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Jaramillo vs Barreto

Lo ideal sería pedir sensatez, pero la realidad es tozuda, las diferencias profundas y solo esperamos que los buenos oficios de conciliación del ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, fructifiquen para bien de Ibagué y el Tolima, ya que los de Camilo González fracasaron.

Tanto el alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo, como el gobernador Óscar Barreto, piensan distinto. Los programas de gobierno que presentaron en campaña electoral fueron diferentes, sus posiciones frente a la problemática social de Ibagué y el país se distancian mucho, tienen metodologías para gobernar apartadas, y lo peor aún, tienen conductas diametralmente opuestas en lo relacionado con lo público. Mientras el primero toma la política como una pasión y un servicio a la sociedad, el segundo lo hace como un negocio y una empresa familiar, pese a que invoca permanentemente a la comunidad.

Este es el escollo más profundo que los divide, su formación y concepción de hacer política. Uno formado en las canteras liberales de izquierda, filosóficamente hablando, porque para nosotros Jaramillo es eso; y Barreto, en tradiciones conservadoras que acomoda según las circuncidas que viva. Cuando fue gobernador la primera vez, era un uribista furibundo, echaba bala por todas partes; luego en la campaña de su segundo mandato, fue mitad y mitad, se balanceo entre Uribe y Santos; ya como gobernador cuando está con el inquisidor y politiquero del Procurador Alejandro Ordoñez, desempolva su lenguaje fusilero de ultraderecha, pero si está con Santos, saca palomas de la paz de todos sus bolsillos. Una actitud oportunista a toda prueba; entre tanto, Jaramillo, es un hombre coherente con sus credos políticos, firme en sus posiciones y corajudo en los actos de gobierno cuando ha tenido el poder, así estos disgusten a muchos o pocos.

El breve preámbulo, nos muestra las facetas que, en nuestra opinión, tiene cada uno de los contrincantes. Por eso, mientras Barreto ha convertido a la Gobernación del Tolima en el más grande directorio político del Departamento, con el fin de llevar a su sobrino Miguel Barreto al Senado, poner representante a la Cámara e ir definiendo candidatura a la Alcaldía de Ibagué para dentro de tres años y medio, acude a todo lo que esté a su alcance, incluyendo el presupuesto del Tolima y, por supuesto, el apoyo de los contratistas.

En esas circunstancias, no es extraño que el mandatario seccional recorra los municipios nuevamente en campaña electoral, en esta oportunidad con la manopla de los recursos públicos, prometiendo pavimentaciones, puentes, polideportivos, casas comunales, programas de vivienda, escuelas, puestos de saludad y hasta arreglo de estufas de carbón con tal de pescar votos para su primo y sus candidatos a las corporaciones públicas en las próximas elecciones.

En este contexto, la votación de Ibagué es la joya de la corona para las aspiraciones políticas de Barreto y su familia. Recordemos que la esposa del hoy Representante y aspirante a senador, también tiene contrato de asesoría en el despacho del Gobernador por ocho millones de pesos, y está claro que el mandatorio quiere acabar con los rescoldos del gomezgallismo en el partido conservador y quedarse reinando solo en esa colectividad.

En la consecución de esos propósitos, el Gobernador parece que calculó mal en Ibagué y corre el riesgo de quedar como promesero en otros municipios. Veamos por qué. En primer lugar, no cuenta con los millonarios recursos que ingresaron a su primera administración por concepto de regalías, unos 800 mil millones en su cuatrienio, dos mil por año; ahora, escasamente le ingresarán unos 36 mil y no podrá disponer de ellos en forma personal sino a través del Ocad, que lo integran también alcaldes y el Gobierno Nacional.

En segundo lugar, no contará con los aportes que le hizo Uribe para pagar su reelección por más de 250 mil millones, pues hoy está Santos, y no precisamente en campaña para otro periodo; y con dineros del presupuesto la vemos grave. De una suma de 600 mil millones promedio anuales, escasamente dispones de 30 mil millones para inversión, ya que el resto se irá en salud, educación, participación al hospital Federico Lleras, Universidad del Tolima, gastos de funcionamiento, pago de pensionados, cultura, entre otros, según el diputado Carlos Reyes, integrante de la comisión de presupuesto de la Asamblea Departamental. Es decir, escasamente esos 30 mil millones destinados para inversión, le sirven para pavimentar las 300 calles que está prometiendo Barreto en Ibagué, y ¿el resto del Departamento qué?

Así mismo, el Alcalde de la capital del Tolima no es Jesús María Botero como en aquella época, que fue su títere. Ahora está Guillermo Alfonso Jaramillo, un hombre de carácter muy distinto en todo sentido, al sibilino personaje que puso como sucesor al funesto Luis H. para que le tapara toda su corruptela. En una palabra, Jaramillo no es ningún monigote pegado en la pared y se hace respetar.

Pero en este enfrentamiento de Gobernador-Alcalde hay algo más grave. El afán politiquero de Barreto de llevar a su primo al Senado lo está llevando a violar la Constitución Nacional, que establece en su artículo primero la “(…) autonomía de sus entidades territoriales…”, pues quiere pasar por encima de la primera autoridad municipal. Además, el artículo 298 de la misma norma que define las funciones de los gobernadores, establece claramente que: “Los departamentos ejercen funciones administrativas, de coordinación, de complementariedad de la acción municipal, de intermediación entre la Nación y los Municipios y de prestación de los servicios que determinen la Constitución y las leyes”.

Queda claro, entonces, quién quiere violar competencias y autonomías de las autoridades. Pero no obstante ello, consideramos que si el gobernador Barreto quiere invertir en Ibagué, bienvenidos todos los recursos, siempre y cuando obedezcan a una planificación, una coordinación y a una complementariedad de acción con el municipio, tal y como lo establece la Constitución Nacional. Y algo muy importante, transparencia en la contratación.

Nos preguntamos:

  • ¿Por qué Barreto no invierte en la construcción del acueducto complementario que es la principal obra que necesita Ibagué y que beneficia a toda la comunidad?
  • ¿Por qué el gobernador no invierte en la construcción, arreglo y remodelación de los 28 colegios que iniciarán la jornada única en Ibagué que beneficia a toda la comunidad?
  • ¿Por qué no pavimenta las rutas de buses que benefician a la comunidad en general?
  • ¿Por qué Barreto quiere pavimentar únicamente las calles donde viven ciertos dirigentes políticos de barrio y líderes comunales? ¿Cálculos electorales que favorecen a su primo, familiares y amigos acaso?

Estas preguntas quedan en el tintero para que el mandatario de los tolimenses las responda y que la opinión saque sus propias conclusiones.

Entretanto, les cuento que el alcalde Jaramillo, desde el comienzo de su administración envió como su emisario ante el Gobernador, al secretario de Gobierno Camilo González, quien fue compañero de Barreto en la administración de Carmen Inés Cruz, para lograr puntos de acuerdo y trabajar conjuntamente por Ibagué, pero fracasó. Ojalá el ministro del Interior no corra la misma suerte.

Por último, el Alcalde de Ibagué ha jalonado recursos del Gobierno Nacional por 75 mil millones para el acueducto complementario, 140 mil millones para la jornada única escolar y 19 mil computadores para los estudiantes de Ibagué, entres otros. Y hasta el momento, que sepamos nosotros, a Barreto no le ha llegado ni un peso.

Por el contrario, la situación económica del departamento necesita de de un plan de saneamiento. No entendemos con qué recursos el gobernador va a cumplir tanta promesa politiquera y electorera que está haciendo para llevar a su primo Miguel Barreto al senado.

¿No será que el Gobernador del Tolima está ensillando antes de traer las bestias, como dice la sentencia popular? Ya, al menos, le pasó el primer fiasco con las cámaras de seguridad para Ibagué, cuando quiso ganar indulgencias con camándula ajena. El ministro Cristo le recordó que ese era un programa nacional donde tenían que trabajar conjuntamente la Nación, el Departamento y el Municipio.

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