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Ibagué 471 años: grandes retos por resolver

El amor que profeso por la capital musical de Colombia, ciudad que me vio nacer, crecer, afrontar dificultades y conquistar propósitos, hace que me llene de alegría en estos 471 años de existencia.

Y hablo con optimismo porque, a pesar del acumulado histórico de fracasos gubernamentales, esta fecha nos debe llevar a pensar sobre su pasado, presente y futuro, y los grandes retos que tenemos que afrontar como ciudad. La resignación no resuelve nada, el optimismo, el menos nos da una oportunidad para avanzar.

El tiempo ha traído consigo cambios importantes, pero también ha permitido conservar elementos que inflan el orgullo y desatan la nostalgia: el Cañón del Combeima, los ocobos, el 'coloso de la 37', su pintoresco paisaje natural y el calor de su gente.

No obstante, el mismo amor que cientos de miles ibaguereños sentimos por nuestra ciudad, forja el deber cívico de defenderla, recuperar su gloria, trabajar por su desarrollo y exponer sobre la palestra pública aquellas realidades que enlodan su grandeza y estancan su progreso. 

Mientras la institucionalidad local y regional, por la ciudad o por una imagen de desaprobación del 63,2%, se gasta el dinero público a ritmo vallenato, en francachela, comilona, comparsas, fuegos artificiales y otras herramientas para el gozo y disfrute popular, además de un espectacular cubrimiento mediático con el propósito de celebrar el natalicio de nuestro terruño, nos embarga el deber de compartir algunas apreciaciones, quizá impopulares para este día, pero demasiado importantes para el resto de nuestra existencia. 

En algunos puntos, Ibagué parece estar cumpliendo 451 años en lugar de 471. Ya no existe la glorieta del Óptimo, la tribuna norte del Manuel Murillo Toro fue construida, la tercera es de tránsito peatonal y, sobre los lotes de la 60, se construyeron importantes centros comerciales; sí, muchas cosas han cambiado, pero, luego de 20 años, muchas otras más también persisten. 

Parte de este rezago lo observamos en el pésimo estado de las vías, en la incapacidad de construir las grandes obras de infraestructura que demanda la ciudad, la obsoleta red semafórica, las obras inconclusas como los mega-colegios, el acueducto complementario y los escenarios deportivos, éstos últimos, poco a poco se vienen recuperando entre  ruidos y dudas respecto su contratación.  

El perímetro urbano creció aproximadamente 2.900 hectáreas en las últimas décadas, donde más del 90% de la población depende del río Combeima y la quebrada Cay para que se les garantice el suministro de agua potable, sin embargo, estas zonas tienen graves debilidades geomorfológicas que dificultan garantizar la prestación del servicio de manera permanente.

Urge repensar soluciones para los permanentes cortes de agua que padecen los ibaguereños cada vez que llueve en el cañón del Combeima. 

Las redes de acueducto y alcantarillado tienen mas de 50 años, condición que sigue generando la aparición de enormes cráteres en las vías del municipio, esto obedece a un cúmulo histórico que, a la fecha, hace necesario el remplazo de tubería, la cual, según el Gerente del IBAL, José Rodrigo Herrera, equivale a la distancia lineal entre Ibagué y Santa Marta.  

Hablamos del 70% de la red de alcantarillado y el 40% de la red de acueducto, un problema cuya solución le costaría al municipio más de $2 billones. 

El más reciente informe del programa 'Ibagué Como Vamos' analizó el entorno económico de la ciudad y como esta fue una de las más fuertemente golpeadas por la pandemia en las finanzas familiares por causas de la parálisis económica en el año 2020. 

Asimismo, indicó que el 74% de los encuestados señaló que él o algún familiar perdió su empleo, el 45.7% dijo que sus ingresos no le alcanzan para cubrir sus gastos, el 44% de los encuestados manifestó que la situación ha empeorado, el 60% se siente inseguro, el 63.2% dijo que la gestión del alcalde Hurtado es mala y el 52.9% no está de acuerdo en la forma como la alcaldía atendió la emergencia del coronavirus. 

Parece que luego de la crisis económica del 99 y la terminación de los beneficios ofrecidos por la ley 44 de 1987, la ciudad nunca se pudo recomponer, en el mismo ritmo o intensidad, que las otras ciudades del país. 

La ciudadanía tiene derecho al festejo, pero la ciudad también tiene derecho a ser pensada con orden y responsabilidad, tiene derecho a un proyecto basado en ideas, no al usufructo de su poder para hacer negocios y garantizar triunfos electorales en otras corporaciones.

El mejor regalo que se le puede ofrecer a nuestro municipio es una ciudadanía consciente, crítica, comprometida, dispuesta a defenderla, cuidarla y protegerla, el mejor regalo que se le puede ofrecer es una administración que la piense, la quiera y obre para su bienestar, presente y futuro.  

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