fbpx Benjamín Ortiz: de recolector de café en Ibagué a Magistrado del CNE | ELOLFATO.COM - Noticias de Ibagué y Tolima Pasar al contenido principal

Benjamín Ortiz: de recolector de café en Ibagué a Magistrado del CNE

El tolimense Benjamín Ortiz Torres es ejemplo de perseverancia y disciplina. Creció en la vereda Santa Teresa, de Ibagué, donde comenzó su vida como agricultor. Hoy se posesiona como magistrado del Consejo Nacional Electoral.
Ibagué
Autor: elolfato.com
Autor:
elolfato.com
Benjamín Ortiz: de recolector de café en Ibagué a Magistrado del CNE

Su voz es enérgica, clara, con las palabras precisas para describir lo que ha sido su vida laboral, desde que comenzó a recolectar café en las montañas del Tolima.

Los recuerdos más destacados de Benjamín Ortiz Torres, quien desde este miércoles 7 de septiembre será magistrado del Consejo Nacional Electoral, comenzaron cuando tan solo tenía seis o siete años de edad.

En ese tiempo, Benjamín ya tenía su propio canasto y su indumentaria precisa para recolectar la cantidad de café que su cuerpo le permitiera cargar, y así ayudarles a sus padres, que trabajaban como agregados de una finca en la vereda Santa Teresa, de Ibagué.

“Somos de una familia muy humilde, pero muy feliz siempre. Trabajamos echando azadón, también irrumpimos en el mercado de los pollos de engorde. Luego, a los casi 12 años, fui vendedor puerta a puerta en barrios como La Pola, Belén, La Macarena. Uno pasaba para que las familias compraran las frutas y verduras, fui muy buen vendedor, y quedaba uno contento porque con eso contribuía a la economía del hogar. Después, compraba productos por bultos para revender en la plaza de Chapinero o de La 21”, cuenta el nuevo magistrado tolimense.

Cuando conoció la plaza de mercado y empezó a recibir más dinero, se cuestionó sobre su estudio, pensó que no lo necesitaba y dejó el colegio al terminar segundo de bachillerato (ahora séptimo). “Dije: que estudien los que no ganan plata y no saben cómo se hace el billete. Empecé a disfrutar otras actividades, me volví perezoso para el estudio, pero desde muy pequeño me interesé por la lectura, por la poesía, por la literatura, eso hizo que yo ocupara lugares en entidades públicas desde joven”.

La oratoria, habilidad y pasión

La vida de este tolimense se ha consolidado a punta de trabajo y esfuerzo. Gracias a su pasión y habilidad oratoria, desde muy joven Ortiz Torres trabajó con políticos y líderes para la elaboración de discursos que le permitían llenar plazas y captar la atención de decenas de ciudadanos.

Por sus habilidades en la plaza pública, el ahora magistrado siempre admiró al ibaguereño Alberto Santofimio, quien fue ministro de Justicia durante la presidencia de Alfonso López Michelsen en 1974, además de dos veces candidato presidencial y senador.

Desde su juventud, Ortiz Torres cultivó una gran amistad con Flavio Augusto Rodríguez, quien para esa época era secretario de Gobierno de Ibagué y a quien Benjamín le hacía mandados o le colaboraba en lo que pudiera. “Un día, me llamó a su despacho. Me dijo que si yo no estudiaba, dejábamos de ser amigos, porque a él le daría mucha tristeza que alguien a quien quiere mucho no saliera adelante. Para él soy como un hijo adoptivo, porque además mi padre falleció cuando yo era pequeño. Entonces le dije que para estudiar necesitaba trabajar”, relató el magistrado tolimense.

Por esto, Rodríguez le ayudó a conseguir un trabajo como vigilante en el Politécnico Luis A. Rengifo, donde laboraba por turnos, con tranquilidad y con un salario que le permitía cubrir sus necesidades y terminar el bachillerato en la jornada nocturna.

“Me advirtió que tenía que estudiar, de lo contrario me despedían. Me matriculé en el Instituto Nocturno Simón Bolívar. Logré terminar la secundaria por los discursos, porque yo la verdad era muy flojito, sobre todo para las matemáticas. Un profesor me dijo que me inscribiera en concursos de oratoria para representar al colegio, siempre me los ganaba y me los valían como un 10 para las materias. Así pasé trigonometría, física, matemáticas”, cuenta el magistrado.

Relata que una tarde, en una eucaristía del sacerdote Javier Arango Jiménez, el religioso le manifestó que Monseñor Joaquín Flórez quería hablar con él. “Al día siguiente fui a la cita, monseñor me dijo que me admiraba por mi forma de expresarme. Era la época del Concordato y me dijo que la Iglesia era víctima de un ataque, me pidió un discurso en la Plaza Murillo y yo siempre me soñaba dando un discurso en ese lugar”.

Llegó el día para lucirse. La plaza estaba a reventar, las piernas, las manos y el cuerpo entero de Ortiz Torres temblaban de los nervios. “Pensé que estaba encartado, que iba a pasar una vergüenza. Sin embargo, luego de que hablaron otros personajes importantes en la ciudad, seguí yo y en minutos todo el mundo se silenció. Entendí que el discurso estaba muy bien, que tenía la atención de la plaza. El arte de las palabras me abrió muchas puertas luego de eso”, dijo.

Derecho, amor y enseñanzas para la vida

Cuando terminó el bachillerato, el mismo Flavio Rodríguez le ofreció irse con él para Bogotá, pues lo nombraron como director del Registro Nacional de Abogados. Ortiz Torres aceptó y en esa ciudad comenzó a estudiar Derecho en la Universidad La Grancolombia, mientras trabajaba como auxiliar en el Consejo Superior de la Judicatura.

Era la década de los 90 y el ahora magistrado sabía que no era tan joven para estar empezando su carrera, por lo que se consagró a los estudios, tanto que logró el mejor promedio siempre. “Conocí a mi esposa, Leito, a quien nombro cada vez que puedo porque me ayudó a cumplir todos mis sueños y siempre me acompaña. Hace 16 meses el Redentor se la llevó, tomó como pretexto un cáncer para tenerla. Por cinco años pude estar a su lado en su enfermedad, disfrutamos y compartimos mucho”, recuerda con palabras cariñosas a quien lo acompañó por 27 años y con quien tuvo dos hijos, unos mellizos que están cerca de los 23 años de edad.

De su compañera de vida destaca que era una mujer humilde, cariñosa y honesta, quien también estudió en La Grancolombia. La conoció en el Registro Nacional de Abogados y de inmediato quedó atrapado por su ternura, su dulzura y su honestidad. “Ella desde el cielo me acompaña, vivimos con tranquilidad, aprendimos a no generar apegos, a disfrutar de las personas y a ser buenos con ellos para que cuando uno debe empacar para no regresar, uno está tranquilo por haber hecho todo por los seres que ama. Ella siempre será fuente de inspiración”.

Para cuando se graduó de Derecho, Ortiz Torres era funcionario del Registro Nacional de Abogados y siguió sus estudios en la Universidad del Rosario, donde se especializó en Derecho Administrativo. Allí comenzó otro sueño: ser docente, labor que desempeña desde hace 23 años y una de las actividades que más alegrías y satisfacciones le generan.

Luego de varios años, dejó su cargo en el Registro y pasó a la Superintendencia de Puertos y Transportes, donde se desempeñó como profesional especializado. En el 2002 emprendió su paso por el Consejo Nacional Electoral, a donde llegó con la convicción de ser magistrado. Tuvo varios cargos, entre ellos el de secretario general. “Me fui dos años para la Contraloría porque estaba convencido de que debía dejar de ser secretario para ser magistrado. Me fui para esperar que llegara el momento”, manifestó. En ese tiempo también trabajó como secretario general de la Registraduría Nacional, cargo que ocupó hasta el viernes pasado. “Quería ser magistrado y lo logré”, dice con orgullo.

Cinco secretos para lograr las metas

Para Ortiz Torres son cinco las claves para lograr lo que cada ser humano se propone: la primera es desarrollar cualquier actividad con alegría, ya sea la de agricultor, la de recolector de café, la de vendedor en la plaza. “Quien hace algo porque le toca, así trabaje 26 horas al día, siempre estará desocupado”.

Lo segundo es soñar y creer en la capacidad de realizar los sueños. La tercera clave está en confiar en las capacidades propias. La cuarta es aprovechar las oportunidades que la vida le presenta, y la quinta, mantenerse fiel a sus principios y a sus valores. “Con el nombramiento, de mí no se ha dicho nada malo. Quienes me han acompañado en la vida saben que este es el fruto de mis esfuerzos, de mi trabajo. Uno lo puede todo en la medida en que crea que puede, trabajando con seguridad, con moralidad”, concluyó el magistrado tolimense.

Desde hoy este ibaguereño tendrá la investidura como nuevo magistrado del Consejo Nacional Electoral, y espera seguir viviendo su vida con plenitud, con alegría y disfrutando de la música que tanto le gusta y a la que le ha escrito crónicas y reportajes, gracias a su afinidad también con el periodismo.

“Soy melómano consagrado, escribía historias de las canciones, de las inspiraciones de esas canciones, y esto me dio conocimiento grande de la música, tanto que me pedían notas e historias. Además, he hecho programas de tango. Tengo la satisfacción de que he logrado todo lo que me he propuesto con la ayuda de Dios, que siempre ha guiado mi camino”.

Temas relacionados 
© 2024 All reserved rights.
Diseño y desarrollo web por Micoworker