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Los nuevos mejores amigos

Editorial EL OLFATO

La inesperada unión del gobernador del Tolima, Óscar Barreto, y del alcalde de Ibagué, Guillermo Alfonso Jaramillo, para organizar la edición número 46 del Festival Folclórico Colombiano, sigue dando de qué hablar.

Para muchos no resultan creíbles la armonía, los abrazos, las sonrisas y los reconocimientos que se han expresado públicamente los dos mandatarios.

Fueron tantos los insultos, hostigamientos y desacuerdos, de parte y parte, que muy pocos le apuestan a un restablecimiento duradero de las relaciones de los gobiernos local y departamental.

Durante dos años y medio de mandato, Barreto y Jaramillo estuvieron agarrados por sus diferencias ideológicas y sus cálculos políticos. (Ver: Jaramillo y Barreto se ponen de acuerdo para negar improvisación en las fiestas de junio)

Y esa pugnacidad terminó sacrificando a Ibagué, una ciudad que esperaba mucho más de estos dos líderes políticos, sobre todo, después del desfalco de los Juegos Deportivos Nacionales de 2015.

En los cuatro años de gobierno del exalcalde Luis H. Rodríguez no se construyó una gran obra en Ibagué, ni una sola; por el contrario: arrasaron con la Unidad Deportiva de la calle 42 y el Parque Deportivo.

Por eso muchos ibaguereños esperaban que Óscar Barreto y Guillermo Alfonso Jaramillo trabajaran unidos, no políticamente, porque cada uno defiende lo suyo, sino que sacaran adelante inversiones en materia de infraestructura.

Por ejemplo: el famoso deprimido de la calle 60 con avenida El Jordán, un proyecto que tenía un valor cercano a los $34.000 millones, y que la Gobernación del Tolima estaba dispuesto a financiar en su totalidad. (Ver: El abrazo de Barreto y Jaramillo, entre las imágenes de la primera vuelta presidencial en Ibagué)

Jaramillo, de manera airada, dijo que esa obra no la podía construir la Gobernación, que la haría su administración y que los recursos saldrían, en buena medida, del bolsillo de los contribuyentes. Y ese proyecto se quedó ahí, en la nada.

Ahora, el Alcalde y el Gobernador posan ante las cámaras como los nuevos mejores amigos e invitan a los ciudadanos a parrandear durante los próximos 15 días con unas fiestas improvisadas.

Detrás de todo este espectáculo mediático estaría el interés de ocultar la falta de planeación en la adjudicación de los millonarios contratos y del montaje exprés que pretenden hacer del Festival Folclórico Colombiano.

Ambos prefirieron unir esfuerzos porque sabían el enorme costo político que traería no llevar a cabo las fiestas de San Juan y San Pedro. Ojalá, que después del jolgorio y del guayabo, se decidan a hacer algo duradero por Ibagué. Les quedan 567 días.

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