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Nelson Morales: el neurocirujano que le ha cambiado la vida a más de 1.000 personas en Ibagué

Su cirugía más larga tomó 10 horas seguidas. Para ello fueron necesarios 15 años de estudio y más de 2.000 páginas leídas. Esta es su historia.
Historias
Autor: Juan Esteban Leguízamo
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Juan Esteban Leguízamo
Nelson Morales: el neurocirujano que le ha cambiado la vida a más de 1.000 personas en Ibagué

Con 49 años de edad, Nelson Alberto Morales tiene por profesión cambiar vidas en Ibagué (practica dos cirugías por semana y ya acumula más de 1.000). Sus pacientes han dicho de él que posee unas manos mágicas y que lo suyo es ejecutar milagros.

Tal misticismo solo es posible si consideramos el universo complejo que interviene (cerebro y columna vertebral) y los regalos que han llegado a entregarle en muestra de gratitud: un arpa, bolsas de mercado, una gallina y hasta un armadillo. Esta es la historia de cómo llegó a ese destino.

Nelson decidió ser médico, a sus 17 años, a través de una película y por miedo a una guerra.

“Cuando estaba terminando bachillerato, era muy grave lo de la Guerra Fría y vi una película relacionada. Un día, con dos amigos, nos preguntamos: ¿si estalla una guerra nuclear qué vamos a hacer? ¿Quiénes serán los únicos con trabajo? Ahí obtuvimos la respuesta y ese día los tres decidimos estudiar medicina”, explicó.

Lo siguiente fue ingresar, con ellos, a la Universidad Nacional en 1989. Fue durante el tercer semestre que nació el deseo de estudiar las neuronas y el sistema nervioso central: esa compleja estructura que parece remedar al universo y las estrellas, pero en escala microscópica.

“Tuve la fortuna de pasar al presentarme a la especialización en el primer intento. Esa vez se presentaron 20 personas para un solo cupo, también en la Universidad Nacional en Bogotá”, indicó.

Sin embargo, una vez graduado, tuvo que seguir esperando. Aunque ya sumara doce años de estudio y hubiese comido mucho libro (más de 2.000 páginas), todavía no podía operar por su cuenta: cambiar vidas es un arma de doble filo.

“Uno se gradúa con unos conocimientos y un bagaje, pero hay cirugías muy complejas que como recién egresado son imposibles. Por eso, siempre se requiere de compañía y, al principio, de alguien que tenga más experiencia que uno”, dijo.

Y agregó: “Me atrevería a decir que son alrededor de tres años más de perfeccionamiento de la experiencia. Es decir, al final son unos quince años para practicar por completo la neurocirugía”.

Y no es para menos: un paso en falso podría provocar, por ejemplo, la pérdida de movilidad de la cintura para abajo o la incapacidad de respirar en el paciente, porque estamos hablando del sistema que nos pone en comunicación con cada trozo de nuestro cuerpo. Los riesgos siempre son latentes.

De hecho, intentando minimizarlos, esta es una ciencia que se actualiza con mucha frecuencia. 

“Los libros que leí en la universidad y que tengo en mi biblioteca están obsoletos, cada cinco años esto se va actualizando. He tenido el privilegio de inclinarme hacia la columna y la cirugía mínimamente invasiva, que es hacer lo mismo que aprendí en la universidad, pero a través de incisiones mucho más pequeñas para que haya menos daño en el cuerpo”, precisó.

Y es por eso mismo que ha asistido a congresos internacionales y descubrió otra vocación: la enseñanza. Nelson Morales abrió un canal de YouTube para publicar las cirugías que practica cada semana explicando en términos sencillos qué hace y por qué lo hace.

Además, creó un grupo en WhatsApp llamado ‘martes de neuro’ donde tiene agregados a más de 100 médicos generales de Ibagué.

“Busqué la forma de enseñar, así que le dije a una persona: tráigase un roscón y dos litros de gaseosa, convoque a 20 médicos generales y hacemos pedagogía. Al final surgió este chat de WhatsApp”, recordó, mientras cerraba los ojos y hacía memoria.

Esa experiencia acumulada durante 20 años en ejercicio lo ha llevado a ser el presidente del capítulo de columna en la Asociación Colombiana de Neurocirugía y, por supuesto, a ejecutar milagros.

Algunos pacientes dijeron de él que llegaban literalmente ‘torcidos’, pero luego de las intervenciones volvían a sentirse aptos y funcionales. Como aquel paciente de la cirugía más larga de su vida.

“Era un piloto de fumigación. A lo largo de su carrera tuvo muchos accidentes aéreos y eso lo llevó a tener varias fracturas en la columna. Al final, él no podía mirar al frente porque tenía el cuello doblado hacia adelante, como un garfio. A los anestesiólogos les tomó tres horas intubar y a nosotros siete horas intervenir la médula espinal. Por fortuna, el resultado fue muy satisfactorio, la alineación fue correcta, considerando que tenía el riesgo de perder la movilidad de las piernas”, manifestó.

Por esta razón, ha recibido regalos de sus pacientes (algunos más excéntricos que otros). En cierta ocasión le regalaron un armadillo en el Guaviare, en otra un arpa en el Meta y más tarde una gallina en El Espinal.

“Frutas, pescados, mercados. Es raro el día que no regrese con algo. Yo intento acumular en mi sala lo que me han dado y me llega al corazón”, sentenció Nelson Morales, el médico cambia-vidas.

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