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La pretendida neutralidad de Barreto

El Gobernador del Quindío anunció esta semana que si el Gobierno Nacional le daba vía libre a Anglogold Ashanti en ese departamento para extender el megaproyecto minero La Colosa, se amarraría a una palma de cera para impedir la destrucción del paisaje cultural cafetero.

Ante la viabilización de proyectos de explotación petrolera por parte de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales en la Serranía de la Macarena, el Gobernador del Caquetá anunció que adelantaría una consulta popular para proteger el agua y demás recursos naturales.

Frente a la gravísima situación ambiental provocada por el Gobierno Nacional y la multinacional Emgesa en el Huila, en la implementación del proyecto hidroeléctrico El Quimbo, el Gobernador de ese departamento expidió el Decreto 0489 por medio del cual conformó “la Mesa Temática para la Verificación, Promoción, Conservación y Discusión de la Conservación del Medio Ambiente, el Agua y el Territorio”, con el fin de hacer contrapeso a la arremetida del gobierno nacional sobre el Río Magdalena y otros afluentes, en la mira de las hidroeléctricas.

En el Tolima, en donde se planea desarrollar el proyecto minero de explotación aurífera a cielo abierto más grande del continente, el Gobernador pretende mantenerse “neutral”.

Pese a que la empresa Anglogold Ashanti ha violado las normativas ambientales y de planeación, ha estigmatizado permanentemente a la oposición y ha mentido sistemáticamente respecto de las dimensiones reales del proyecto, la forma como lo llevarían a cabo, e incluso sobre las características del territorio donde se asentarían (Anglogold negó sistemáticamente la existencia de acuíferos en la zona); el gobernador Barreto insiste en que no puede tomar “ninguna posición”.

No ha sido suficiente que la ciudadanía tolimense se haya movilizado siete veces en contra del proyecto y de la multinacional, ni que los “piedrunos” hayan rechazado mediante consulta popular el propósito de que su municipio fuera utilizado como escombrera del proyecto minero.

Idea que, por supuesto, no tolera la multinacional, que se configura hoy por hoy en una de las peores enemigas de la democracia participativa en el departamento y en el país (Ver: Cuarto revés de Anglogold en Piedras). Y ni qué hablar de los intentos de sabotaje a la consulta popular minera en Ibagué y en Cajamarca.

Pero parece que nada de esto es razón suficiente para que el Gobernador razone. Barreto prefiere hacer oídos sordos y la vista gorda, e insistir en una pretendida neutralidad que no existe.

Así es su propuesta de hacer del Tolima un “Territorio sostenible” en el Plan de Desarrollo (PD): ciega, sorda, aunque no muda, dado que evidencia varias cosas: desconocimiento, candidez y sobre todo una gran preocupación por el desarrollo de los negocios. 

El diagnóstico, si así se puede llamar a lo que denominan “contexto”, es descontextualizado y mediocre, y pone en entre dicho las consignas (que no son otra cosa que retórica) por las que supuestamente propende: “sostenibilidad ambiental”, “manejo del riesgo”, “adaptación al cambio climático”, “alianzas territoriales” (Ver “soluciones que transforman”, que “gerencian”, que “vinculan”).

Parece que ni el Gobernador ni su equipo de trabajo (y tampoco el Consejo de Planeación, por lo visto, un comité de aplausos) se dan por enterados del “Plan Maestro de Aprovechamiento del Río Magdalena” que propone la construcción de 11 represas en el departamento del Huila e iniciar con el dragado para la navegabilidad del río desde el municipio de Honda (Ver: Qué buscan los chinos en el Magdalena)

Tampoco de las resoluciones de la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME), que disponen de los ríos Ambeima (Chaparral), Totare (Anzoategui-Santa Isabel), China (Anzoátegui) y río Recio, entre otros, para la construcción de hidroeléctricas (Ver: Atlas hidroenergético UPME)

Ni qué decir de los bloques de exploración y extracción no convencional de hidrocarburos (léase 'fracking') que el Ministerio de Minas tiene definido desde 2014, y que incluye al oriente del Tolima (Ver: El polémico fracking se abre paso en el Tolima).

Seguro se me quedan otros por fuera, lo que me parece problemático es que nada de esto se contemple en el Plan de Desarrollo, que seguro será aprobado sin medio debate en la Duma departamental.

Pero quizá lo que más me llamó la atención es que el Plan afirma - sin citar ningún estudio técnico - que las 650 explotaciones mineras formalizadas en el Departamento implementan “prácticas amigables con el ambiente” (Pág. 18,19).

¿Amigables con el Río Saldaña y con el Coello? ¿Amigable lo que hace Cemex en Payandé? ¿Amigable El Porvenir con Lagunilla?

Por afirmaciones como esa y por la descarada omisión de la amenaza ambiental que se cierne sobre el Tolima, me parece que quien vive en el país de las maravillas es el actual Gobernador, y no su antecesor, como él sostiene.

Postescriptum: Me llamó la atención ver en el Consejo de Planeación del Tolima a Miguel Espinosa Rico, profesor de la Universidad del Tolima y actual director del Centro de Estudios Regionales. Espinosa, quien funge como experto sin tener doctorado, aparece como representante (a dedo) del sector cultural, el educativo y las universidades, sin ostentar la representación real de ninguno de estos sectores. En el primer mandato de Barreto, apareció como “Asesor de asuntos étnicos”, de nuevo, impostando una experticia que no tiene.

Sorprende que mientras en el Plan de Desarrollo de la UT, obra de Espinosa Rico como jefe de la Oficina de Desarrollo Institucional, suscribe la  articulación activa de la institución “en el abordaje crítico y propositivo frente a la problemática ambiental regional, lo cual demanda mantener una postura ética frente a los grandes intereses económicos, y un compromiso férreo con la defensa y aprovechamiento sustentable del patrimonio ambiental regional”, como “Consejero” de planeación prefiere guardar silencio ante las graves omisiones del plan de desarrollo 2016 - 2019.

@andresconsuerte

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