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El hombre que ha tapado huecos en las calles de Ibagué desde hace 20 años

Una historia que no romantiza la pobreza, sino que exalta la labor de un hombre que encontró en el pésimo estado de la malla vial una oportunidad para trabajar.
Ibagué
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
El hombre que ha tapado huecos en las calles de Ibagué desde hace 20 años

Las oportunidades son para aprovecharlas, dicen las mamás. Algunos se lo toman tan en serio que se convierten en su estilo de vida, como lo ha hecho Luis Fernando Hernández con el pésimo estado de la malla vial en Ibagué.

¿Cómo lo hizo? La respuesta es sencilla, pero la ejecución no: tapa huecos en las calles de la ciudad desde hace 20 años.

“Yo trabajaba lavando buses. Me iba con los compañeros de los buses a ayudarles a cobrar y había muchísimos huecos. Entonces un día decidí que los iba a tapar, lo hice y me fue bien”, contó.

Así pues, lo que ganó tapando uno que otro hueco, de los cientos que hay en Ibagué, le sirvió para comprar comida.

“Hice más de lo que hacía lavando los buses, porque ganaba $10.000. En cambio, vine aquí a El Salado, tapé huecos y me hice $15.000 - $16.000”, precisó.

Pese a que ese no es un trabajo deseado con un sueldo que cualquiera querría, Luis Fernando se encuentra muy agradecido, pues para él ayudar a los demás y tener lo del día a día le basta.

“Me gustó y ya llevo 20 años tapando. Me nació eso de ser amable con la gente, porque también las motos, los carros, cogen un hueco y se les dañan las llantas”, dijo.

Y agregó: “me gusta mucho hacer esta gran labor. La gente ya me reconoce, gracias a Dios, y me colabora”.

La malla vial de Ibagué ha sido un dolor de cabeza de todas las administraciones locales, pues, debido al mal estado del sistema de acueducto y alcantarillado, cuando tapan un hueco se abren 10 más, dándole más trabajo a Hernández, algo por lo que está agradecido.

“La Alcaldía me deja trabajar. Nunca han venido a decirme que me quite o me  vaya de aquí. Agradezco por eso, porque gracias a Dios que esto nos ha quitado el hambre y a mis hijos y a mí”, señaló.

“Nunca me voy pelado (sin dinero), así sea para una panela, un pan, leche y café. Además siempre me estoy reinventando”, dijo.

Para hacer su labor, Luis Fernando requiere de pocos materiales: tierra y trozos de asfalto que encuentra por ahí, una pala, carretilla, canecas, su sombrero para el sol y una camisa como tapabocas para protegerse del polvo.

“Los materiales los saco de donde los vea más cerquita. Digamos, yo veo un montón de asfalto o tierra, y si voy a tapar acá, traigo una carretilla o la cicla con las canecas”, puntualizó.

Y añadió: “yo voy y así sea que los tape bien, bien, pero se evita que vaya a haber un accidente o que se les vayan a estallar las llantas a los carros y motos”.

El hombre ha sido todo un nómada en Ibagué, pues en la ciudad tiene gran campo de acción: ha recorrido calles y avenidas tapando solo huecos.

“He estado en casi todo Ibagué. He tapado en el centro, pero más que todo he tapado siempre acá para este lado de El Salado, en la avenida Ambalá”, señaló.

Sin embargo, también ha hecho presencia en Boquerón, San Isidro, El Gaitán, la Guabinal, entre otros.

“Ahorita es que ya casi no subo por allá, pero yo he ‘camellado’ todo eso. Por eso hay harta gente que me distingue, gracias a Dios”, aseveró.

Esta historia, como muchas otras, no pretende romantizar la pobreza, sino exaltar la labor de un hombre que, en medio de las dificultades personales y de infraestructura, encontró una forma honrada de trabajar.

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