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"Ibagué tiene media población desempleada y solo hay silencio en la Alcaldía, en los gremios y en la academia": Eduardo Bejarano

El columnista, analista y exfuncionario del Ministerio del Trabajo Eduardo Bejarano analizó el crítico momento social y económico que enfrenta Ibagué. La ciudad tiene 78.000 desempleados y 202.000 personas inactivas, es decir, que se cansaron de buscar una oportunidad en el mercado laboral.
Ibagué
Autor: Luis Eduardo González
Autor:
Luis Eduardo González
Foto: Archivo particular

El Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) dio a conocer esta semana el crecimiento histórico de la tasa de desempleo en Ibagué, que alcazó el 31.7 %. Esto siginifica que unas 78.000 personas perdieron sus puestos de trabajo en el periodo entre marzo y mayo.

Pese a la gravedad de estos indicadores, el silencio de las autoridades ha sido evidente. El alcalde Andrés Hurtado y los gremios económicos no se han pronunciado, y nadie conoce el plan a seguir en días tan turbulentos como los que enfrenta la ciudad en materia económica.

Por esa razón, EL OLFATO dialogó con el analista, columnista y exfuncionario del Ministerio de Trabajo Eduardo Bejarano, con quien analizamos el difícil momento de Ibagué.  

¿Cómo analiza las cifras de desempleo en Ibagué que entregó el DANE?

Son muchos los adjetivos y análisis que le cabrían a esta cifra. Estamos viviendo una verdadera recesión como consecuencia de la contracción de la demanda, sin que estemos seguros cuándo vamos a tocar fondo, pues muchos creen que lo peor ya pasó y eso no es así. Hay que señalar que si bien es cierto hay efectos inmediatos como la destrucción de miles empleos, las secuelas de mediano y largo plazo pueden ser inclusive más severas y dificiles de afrontar.

Pero ojo, creo que el tema es mucho peor que ese 31.7%, pues el DANE ubica a muchos en el rango de inactivos que en últimas también incluye a muchos desempleados que, por diversas razones, ya no están en la búsqueda activa de empleo. La cifra de inactivos es también impresionante, pues pasó de 164.000 en mayo de 2019 a 202.000 en mayo de 2020. Entonces si usted suma hoy esos 202.000 inactivos y los 78.000 desocupados al mes de mayo, estamos hablando de cerca de 280.000 personas en la ciudad de Ibagué.  Esos 280.000 representan el 51% de la población local.

¿Cuáles son los efectos de mediano y largo plazo?

Pues vea: no solamente vamos a seguir viendo en las próximas cifras del DANE números rojos, sino que esto tendrá un efecto perverso en los logros que el país y la región habían alcanzado en términos de reducción de la pobreza. Le doy unas cifras: A principios de siglo, la población por debajo de la línea de pobreza monetaria en el país era del 49.7% y para el 2018 ya era del 27%. Ese fue un salto social impresionante que se va a desdibujar en cuestión de meses. En este escenario, el país será testigo de mayores niveles de pobreza.

¿Entonces la peor consecuencia no es el desempleo sino la pobreza?

Esos dos elementos van de la mano. La contracción de la demanda genera desempleo y a mayor desempleo generalmente mayores niveles de pobreza. Se lo ilustro con una cifra: un estudio reciente de la Universidad de los Andes sugiere que como consecuencia del COVID-19, la pobreza podría subir 15 puntos solamente este año, lo cual nos devolvería a los niveles de pobreza monetaria del 2010. Ahí si estaríamos hablando, en términos de pobreza monetaria, de la “década perdida” para el país.

Aterricemos un poco a la realidad local. Todos estos temas de pobreza, ¿cómo impactarán a Ibagué?

La ciudad venía siguiendo la tendencia nacional en términos de pobreza, con cifras inferiores a la media nacional. Sin embargo, vea usted, las cifras oficiales indican que la ciudad se empezó a descarrilar en los últimos tres años, al pasar de una tasa de pobreza 17,3% en 2016 al 18,1% en 2018. Así las cosas y si tomamos de manera un poco laxa las predicciones del estudio que le mencioné de los Andes, estaríamos hablando que para finales de 2020 la pobreza monetaria en Ibagué podría rondar el 30%. Gravísimo.

Pero un momento. Esas cifras sobre pobreza en Ibagué entre 2016 y 2018 que usted subraya, ¿no coinciden con el deterioro del empleo en la ciudad desde el 2016?

¡Bingo!

Ya veo para dónde va el tema. Entonces: ¿la anterior administración municipal tiene una alta cuota de responsabilidad?

Pues para que no se diga que soy tendencioso o me vuelvan a bautizar como “enemigo de Ibagué”, como en el pasado lo hicieron Luis H. Rodríguez y Jaramillo por mis denuncias sobre corrupción, lo invito a que revise las cifras de desempleo, informalidad laboral, desempleo juvenil, pobreza monetaria y pobreza multidimensional entre el 2016 y diciembre de 2019. Todas sin excepción en franco deterioro.

Y si a esto le sumamos la absoluta ausencia de políticas para la promoción del empleo y la industria, además de la irresponsabilidad fiscal y tributaria con la cual se “manejó” la ciudad entre el 2016 y el 2019, usted lo que tiene es un coctel molotov social que dejó a la capital del Tolima en un alto grado de vulnerabilidad que hizo que los efectos del COVID en el empleo y la pobreza sean mucho más severos.

Pero no pierda la esperanza: de pronto los veedores y actuales denunciantes que hoy todo lo ven pero que antes eran ciegos, sordos y mudos, le salen con un análisis ponderado de los efectos económicos de la pandemia y con soluciones mágicas para salir de la crisis.

Complejo panorama el que tenemos. Entonces, ¿qué hacer? ¿hay algunas alternativas?

Pues primero entender que debe haber cuando menos dos tipos de estrategias: las inmediatas y las de largo plazo. Las inmediatas, bien o mal, se están tomando en articulación del gobierno nacional, a lo que agregaría revisar las políticas de inversión pública para privilegiar actividades intensivas en mano de obra, especialmente dirigida a jóvenes.

Pero las de largo plazo, y hablando de Ibagué, se suponía que estarían consignadas en el Plan de Desarrollo Municipal, y honestamente lo que veo después de una juiciosa revisión, especialmente en los temas de lucha contra la pobreza y reactivación económica, son muy buenas intenciones pero estrategias y metas débiles ante la dimensión de la crisis. Pero más allá de eso, advierto una marcada dispersión de ideas, esfuerzos y visiones desde diversos sectores, y eso le va a hacer perder valioso tiempo a la región.

¿Y quiénes son estos dispersos?

Pues casi todos. Usted ve a unos gremios que no suman en esta crisis, los veo en su mayoría ausentes, desenfocados y como es natural privilegiando sus intereses. La academia tampoco tiene un rol activo y determinante para producir información y análisis que sirvan como guía para navegar las turbulentas aguas de esta crisis. Los centros del estudio y organizaciones como la Asociación para el Desarrollo del Tolima (ADT) o ARCO, no se sabe si todavía existen o si solo producen cuando la manivela del presupuesto público las pone a funcionar. Y muchos tolimenses que tienen experiencia y conocimiento en muchas áreas tampoco suman. O sumamos, porque ahí me voy a incluir yo, pues en este embrollo estamos metidos todos y todos debemos aportar en la solución.

Entonces es hora de que alguien lidere, que dirija la orquesta y que se sincronicen las acciones desde lo público, lo privado y la sociedad civil con unos objetivos económicos y sociales claros y realistas. Pretender que desde lo público se resuelvan todos los problemas es ilógico e insensato.

Nos deja preocupados con su percepción…

Ciertamente es para preocuparse pero también para pasar a la acción y ser creativos. Esta coyuntura es una oportunidad única para reinventarnos como ciudad y departamento y para deshacernos de los históricos lastres e irreales y vestustas “visiones” que lo que hicieron fue atarnos con más fuerza al subdesarrollo. Y en cuanto a estos vaticinios, ojalá yo esté equivocado y la factura no sea tan alta.

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