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Los retos y las estrategias de Alfonso Reyes para conducir a la U. de Ibagué en la pospandemia

Una de las principales dificultades que enfrenta la Unibagué, así como el resto de instituciones privadas de educación superior, es la descersión de sus estudiantes. Se estima que unos 600 jóvenes debieron suspender sus carreras por la crisis económica.
Ibagué
Autor: Redacción Ibagué
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Redacción Ibagué
Foto: Cortesía / La Silla Vacía

En dos semanas, Alfonso Reyes Alvarado inicia su segundo periodo al frente de la rectoría de la Universidad de Ibagué.

Regresó porque su proyecto de vida y su familia están en la ciudad, pero también como consecuencia de la pandemia del COVID-19, reconoció en una entrevista con EL OLFATO.

Sabe que esta nueva etapa no será fácil, pues el mundo cambió, la crisis económica del país (y del Tolima) apenas comienza a manifestarse, y los desafíos están a la orden del día.

¿Por qué razón regresó a la Universidad de Ibagué?

Nuestro hogar está en Ibagué desde hace 25 años cuando tomamos la decisión con mi esposa de dejar Bogotá y radicarnos aquí. En esta ciudad creció y se educó nuestro hijo. Cuando decidí regresar a la Universidad de los Andes, hace cuatro años, tenía claro que era por un corto período. Nuestro futuro lo vemos acá. La pandemia aceleró nuestra decisión de un retorno prematuro. Creo que este es el momento para que todos aquellos tolimenses que viven lejos de su tierra apoyen al Departamento, algunos desde lejos, otros regresando, y ese fue el caso nuestro. Cuando el doctor César Vallejo anunció su decisión de retirarse de la rectoría por motivos personales, le manifesté al Comité nominador del Consejo mi interés por regresar a la Unibagué.

¿Cómo recibe la universidad?

Las universidades privadas en América Latina y particularmente en Colombia dependen enormemente de las matrículas del pregrado para ser económicamente viables. Entre un 80% y un 90% del total de sus ingresos provienen de allí. La pandemia ha golpeado muy fuertemente los ingresos de las familias tolimenses y esto ha llevado a una disminución del número de estudiantes de pregrado en las universidades (que se suma a la tendencia que ya venía ocurriendo principalmente por razones demográficas). Todas las universidades privadas, especialmente las de provincia, están pasando por momentos difíciles que las lleva necesariamente a revisar con detenimiento y creatividad su modelo de operación.

La Unibagué es una universidad comprometida con el desarrollo de la región y con la formación de jóvenes, principalmente provenientes de familias de estratos uno, dos y tres. No va a ser fácil mantener el nivel de excelencia que la caracteriza, después de haber sido la primera universidad de la región en ser acreditada institucionalmente como de alta calidad por el Consejo Nacional de Acreditación y el Ministerio de Educación, debido a las consecuencias negativas que dejará esta pandemia. La situación financiera es un reto que todos debemos asumir, directivos, profesores, estudiantes y padres de familia. Es vital para la región mantener viables sus instituciones.

¿Cuáles son sus retos en este nuevo periodo como rector?

El principal reto es guiar y acompañar un proceso de cambio hacia una universidad necesaria para los tiempos que estamos viviendo. Formar buenos ciudadanos que puedan desempeñarse adecuadamente en los diferentes roles que asumirán a lo largo de sus vidas, es el propósito fundamental de una educación humanista (integral) que requiere un país que busca consolidar un proceso de paz largamente esperado. Los jóvenes deben desarrollar competencias ciudadanas y habilidades profesionales sustentadas en una ética del cuidado.

Los proyectos de investigación que adelanta la Universidad, por su parte, deben articularse aún más con la visión de desarrollo del Departamento de tal manera que se integre la investigación básica con la aplicada, y estas dos con procesos de innovación que redunden en emprendimientos perdurables. La proyección, por otra parte, debe dirigirse a las necesidades de actualización permanente de nuestros egresados, del tejido empresarial de la región. Debemos, además, proyectarnos hacia el mundo entero mediante programas completamente virtuales.   

En su reciente paso por la Universidad de los Andes ¿qué de lo aprendido se puede aplicar en la Universidad de Ibagué?

La incorporación de las organizaciones (empresas, instituciones públicas y ONG) en los procesos de formación de los estudiantes. En lugar de que estos dediquen un tiempo considerable a resolver problemas tomados de textos o estudios de caso foráneos, debemos presentarles retos con restricciones reales de nuestras organizaciones. De esa manera su aprendizaje será más auténtico (es decir, relacionado con lo que ocurre en el contexto en el que viven) y tendremos un mayor impacto sobre las organizaciones del Departamento.

En la Facultad de Ingeniería de los Andes empezamos a desarrollar en estos dos últimos años las primeras maestrías completamente virtuales, ofrecidas en castellano, en la plataforma de Coursera (la empresa con mayor número de estudiantes virtuales en el mundo, con cerca de 60 millones de usuarios). Esta experiencia es posible traerla completamente a la Universidad de Ibagué.

¿Se piensa implementar programas educativos a distancia?

Sí, a nivel de postgrado, específicamente maestrías profesionales virtuales y programas en modalidad de educación continua.

¿Qué estrategia van a implementar para la educación a distancia?

Serán programas modulares de no más de ocho semanas, completamente virtuales, de tal manera que los estudiantes (egresados, empresas y público en general) puedan armar sus propias trayectorias de aprendizaje.  

¿Pero piensan abrir programas académicos a distancia?

Solamente a nivel de postgrado. En el pregrado se fortalecerá el empleo pedagógico de recursos tecnológicos. Intentaremos movernos hacia un modelo de universidad híbrida.

¿Los estudiantes seguirán en modalidad de estudio virtual durante lo que resta de este año?

Así es: el riesgo de contagio aún subsiste. El virus no ha desaparecido, aún no existe una vacuna disponible y tampoco un tratamiento que permita reducir considerablemente el riesgo de muerte, especialmente para personas vulnerables. Las experiencias de otras universidades en el mundo han mostrado que, aun cuando los estudiantes cumplan con los protocolos de bioseguridad dentro del campus universitario, no es fácil evitar el riesgo de su contagio por fuera de este.

Nuestra principal preocupación institucional en ese aspecto es con la salud de nuestros estudiantes, de sus padres y familiares, así como de nuestros profesores y profesoras, y demás funcionarios. Creo que la curva de aprendizaje de estos últimos meses, sumada a la experiencia que venía adquiriendo la universidad desde hace una década, permite mantener una buena gestión académica y administrativa remota.

¿Qué aspectos positivos ha dejado la pandemia por la COVID-19 en la Universidad?

En general, la pandemia ha hecho posible hacer un uso masivo de la tecnología que se había demorado por limitaciones que eran perfectamente superables. Universidades que tenían planes atrasados de hacer uso de la virtualidad en procesos de formación tuvieron que hacer el tránsito en unas cuantas semanas. Personas que no confiaban en las transacciones financieras virtuales, ahora lo hacen de manera natural.

Tenemos una mayor consciencia de que no existen límites espaciales para sostener relaciones productivas. Desde reuniones de consejos y eventos académicos hasta la gestión de proyectos pueden involucrar a personas que se encuentren en cualquier parte del mundo. Esto abre inmensas posibilidades para una novedosa gestión académica.

Se puede decir que un aspecto negativo de la pandemia es la deserción de estudiantes ¿qué porcentaje de jóvenes dejaron de estudiar en estos seis meses?

Para este segundo semestre se estima que cerca de 600 jóvenes no pudieron matricularse en la Universidad por razones económicas.

¿Cómo evitar una mayor deserción?

El problema claramente escapa al ámbito de operación de la propia universidad. La universidad pública tiene un mayor margen de maniobra, por ejemplo, el programa de cero-costo de las matrículas para estudiantes de la Universidad del Tolima, con recursos de la Gobernación, es un apoyo muy importante para sus estudiantes. Esto no es posible hacerlo en las universidades privadas que, siendo instituciones sin ánimo de lucro, reinvierten la totalidad de sus excedentes en su propia operación. La Universidad de Ibagué debe buscar otras fuentes de financiación y, al mismo tiempo, apoyar hasta donde sus propias limitaciones le permitan, a los estudiantes que requieran de apoyo financiero para continuar con sus estudios.

Desde su experiencia: ¿qué se puede hacer para reducir la alta tasa de desempleo juvenil en Ibagué?

Una alternativa es ofrecerles la posibilidad de que se formen en corto tiempo (tres a seis meses) en habilidades que les permita vincularse a trabajos que tendrán alta demanda, como aquellos relacionados con el pensamiento computacional (el ministerio de las TIC acaba de lanzar un programa en esa dirección), o que les permita generar recursos rápidamente. Es una estrategia que los países anglosajones denominan: learning and earning(aprenda y emprenda).

 
 
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