Inés Pinzón

Opinión

Ibaguereños: más buenos, pero menos tontos

Inés Pinzón

19 de enero de 2025
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Ibaguereños: más buenos, pero menos tontos

No hay virtud en la que me guste trabajar más que en la de la paciencia, debe ser porque cuando se adquiere, muchas cosas buenas en la vida comienzan a suceder, entre ellas que se da el tiempo para gestionar mejor las emociones, además de facilitar una convivencia armoniosa con los demás y por supuesto llevar una vida más equilibrada.

Pero la semana pasada mi muy trabajada paciencia fue puesta a prueba. La prueba pareció, por algún momento, una de esas denominadas “divinas”, en las que somos puestos en una situación difícil o desafiante con el propósito de salir más sabios, más fuertes, más humildes, más perdonados, o quizás, como en mi caso, “aún más pacientes”. Hay coincidencia en varias religiones monoteístas sobre la idea de que Dios permite estas pruebas para fortalecer la fe de las personas, para enseñarnos de algún modo una lección definitiva en nuestras vidas o para ayudarnos a desarrollar nuestras virtudes.

Mi prueba de paciencia consistió en escuchar alabanzas ininterrumpidas de la Convención Nacional de la Iglesia Cristiana Pentecostés de Colombia y el Movimiento Misionero Mundial, desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche, durante cuatro días seguidos. El evento convocó a más de 5.000 personas y fue inaugurado con bombos y platillos por la mismísima Alcaldesa y por su aliado ex alcalde en el coliseo mayor “La fe en Dios” del parque deportivo.

Desde las primeras dos horas del jueves 9 de enero de 2025 mi agotamiento ya era mayúsculo, desde mi casa ubicada en inmediaciones del parque deportivo, me vi obligada sin consideración alguna, a soportar el “ruido” y digo ruido porque aquello no era armonioso, tranquilo, sereno, era realmente un sonido no deseado, molesto e insoportable, generado por una actividad que aunque legítima, tenía efectos negativos en la salud y el bienestar de los míos y de todos los que habitamos el mismo territorio.

El ruido es un contaminante poderoso del medio ambiente, pero a diferencia de otros, es mucho más barato de ser producido, difícil de medir, no deja residuos, no tiene un efecto acumulativo en el medio ambiente, pero no por ello, deja de tener un efecto acumulativo negativo en la salud de las personas expuestas a niveles altos de ruido durante períodos prolongados.

En resumen: estar durante cuatro días expuestos con la aquiescencia de la administración municipal sometidos a más de 10 horas continuas de ruido durante cuatro días consecutivos, es un abierto desconocimiento a los derechos a la salud, a la paz y al medio ambiente sano.

Con esto, no juzgo de modo alguno a las manifestaciones religiosas de cualquier tipo, pero si invito a la reflexión ciudadana, en torno a dos cosas: i) El uso de bienes públicos para congregaciones religiosas, sea esta cual sea. ii) Que cualquier reunión multitudinaria debe atender estándares de medición de ruido, respetando los derechos de quienes se encuentran en el entorno.

Y así como las pruebas divinas son interpretadas como oportunidades de crecimiento, debí sacar de esta prueba lo mejor de mi paciencia. Y como en las pruebas uno también reza, aquí va mi plegaria: “De la unión de la religión y los políticos líbranos señor, de las campañas políticas que promuevan votos en nombre de Dios líbranos señor, del adoctrinamiento para darnos las miserias de lo mismo, líbranos señor. Líbranos también de los mentirosos, traidores, malagradecidos, corruptos, difamadores, déspotas, así como de los malos y de los injustos, y como ciudadanos haznos buenos, pero menos tontos

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