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Pecas: la mascota que vivió 20 años en la Universidad de Ibagué

Esta es la historia del perro que se convirtió en una insignia para los estudiantes, docentes y trabajadores de la Universidad de Ibagué.
Historias
Autor: Paula Sofía Núñez Beltrán
Autor:
Paula Sofía Núñez Beltrán
Pecas: la mascota que vivió 20 años de su vida en la Universidad de Ibagué

A las afueras de la Universidad de Ibagué, cuatro patas caminaban con lentitud mientras su pelaje blanco y notables costillas engañaban a todos los que pasaban por el sector.

Pecas, o también conocido como ‘el rector de la universidad’, recorría partes de la Avenida Ambalá para poder ser libre y luego volver a su hogar: el corazón de la Unibagué.

Generaciones de estudiantes pasaron sus años de pregrado en compañía de ‘la mascota de la U’, quien en momentos paseaba por el campus y generaba miles de suspiros.

“Pequitas era un viejito terco que vivió su larga vida bajo sus propias reglas, un animalito con un alma libre y con una historia larga por contar”, afirmó Laura Rangel, estudiante de Comunicación Social y Periodismo y presidenta de Unibagué Animal. 

En el año 2003, Pecas llegó como un cachorro a la universidad debido a que su ama falleció y se quedó sin hogar. 

"Los profesores y los estudiantes lo alimentaban y por la libertad que da el campus, acogió la universidad como su hogar", describió Jayder Pérez,  funcionario que estuvo a cargo de cuidarlo en sus últimos años de vida. 

Con el paso de los años, la rutina de Pecas no varió. Caminar por el campus, recibir el cariño de la comunidad universitaria y salir a pasear se volvió su día a día, hasta sus últimos años, cuando su salud y vejez ya lo afectaban.

En el año 2020, la Universidad de Ibagué oficializó su relación con Pecas. Por distintas peticiones y el seguimiento del Centro de Atención y Protección Animal CAPA, la institución firmó y acordó tener responsabilidad social sobre la mascota. 

Del mismo modo, durante la pandemia, la vida de Pecas se vio influenciada por la llegada de Jayder, quien por la ausencia de los estudiantes y trabajadores en el campus, fue el principal encargado de cuidar su salud y bienestar.

"La universidad duró sola un tiempo, y en ese momento yo estaba trabajando, así que estuve muy pendiente de él. Me encargaba de darle la comida y llevarlo al veterinario cuando estaba enfermo", relató Jaider.

El día de Pecas iniciaba a las 7:00 de la mañana con su desayuno, el cual estaba compuesto con carne húmeda y concentrado. Después de comer, acompañaba a Jayder dos o tres horas durante su trabajo. Del cansancio, iba a dormir y se levantaba a las 3:00 de la tarde para almorzar y salir a recorrer las calles de Ibagué hasta la medianoche, cuando llegaba a la Universidad a ladrar para que le abrieran las puertas. 

Su relación con los estudiantes también era parte importante de su vida. Como describió Laura Rangel: “Iba a visitarlo cada que podía, limpiaba sus mantitas y me acostaba junto a él mientras le cantaba y le hacía mimos”.

Pecas era la mascota insignia de la Universidad de Ibagué. Los egresados que pasaban por el campus siempre se preguntaban y sorprendían cuando se enteraban de su permanente existencia. La relevancia de él se evidenció en el carnet estudiantil que desde Unibagué Animal se gestionó. 

“Él era parte de nuestra comunidad universitaria, así que solicité a Bienestar Universitario un carnet de canino permanente, ya que él no solo era una mascota, era parte de nosotros”, dijo Laura.

Sin embargo, en la vida nada es eterno. “Por su edad, su cuerpo se fue deteriorando un poco. Empezó a decaer y a decaer hasta que llegó a un punto donde él no podía caminar siquiera,” explicó Jayder.

“La muerte de Pecas fue muy dura porque uno aprende a querer y respetar mucho a los animales. El vínculo que yo tenía con él era demasiado fuerte, porque era un compañero. Cuando yo llegaba, él me esperaba y me perseguía durante mi jornada laboral, hasta que me iba que me acompañaba a la puerta”, recordó. 

Como última solución, después de 20 años de vida, la Universidad de Ibagué tomó la decisión de brindarle un descanso al fiel compañero perruno que acompañó a generaciones de estudiantes y trabajadores de la entidad. Darle reposo después de dos décadas, fue finalizar con dignidad la vida de un ser vivo que dio felicidad con su existencia.

 

 

 

 

 

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