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Martha y Jorge: la historia de un amor en ‘Duet’, que ni la muerte logró separar

Esta bicicleta los llevó a disfrutar de cada momento, aprender de cada tropiezo y apasionarse por cada recorrido.
Historias
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
Foto: Fotografías suministradas

Esta no es una historia de amor tradicional de esas que se encuentran en cada esquina, esta es una de las que mueven fibras, y más que eso, una digna de gran admiración y respeto.

Martha Peláez y Jorge Saavedra eran el mejor dúo de ciclistas que haya pisado tierras tolimenses, y no porque hicieran los más largos recorridos, sino porque estaban juntos en la misma bicicleta.

Si hablamos de marca, se trata de una ‘Duet Bike’ australiana, pero si nos referimos a su significado, fue la compañera de este inseparable par que, con trajes iguales, recorrió el país durante más de siete años.

Jorge siempre fue amante al ciclismo, incluso, compitió en grandes eventos internacionales. Martha, por el contrario, nunca se había subido en una de ellas.

“Él siempre montó solo, pero cuando llegué a su vida me enseñó primero en la casa a montarla y me acondicionó para salir a las rutas”, contó la mujer.

 Una vez estuvo lista, comenzaron sus travesías. La primera de ellas fue a nada más y nada menos que al municipio de Alvarado.

“Yo nunca me había montado en una cicla y menos para hacer una distancia como la de El Salado – Alvarado y Alvarado – El Salado, llegué muerta”, narró.

Desde ahí empezó a llevar el ritmo, no solo de la bicicleta, sino también el de su más grande motivador: su esposo.

“Me comencé a enamorar de la cicla. Hubo momentos muy difíciles y de mucha gratitud. Nos levantábamos todos los días a las 6:00 de la mañana, hacíamos pilates, ejercicios con pesas y con cicla estática, entre otros”, dijo.

Sin embargo, en ocasiones la vida suele darnos golpes tan fuertes que nos dejan tambaleando sobre el filo de un gran edificio, y lo que creemos perdido muchas veces se convierte en un motivo de fuerza para continuar de pie, como en este caso.

“Mi niño falleció por una de esas peleas de jóvenes, y cuando empecé las terapias de psicología por su muerte, él asistió conmigo y la doctora le dijo: ¿usted cree que esto le está ayudando a ella? Y él le dijo: no, yo sé que la terapia de ella es la cicla. Desde ese momento volví a retomar lo que veníamos haciendo”, indicó.

A partir de entonces, Martha, Jorge y la Duet volvieron a convertirse en uno solo. Por lo cual, empezaron a prepararse para hacer el recorrido más apetecido por los ciclistas: el Alto de Letras.

“Los entrenamientos eran bárbaros con él, porque era demasiado enfocado y disciplinado. Su amor por la cicla fue por sobre todas las cosas”, contó.

De hecho, en este proceso de preparación hicieron lo que se convertiría en su recorrido más largo: Ibagué – Melgar, ida y vuelta, “esa fue la distancia más grande y la que más disfrutamos. Conocimos muchísima gente en carretera y nos preparamos para subir a Letras”.

Su gran día

Llegadas las 8:00 de la mañana comenzaron su ascenso por el puerto de montaña más pretendido por quienes realizan este deporte.

Sus cuerpos llenos de nervios y emoción recorrían la carretera a su propio ritmo. El clima y el paisaje los deleitaban, y sus corazones iban al compás del pedaleó de sus piernas.

Aunque en su mente tenían previsto culminar el reto a las 4:00 de la tarde, se llevaron una gran sorpresa al ver el reloj que marcaba las 2:30 de la tarde, es decir, tardaron un poco más de seis horas en este recorrido hecho para valientes.

“Al llegar nos hicieron calle de honor y nos aplaudían, porque no fue nada fácil hacer este reto, pero lo disfrutamos, sobre todo él”, expresó orgullosa.

“No lo podíamos creer. En el camino dejamos gente regada, incluso, algunos muy preparados, y para él eso fue el logro más grande en Colombia conmigo ahí detrás”, agregó.

Y no, no es nada sencillo hacer un reto de esta magnitud, y muchos pensarán que aún menos para personas de la tercera edad, pero Martha y Jorge demostraron que esta es solo una excusa para que el calendario cobre sentido.

“Yo me le quitaba el sombrero a Jorge. Siempre le dije: tú eres un berraco (valiente), porque manejar una cicla como ésta con dos personas, nadie se le mide”, manifestó.

Un amor para siempre

A pesar de que realizaron muchos más recorridos, el Alto de Letras se convirtió en motivo de orgullo para ambos ciclistas, un trayecto con el que comprobaron aún más la fuerza de su amor y su pasión para alcanzar cualquier meta. 

“La cicla nos ayudó a disciplinarnos, a respetarnos y valorarnos. Yo jamás había montado sola en una cicla, pero aprendí a disfrutarlo, y que si a él le gustaba yo le copiaba. Quería demostrarle que todo el entrenamiento que hizo conmigo no fue en vano, y a mí me daba más alegría por él. Y subir a Letras fue su satisfacción”, indicó.

Aunque el tiempo de Jorge en la tierra terminó el 24 de diciembre del 2020 a causa de un infarto, logró dejar en cada persona que lo conoció un rastro imborrable, y, sobre todo, para su esposa quien en vida lo adoró y lo admiró como lo que fue, es y será: el amor de su vida.

La tristeza y el dolor acompañan los días de la valiente mujer, aferrándose a los recuerdos de su historia de pasión inquebratable para sobrellevar el vacío que dejó la presencia de este hombre en su hogar. 

Por el momento, la Duet permanece guardada en el garaje, a la espera de que Martha pueda recobrar sus fuerzas para seguir construyendo su camino en ella. 

“De él me queda su amor, su entrega, su sacrificio, su apoyo para ayudarme a salir de la prueba que el señor me había dado, y su recuerdo como un hombre espectacular… único”, concluyó entre lágrimas.

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