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Ibagué ¿ciudad inteligente o estúpida?

Soportado en gran medida en el acelerado crecimiento y  posicionamiento de las tecnologías de la información y la comunicación en un mundo globalizado, el concepto de inteligencia es cada vez más común en cualquier tipo de iniciativa orientada al bienestar de una sociedad.

Según la Real Academia de la Lengua Española, este término está asociado con la capacidad  de entendimiento y compresión, de resolver problemas, así como con las habilidades, las destrezas y la experiencia de un sujeto.

Etimológicamente, el término viene del latín “intelligentia” relacionado con la cualidad de alguien para saber escoger entre varias opciones, dicho de otro modo, para tomar buenas decisiones.  Por su parte,  la estupidez está relacionada con la torpeza notable para  comprender las cosas, algo opuesto a la inteligencia. Entonces, la solución de problemas involucra personas capaces de comprenderlos y de tomar las mejores decisiones.

Este concepto se ha trasladado  a distintos escenarios, entre los cuales se encuentran los territorios. Por ejemplo , una ciudad inteligente es, según la Guía de Territorios Inteligentes del Observatorio de Sociedad, Gobierno y Tecnologías de la Información,  aquella que incorpora la sostenibilidad ambiental como aspecto central de su estrategia de desarrollo humano y urbano, utiliza las tecnologías de la información y la comunicación para mitigar y minimizar el impacto de las actividades humanas en el medio ambiente, pero sobretodo, es aquella que innova, promueve la generación de conocimiento y fortalece el capital humano para introducir nuevas formas de gestionar sus recursos, de operar y de acceder a la información.

Relacionando lo anterior con la conceptualización inicial, una ciudad inteligente puede ser aquella que asume la innovación y el conocimiento como una o la principal vía para tomar mejores decisiones,  contrario a  una ciudad estúpida,  en la que con notable torpeza no se comprenden los problemas y donde imperan las ideas retrogradas y  carentes de imaginación.

Pero  indiscutiblemente la noción de inteligencia pasa por los individuos, son estos los que la poseen y las ciudades terminan siendo su reflejo. En los últimos años, Ibagué se ha sumido en un profundo estancamiento de la calidad de vida; la educación, la salud, el empleo, la movilidad, la cultura, la tecnología, entre otros, no son mejores que antes.

No es posible  soportar más estupidez, por eso es preciso hacer  un llamado a rechazar el continuismo, la mediocridad y la torpeza, para  posibilitarle a Ibagué una ruta hacia la “intelligentia”, para esto solo necesitamos gente capaz.

*Politóloga

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