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La necesaria protección de los textiles y las confecciones nacionales

Las cifras preocupan: Colombia importa tres veces más de lo que exporta en textiles y confecciones. En 2020 las importaciones ascendieron a 1.993 millones de dólares mientras que las exportaciones llegaron a 574, según el gremio. Así, generamos empleo, pero en Asia.

Y la pandemia empeoró la realidad de este golpeado sector que aporta a la economía entre el 6% y el 8% del PIB industrial y genera más de 1,500.000 empleos.

Según el gobierno, la industria se contrajo 25,3% el año pasado, lo cual es más grave dada su conexión con las regiones y su fuerza laboral femenina: recordemos que el desempleo en ellas es 20.4%, según el Dane.

Por eso, hay que apoyar toda acción que proteja el producto textil colombiano: los aranceles deben ser altos para cualquier producto que llegue a competir, de forma desigual, contra lo que hacemos aquí.

En reciente columna, el presidente de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, enriqueció una discusión que, más allá de diferencias, deja claro que todos buscamos proteger la economía y el empleo.

Quienes hablamos a diario con el sector textil y de la confección, sabemos que el decreto sobre aranceles es urgente, y por eso hemos hecho eco a esta necesidad en la prensa, el Congreso y el Ejecutivo.

También sabemos que las expectativas son más altas que lo que propone el gobierno (40% cuando el precio esté por debajo 10 dólares por kilogramo en puerto de origen; 15% más 1,5 dólares por kilogramo adicional cuando esté por encima de los 10 dólares). Se ha clamado para que se incluya a productos por debajo de 20 dólares por kilogramo.

Se trata de protegernos de los precios extremadamente bajos de países como China o Vietnam, al vender en sitios como Panamá. Precios que son consecuencia de estímulos de gobiernos, de bajos precios en la energía y de prácticas laborales y comerciales discutibles y contrarias a los Derechos Humanos. Muchos líderes me han dicho: “No queremos protección, solo una competencia pareja, justa y leal”.

El sector ha perdido 600.000 puestos de trabajo desde 2005. La mitad de ellos en el último año. Y se podrían perder otros 1’500.000.

Es comprensible el punto del doctor Cabal: los aranceles a las confecciones afectan a unos pocos importadores afiliados a su gremio. Pero son necesarios para cuidar nuestros empleos, a 70.000 empresas locales y a todo el mercado. Fenalco desea proteger a su sector y al consumidor: eso es exactamente lo mismo que busca el sector textil nacional y es lo que deseamos todos. ¡Cuidado! Si no hay empleo no hay consumo.

Trabajemos en equipo, doctor Cabal. Nos unen los mismos propósitos. Todos sabemos que el grueso del “ahorro” de la importación de esos productos asiáticos se queda en la intermediación, no en el consumidor final. Al tiempo, si trabajamos en equipo, no tiene por qué aumentar el contrabando: el gobierno nacional ha hecho mucho para combatirlo y estoy seguro de que usted hace parte de ese esfuerzo común. Además, si fue un mal año para los importadores, como lo fue para el grueso del planeta, lo fue aun más para la industria nacional.

Un tejido empresarial local vivo, activo y dinámico, generador de riqueza y de empleo, nos sirve a todos. Un mercado local inundado de productos importados que dejan unos pesos más a algunos comerciantes a costa de los Derechos Humanos y de la industria local no le sirven ni al grueso de los afiliados de Fenalco ni a nadie.

Sentimos orgullo por la industria nacional, por eso hablamos del producto #SientoPorCientoColombiano. Y en su defensa y cuidado, aún tenemos mucha tela que cortar.

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