Pasar al contenido principal

Alcaldía de Ibagué omite controles a las ‘chivas rumberas’ y desatiende las exigencias de Mintransporte

El Gobierno Nacional es claro en que deben imponerse sanciones por el exceso de ruido y permitir la ingesta de licor de sus ocupantes sin ningún tipo de seguridad.
Ibagué
Autor: Redacción Ibagué
Autor:
Redacción Ibagué
Alcaldía de Ibagué omite controles a las ‘chivas rumberas’ y desatiende las exigencias de Mintransporte

Las chivas rumberas en Ibagué tienen cansados a los residentes de barrios como El Limonar, Prados del Norte, Cádiz, Hipódromo, El Carmen y La Pola, entre otros, debido al exceso de ruido que emiten al transitar por la ciudad, todas las noches, de domingo a domingo, entre las 7:00 de la noche y las 3:00 de la mañana. 

“No es solo el ruido al pasar por el frente de la casa. A nosotros nos toca aguantarnos el ruido ensordecedor cuando se estacionan en la calle a esperar a sus clientes. Son 15 o 20 minutos de música a todo volumen”, dijo Cecilia Arévalo, residente de Prados del Norte. 

Algo parecido enfrentan los vecinos de San Simón y el barrio Hipódromo. “Los conductores de las chivas paran frente a La Sultana para que sus pasajeros compren licor. Fácilmente nos ponen la serenata media hora y nadie puede hacer nada. Me parece el colmo esa vagabundería. No es solo los fines de semana. Entre semana, cuando la gente tiene que trabajar, lo despiertan a uno con esa música”, dijo Juan Carlos Rodríguez, habitante del barrio San Simón.

Pero las chivas rumberas no solo se estacionan sobre la Quinta para comprar licor. También lo hacen para que las mujeres hagan sus necesidades fisiológicas en los baños de las estaciones de servicio ubicadas sobre este corredor vial. 

“A las 12:00 de la noche, cuando ya van bajando del centro, y han consumido agua y licor, deben parar para que las niñas orinen en las estaciones de servicio. Por ejemplo, en la gasolinera de la 29 con Quinta, les prestan los baños y esas mujeres pasan la vía corriendo y alicoradas. Como es un solo baño para 10 o 15 mujeres, pues el chofer de la chiva debe esperar con ese carro a todo volumen. Uno a esta edad (65 años), lo despiertan y le cuesta dormirse otra vez”, afirmó Ruth Bohórquez, propietaria de una casa del barrio Hipódromo. 

Debido a estos reclamos, la personera de Ibagué, Johana Ardila, le ha enviado dos requerimientos al secretario de Movilidad, Juan Carlos Núñez, exigiéndole controles en la operación de este servicio, pero no hay ninguna respuesta de la Administración Municipal. Los oficios fueron enviados el pasado mes de octubre. 

Por eso, la Personería de Ibagué realizó controles, pero los conductores de las chivas rumberas los pasaron por alto. “Nosotros acudimos a los lugares en los que suelen esperar a sus clientes. Allí les hicimos recomendaciones sobre el ruido y el consumo de bebidas embriagantes, pero, después de salir del lugar, a las pocas cuadras, suben el volumen y no hay cómo regularlos. No hay una agremiación, cada uno presta el servicio como quiere”, expresó Ardila. 

Esa versión fue validada por el jefe operativo de la secretaría de Movilidad, Mauricio Visash. En esa dependencia no tienen ni siquiera los números telefónicos de los representantes de las empresas que alquilan las chivas rumberas.

“Necesitamos reunirnos con ellos para poder agilizar varios temas”, expresó el funcionario. 

Al parecer, las autoridades locales desconocen el contenido de una resolución del Ministerio de Transporte, emitida el 10 de abril de 2014, y en la que se les pide imponer comparendos a las chivas rumberas si violan el Código Nacional de Tránsito.

“Se ha detectado que algunos vehículos: buses abiertos, chivas o escaleras que ofrecen el servicio de ‘chivas turísticas’ ponen en riesgo no solo a las personas que en ellos se movilizan, sino también a los demás actores de la vía, como consecuencia de la circulación con sobrecupo, pasajeros de pie, ausencia o el mal uso de cinturones de seguridad y las modificaciones y/o cambios en las características propias homologadas, sin previa autorización por parte de la autoridad competente, afectando las especificaciones técnico-mecánicas, ambientales, de pesos, dimensiones, comodidad y seguridad, que este tipo de vehículo requiere”, señaló el documento.

“Sumado a lo anterior, se debe tener en cuenta que los buses abiertos, chivas o escaleras que ofrecen el servicio de ‘chivas turísticas’ generan perturbaciones al orden, a la movilidad y a la sana convivencia ciudadana, debido al exceso de ruido y uso de luces intermitentes, o de alta intensidad (estroboscópicas) prohibidas por las normas de tránsito. Además de generar situaciones riesgosas al promover la ingesta de bebidas alcohólicas por parte de los usuarios dentro de un vehículo en movimiento, aumentando así los factores de inseguridad”, advirtió el Ministerio.

Una cosa es una chiva turística y otra una pista de baile sobre un planchón

Varios abogados consultados por EL OLFATO insisten en que no existe norma jurídica que avale la operación de las chivas rumberas, pues no son vehículos de transporte de pasajeros, con sillas y cinturones de seguridad, sino pistas de baile sobre un planchón cerrado.

 

© 2022 All reserved rights.
Diseño y desarrollo web por Micoworker