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El testimonio de una ibaguereña que con determinación le ganó la batalla al cáncer

Este es el rostro de una mujer que vive para ayudar a quienes pasan por una situación similar a la que ella pasó alguna vez.
Historias
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
Rocío Castro, una admirable mujer, quien logró ganar la batalla contra el cáncer de mama.
Foto: Suministrada

Vale la pena luchar por la vida. Aunque haya que enfrentarse a la prueba más dura, hay que tener esperanza y confianza en Dios”

Con este mensaje en su mente se despertaba cada mañana

Su testimonio

El nacimiento de su hija Sara trajo consigo la mayor felicidad para Rocío, ya que no solo era su primera hija, sino también quien se convertiría en su más grande compañera de vida.

Aunque su alma se encontraba completa, años después una parte de su cuerpo comenzó a darle señales de que algo faltaba.

“Cuando tuve a mi hija no lacté por algunos problemas que tuve. Entonces creo que esa leche se aposentó allí y comenzó a salir ‘agua sangre’ por el pezón. Y yo tan descuidada decía: bueno, debe ser porque no lacté y hay residuos. Pero esa irresponsabilidad de uno como mujer de siempre buscarle peros a las cosas y no darles un sentido científico me trajo consecuencias”, contó.

Así pues, los dolores comenzaron a ser más frecuentes cada día. Por lo cual, decidió realizarse una galactografía y allí, hace 20 años, “encontraron un ‘ramito de uvas’ debajo del pezón que se le conoce como un papiloma. Y eso era lo que se reventaba con la presión y sangraba”.

A raíz de esto, fue enviada al cirujano para que le realizaran una intervención y así removerle el tumor. Luego de la cirugía, pensó que su seno estaría igual que antes, pero la biopsia arrojó un resultado que para Rocío se leyó como el final de su vida: carcinoma in situ grado tres.

“Eso fue difícil, doloroso y terrible, uno siente que la vida se le acaba y que ya no hay un mañana. Afortunadamente, conté con un médico cirujano excelente persona, el doctor Londoño, que me dijo: Rocío yo a usted le aseguro que se muere de cualquier cosa menos de eso, porque el tumor tiene un apellido que se llama ‘in situ’, eso quiere decir que no se ha movido para ningún lado”, expresó.

Su mente encontró nuevamente la paz. Aquellas palabras la habían traído de vuelta a la calma. Una mastectomía (extraer todo el tejido mamario), era el próximo paso a seguir para continuar con el tratamiento.

“El doctor Arboleda me realizó ese procedimiento porque él trabajaba haciendo reconstrucción de senos, en ese entonces. Y, efectivamente, fui, me la hice y me convertí en la segunda mujer a la que se le practicaba esa intervención en la ciudad de Ibagué”, indicó.  

Su familia, su hija de cinco años, sus amigos y su Dios eran el motivo para conseguir ganar la batalla a la que se enfrentaba. Dio inicio a una de las etapas más difíciles que las guerreras y guerreros viven por luchar y luchan por vivir ante esta enfermedad: los tratamientos.

“Hubo algo que yo pensé que me iba a dar muy duro y que creo que muchas mujeres, sobre todo, se enfrentan a eso y es el miedo a perder el cabello, a perder las cejas y las pestañas, pero a mí eso nunca me preocupó”, dijo orgullosa.

Una visita a su hermano en Neiva la impulsó a dar ese paso que, aunque no le temía, su vida tambaleaba al pensarlo.

“Cuando llegué me dijo él: mijita, al mal tiempo démosle prisa. Y cogió unas afeitadoras, me rapó la cabeza y me compró unas diez pañoletas de todos los colores, olores, formas y tamaños”, puntualizó.

Luego de lucirlas durante un tiempo, se dio cuenta de que si gente se rapa por moda por qué ella no podría deslumbrar a todo el mundo con su calvicie, que representaba la marca de la guerra contra una terrible enfermedad.

Tras cuatro ciclos de quimioterapias, continuó su tratamiento con 35 radioterapias (tres meses aproximadamente), las cuales le fueron realizadas en el Hospital Federico Lleras Acosta.

“Allí conocí excelentes personas y profesionales, quienes me ayudaron mucho en lo que fue todo este proceso de enfrentar la enfermedad y no decaer”, señaló.

Así fue como esta valiente guerrera, con determinación y motivación, logró vencer a un enemigo que se encontraba oculto en su interior, y no solo batalló contra él, sino también contra sus ganas de renunciar a vivir.

“Después de recuperarme empecé a tomar la vida suavemente, porque ya había tenido esa experiencia en la que sentí que la vida se me iba en un momento y me di cuenta de que uno no puede vivir en angustias, disgustos y peleas”, manifestó entusiasmada.

Comparte su experiencia de vida con otras personas

Actualmente, Rocío Castro es directora de una fundación sin ánimo de lucro llamada ‘Prodihogar’, en la que brindan refugio a personas con cáncer que se encuentran en una situación como la que ella vivió hace un par de años. (Ver: La fundación que brinda refugio en Ibagué a pacientes de cáncer procedentes de diferentes municipios de Colombia)

También, dicta capacitaciones para que mujeres y hombres puedan detectar el cáncer a tiempo, ya que este es curable si es descubierto en su fase inicial.

“Nosotras, sobre todo las mujeres, tenemos en nuestras manos detectar el cáncer a tiempo haciéndonos nuestros análisis cada dos o tres días, tocándonos el seno en la ducha o antes de levantarnos y aprender a conocernos. Los hombres también tienen que hacerse chequeos con frecuencia”, indicó.

“Y no solo eso, la mente también es muy poderosa. Si tú te mentalizas que te vas a morir y no te vas a curar, con toda seguridad lo vas a hacer. Pero cuando tienes la certeza de que puedes luchar y que vas a salir adelante, lo consigues”, concluyó.

Este también es un homenaje para todas aquellas personas que luchan esta guerra con dolor, esfuerzo y amargura. El cáncer no es una sentencia de muerte, es una sentencia de vida que te empuja a vivir. ¡Ánimo!

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