jamás oyeron a las calaveras que antes les gritaban que no odiaran más.

Recuerden que el odio daña a las personas desde su interior, igual que la manzana, que tiene la extraña condición de podrirse de adentro hacia afuera.

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