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Las fantasías sexuales…entre el placer y la culpa

"Lo disfruto a cada instante y momento, nos comunicamos todos nuestros deseos, el último fue cumplirle una fantasía sexual, llegamos a un acuerdo y su deseo de ser vistos o filmados teniendo sexo fue hecho realidad". Fragmento anónimo del confesionario de Silvya de Bejar.
 
El párrafo anterior describe como una mujer cumple una fantasía sexual a su pareja y se me ocurrió escribirla de encabezado para intentar que las personas comprendan que mientras exista un acuerdo en la pareja todo en el sexo puede ser posible.
 
Generalmente las fantasías son pronunciadas luego de una sonrojada, a manera de susurro o en voz baja, lo cierto es que casi todas las personas tenemos fantasías sexuales en nuestras cabezas, imaginarios eróticos y apetitosos que pueden o no hacerse realidad. Eterno dilema entre cumplir o no una fantasía de este tipo gracias a los miedos y prejuicios.
 
Pero ¿qué es la fantasía sexual y por qué en algunas ocasiones produce tanta culpa?
 
Una fantasía sexual es una representación imaginaria de los deseos conscientes e inconscientes, las imágenes, ideas o sentimientos que la mente produce generan en las personas emoción y excitación casi siempre de tipo sexual, aunque existen fantasías de tipo más erótico.
 
La palabra fantasía proviene del término alemán "phantasie" introducido por Sigmun Freud al hablar de imaginación.
 
Las fantasías sexuales además de participar en el equilibrio psíquico, alimentan el erotismo potencializando el deseo y el placer, mueve la sexualidad hacia una mentalidad más imaginativa, creativa y evolucionada.
 
En las personas que son consideradas abiertas mentalmente, extrovertidas, a quienes les gusta explorar, arriesgar y generalmente no son prejuiciosas estos pensamientos les generan bienestar, expectativas, ilusión y deseo.
 
En otras personas más reservadas o escrupulosas, que permanecen más atentas a la moral o a su propia ética, este tipo de pensamientos tienden a generar arrepentimientos o autocensura.

Desde mi punto de vista estos cuestionamientos morales son injustos y carecen de valor objetivo;  la invitación para estas personas es a independizarse de esas ideas erradas, cultivar sus deseos y liberarse de creencias irracionales, se puede empezar  por tranquilizar la mente, allí no hay quien los juzgue más que ellos mismos.

Desear, fantasear, querer disfrutar a partir de la creación de esos pensamientos no es malo, ni amoral, además, de fantasiosos sexuales está lleno el mundo y abundan como las bicicletas.
 
El real problema de la culpa surge cuando alguien a quien se le ha enseñado que el sexo es sucio, malo o pervertido o ha tenido malas experiencias y llega a tener pensamientos de estos se le generan grandes cargas emocionales y mentales de tipo moral, ético, religioso o místico.

Según investigadores de la universidad de Murcia en España, los sentimientos de incomodidad, indignación, o inmoralidad se expresarán con autoverbalizaciones  acusativas, vergüenza, rechazó, enojo, ansiedad, debido a la frustración que se genera al no poderse manifestar, realizar o desahogar el deseo, lo que lo lleva a reprimirlo y experimentarlo de manera “desfavorable” a través de la pornografía u otros sustitutos.
 
Para evitar esto la actitud es muy importante, una actitud negativa hacia lo deseado hace que haya más culpa, recriminación y acusación, mientras que una actitud positiva, sin tabúes ni estereotipos presenta estándares más altos de satisfacción íntima.
 
La mejor manera de liberar la culpa es exponiéndola a través de la terapia psicológica o sexológica.
 
Aunque en el sexo o en el erotismo no hay mandatos y no es obligatorio tener fantasías, de hecho hay quienes no tienen o no creen tenerlas, algunas personas si han deseado vehementemente tener sexo en un avión a 3.000 pies de altura o ir a los brazos de un moreno o morena exóticos de 1.90 de estatura y cuerpos tonificados o estar en un ménage à trois. Igual es desear una cosa u otra, todo depende del objetivo, la emoción que produzca, el contenido imaginario, o las ganas de hacerlas realidad.
 
Lamentablemente, y para infortunio de algunos, no siempre todo sale bien o como lo imaginamos, pues la representación mental dista de la real, pero al intentar satisfacer el deseo mediante la realización de la fantasía hace que, “al menos”, no nos quedemos con las ganas, aunque sí con un sinsabor que dependerá de la madurez mental o emocional que tengamos para sobreponernos a la malograda faena. Eso sí, como dice Oscar Wilde "ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad", para que en la medida de lo posible sea más gratificante que frustrante.
 
Fantasear es un privilegio, es capacidad creativa y una señal de salud sexual. Si tienes alguna fantasía ponle un nombre y piensa qué quieres encontrar, sentir, desear, explorar de eso que deseas imaginariamente y piensa si es posible hacerla visible o real o mejor dejarla sólo en ti sin que necesariamente sea reprimida. Y recuerda que toda práctica sexual debe tener reglas y límites y las fantasías no son la excepción. 

Reglas de oro:

  • No te hace daño ni físico ni emocional, no daña a tu pareja ni a terceros incluyendo animales.
  • Va de acuerdo a tu sistema de creencias, es decir, la aceptas sin problema, ni malestar mental o emocional.
  • Hay buena comunicación, confianza con tu pareja, sabes que le puedes compartir tus deseos, sin miedo a  rechazos, reclamos, ni celos.
  • Cúmplesela y cúmpletela... equidad e igualdad ante todo.
  • Negociar siempre negociar.

 Aunque cada persona a solas o en pareja tiene la posibilidad de crear sus propias fantasías a partir de lecturas eróticas, películas, lluvia de ideas por conversaciones con otras personas; tener sexo o algún momento erótico en el vestidor, en el ascensor, en un auto, en la piscina, en la playa, en el cine o en la disco son los tipos de  fantasías sexuales que más rondan en la mente de las personas, y también hay algunas exclusivas según ellos o nosotras.
 

  • Las nuestras: Estar con dos hombres, o con una mujer, hacerlo en la oficina, en un avión, o tener un roce o affaire con un sex friend. 
  • Las de ellos: hacer un trío, presenciar un striptease, tener sexo anal, ver posar a su pareja en lencería erótica o estar con una estrella porno.

Para concluir es probable que tu pareja o tú puedan estar totalmente dispuestos a probar cosas nuevas, pero puede haber arrepentimiento, entonces, debes tener en cuenta que no todos están tan abiertos al tema y tu pareja puede ser parte de ese grupo. Si luego de proponerle cumplir tu fantasía su reacción es de incomodidad o rechazo, no insistas.
 
Las fantasías sexuales se cumplen en la medida que se plantee como algo natural y es un buen reflejo de la comunicación y la confianza con la pareja o un buen reflejo de tu autoconocimiento.
 
El mejor regalo erótico que una persona le puede hacer a su pareja es motivando sus fantasías sexuales, animándola a buscar placer sin que exista presión alguna.
 
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