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La propuesta de campaña que dejó al descubierto un 'guardado' en el IBAL. Funcionario responsable no da la cara

Investigación
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Un secreto que estuvo muy bien guardado en el IBAL durante seis meses quedó al descubierto esta semana que termina cuando el candidato a la Alcaldía de Ibagué, Jhon Esper Toledo, hizo la controvertida propuesta venderle acciones de la empresa a los ibaguereños, lo que para muchos es la puerta de entrada a la privatización de la entidad. (Ver: Jhon Esper Toledo anuncia la privatización del IBAL)

“Vamos a trabajar para que el IBAL se convierta como es hoy en la empresa de todos los ibaguereños pero que los ibaguereños sean los accionistas de esta empresa, que podamos capitalizar esta empresa para fortalecerla, para hacerla grande, para modernizarla, para tecnificarla, para optimizar su tarea y que eso nos permita verdaderamente el tema del suministro de agua todos los días en nuestra ciudad”, manifestó Toledo.

Palabras más palabras menos, su intención es que particulares sean socios de la empresa pública más importante de la ciudad, poseedora del monopolio del agua, y con ingresos anuales que superan de 42 mil millones de pesos.

Pues bien. Después de escuchar a Toledo queda la sensación de que el candidato sabía lo que el resto de ibaguereños ignoraba: Que el 26 de marzo, a las 8:00 de la mañana, cuatro funcionarios del Municipio decidieron -por unanimidad- modificar los estatutos del IBAL para que pasara de sociedad anónima a sociedad por acciones, supuestamente para que pudiera participar en nuevos negocios o asociarse con otras empresas del sector. (Ver: Empezó la privatización del IBAL)

Esa repentina reforma la adoptó la Asamblea de Accionistas tras una propuesta que sacó del sombrero el secretario general de la empresa, Ricardo Arroyo, el hombre de confianza del Alcalde en esta entidad, y quien fue excompañero clases de Luis H. Rodríguez y Jorge Tulio Rodríguez, en el colegio San Simón.


¿Por qué sacada del sombrero? Pues sencillamente porque ese punto no estaba incluido en el orden del día. La asamblea se citó para analizar el informe de gestión de la sociedad para el año 2014, para conocer y aprobar los estados financieros, para escuchar el informe del revisor fiscal  y para observar el proyecto de distribución de utilidades, lo que parecía ser una sesión de trámite.

¿Quiénes están detrás de la reforma? 

Los accionistas del IBAL son: Infibagué (99.8%), hospital San Francisco (0,1%) y la Unidad de Salud de Ibagué -USI- (0.1%). A esa asamblea asistieron el gerente de Infibagué, Jairo Robayo; Guillermo Augusto Vallejo, delegado por la gerencia del hospital San Francisco, y Julia Patricia Rincón, delegada por la gerencia de la Unidad de Salud de Ibagué.

Como se puede observar, el único representante legal de una de las entidades socias del IBAL participó en la votación fue el gerente de Infibagué, Jairo Robayo, quien es cuota política del representante Jaime Yepes, uno de los principales promotores de la campaña de Jhon Esper Toledo.

A Yepes le entregaron este año el manejo político de Infibagué y pocas semanas más tarde se echó al hombro al candidato oficialista, cuando se quedó sin posibilidades en el Partido Liberal. (Ver: La 'voltereta' de Jaime Yepes)

Toledo y el IBAL, con la misma respuesta 

Cuando este portal divulgó el video con la controversial propuesta, el pasado martes, el candidato Toledo salió de inmediato a aclarar que su propuesta no tenía como objetivo privatizar el IBAL. Es obvio que él no pronunció la palabra privatizar en el video, porque está en campaña, pero lo que no puede negar es que su intención es que particulares o “ibaguereños” inviertan capital privado en la empresa.

Por su parte el IBAL, casi de manera sincronizada con el aspirante, emitió un comunicado en el que también negaban que haya algún interés de privatizar el IBAL.

El único interés, dicen, es “que la entidad pueda invertir en otros ámbitos comerciales y ampliar, así, su plan de negocios en desarrollo de su objeto social”. (Ver: Comunicado del IBAL)

Eso mismo repitió el secretario General del IBAL, Ricardo Arroyo, en la emisora Ondas de Ibagué, el miércoles al mediodía. En la entrevista se escuchó intranquilo y repitió hasta la saciedad que sus intenciones no eran otras sino permitir el crecimiento del IBAL y que pudiera comprar acciones en otras empresas.

Ante esta afirmación, quisimos hablar con el funcionario y solicitamos una entrevista desde ese mismo día (miércoles), pero el cuestionado doctor Arroyo la evadió. Dijo que sí entregaba la declaración, fijo horas y días, pero finalmente no fue posible hablar con él. Finalmente, la oficina de prensa del IBAL nos recomendó que usáramos la declaración que entregó a Ondas de Ibagué.

Las preguntas que Ricardo Arroyo no quiso responder

1.    Doctor Arroyo… Si el IBAL está enfrentando una difícil crisis económica, que tienen problemas hasta para pagar la nómina… ¿De dónde piensan sacar dinero para comprar acciones en otras empresas?

2.    ¿Por qué se acordó de hacer esta reforma en el último año de la administración del alcalde Luis H. Rodríguez?

3.    ¿Por qué el gerente del IBAL, Carlos José Corral, no conocía de su propuesta de reformar los estatutos de la empresa?

4.    ¿Por qué no se ha protocolizado esa reforma ante la notaría?

5.    Nos puede dejar ver las cartas de las gerentes del Hospital San Francisco, Fanny Gómez, y de la USI, Diana Gaitán, en las que autorizaron a sus dos delegados. ¿Ellos podían votar esa reforma de estatutos?

6.    ¿Por qué dicen en el comunicado que esa modificación de los estatutos se discutió ampliamente si usted la metió, de manera repentina, en la asamblea de socios, sin que hiciera parte del orden del día?

7.    La profunda confianza que le tienen el alcalde Luis H. Rodríguez y el exalcalde Jorge Tulio Rodríguez… ¿es porque estudió con ellos en San Simón?

8.    ¿Por qué atiende entrevistas en las emisoras locales y no atendió esta entrevista, le preocupaba alguna pregunta?

De todas maneras, como dijo una fuente del IBAL, hay que agradecerle a Jhon Esper Toledo que hubiera lanzado esa propuesta en los medios de comunicación porque, de lo contrario, Arroyo se había quedado con el 'guardado' y nadie se habría enterado.

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